Manuel Acosta Ojeda / Héroes Bizarros 404

GRANDES DEL CRIOLLISMO (XI)

Manuel Acosta Ojeda:

EL TROVADOR DEL PUEBLO

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

El compositor y escritor Manuel Acosta Ojeda (Lima, 16 de marzo de 1930 – ibíd., 20 de mayo de 2015) sigue vigente en la memoria genuina del arte popular. Su trayectoria como compositor y poeta brilla en un firmamento actual y oscuro en el que vive nuestra música criolla. Pero gracias al programa El Heraldo Musical por Radio Nacional y la tenacidad de su hija Celeste todavía hoy sabemos que aunque no esté de moda, nuestra identidad se mide con una aguerrida defensa de la música criolla y andina.

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Cuando Manuel Acosta Ojeda cantaba nos obligaba a viajar a las esencias más profundas de la música del Perú. Pero era limeño, de los barrios populares, de la frase inspirada, del chicotazo de humor. Cuando Manuel Acosta Ojeda componía traía al cancionero nacional la síntesis de ese país convulso del cual estaba enamorado y simultáneamente le quería ajustar las clavijas. MAO –sus iniciales—fue un intelectual completo porque tenía esquina y lecturas. Fue hijo de peluquero de Miraflores pero palomilla de Surquillo, personaje de Julio Ramón Ribeyro y poeta del asfalto. Para entender al Perú de hoy hay que comprender al MAO de siempre, su voluminosa capacitad para ser un juglar de jaranas y un cantor de romántico de los amores más fieros y vigorosos.

Celeste, la hija de Acosta Ojeda me cuenta que su padre es un tipazo. Lo dice como si estuviese vivo y recalca que era un hombre de a pie, con un finura poética que embriaga y a su vez, era un luchador social pidiéndole cuentas a los gobernantes. Celeste es la conductora en solitario del programa El heraldo musical que se difunde por Radio Nacional a la 9 de la noche y que empezó en tiempos del presidente Paniagua y acaba de cumplir 15 años. “Soy soltera pero no fanática” me dice con aquella picardía heredada de MAO. En aquel tiempo lo acompañaba en la producción y dirección de los programas Fin de Semana en el Perú y El Heraldo Musical de los Andes. Ahora está recordando que por sus espacios desfilaron todas las figuras de la música peruana y fue y es la verdadera tribuna de la tradición y le mestizaje cultural.

Cuando MAO cumplió los cuatro años su padre lo matriculó en la escuela fiscal 446 de Miraflores.  Luego pasaría al colegio Salesianos para terminar su secundaria en el colegio Eguren de Barranco. Lima ingresaba a la modernidad y los barrios mesocráticos formaban sus fronteras. La familia vivía al costado de la iglesia de Miraflores, calle Lima 316-318. Ahí mismo quedaba el local de la “Peluquería Acosta Hermanos”, la única que había en Miraflores. Su padre que fue casi un sabio era el peluquero de moda y en su establecimiento se instaló  el único teléfono comercial de la zona, el 266. Ese era un lujo y el joven Manuel grababa como era ese desfile de clientes, gente de buenos apellidos pero que tenían que someterse a los rigores clasistas de su padre.

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Celeste sigue hablando de su padre que si estuviese vivo y que en cualquier momento pasará a sentarse a la cabina de Radio Nacional: “Una vez un amigo dijo que el programa parecía un museo. Yo me molesté y le conté a Manuel  y él me dijo que agradezca el cumplido porque en los museos vive la historia. Ahora sé que el programa no solo abarca a las personas de edad sino que es un puente entre lo viejo y lo nuevo. Y cierto que la música criolla no goza hoy de buena salud y Pinglo sigue siendo ese joven que le compone a los trabajadores y no pasa de moda. Pero en las emisoras comerciales solo se privilegia los temas anecdóticos o aquellos que no salen de “Víbora”, “Tronco seco” o “La rosa del pantano”. Sí pues, no queremos mucho a lo criollo en esta época”, me cuenta.

Acosta Ojeda sabía que la música servía para emocionar pero también para amotinar. Y recordaba que el presidente Benavides en1939 prohibió siete canciones de Felipe Pinglo Alva creyendo que las letras eran del líder aprista Haya de la Torre. El plebeyo, La oración del labriego, El canillita, Pobre obrerita, Jacobo el leñador, Mendicidad y Aldeana estaban censurados.  Así  Pinglo se convierte a la resistencia porque conmueve,  aún siendo católico y viviendo en Barrios Altos y ante dos mil callejones con Virgencitas y Corazones de Jesús, le dice a su Dios: “Señor, por qué los seres no son de igual valor”. Entonces MAO fue la continuidad y la vitalidad de los humildes.

Hasta el año pasado leíamos a MAO  en sus colaboraciones semanales para el suplemento “Variedades” del diario “El Peruano” y  la Universidad San Martín de Porres publicó lo que sería su último libro: “Aportes para un mapa cultural de la música popular del Perú”, una severa investigación que sorprende por la cantidad y variedad de géneros musicales que existen en el Perú y que muy pocos conocen. Marino Martínez Espinoza, músico y director de Yaku Taki (Centro Documental de la Música Tradicional Peruana – Región Cajamarca) publicó un estudio “Manuel Acosta Ojeda. Arte y sabiduría del criollismo” (2008, ENSF José María Arguedas) donde uno encuentra el perfil y la filosofía de Acosta Ojeda quien no dejó de bregar por la construcción de un mundo justo y digno, con libertad y justicia social que esa fue la esencia de toda la obra y la prédica vital de nuestro compositor.

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Manuel Acosta Ojeda cantando con Abelardo Vásquez

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En el estudio de Martínez Espinoza está el testimonio de Acosta Ojeda sobre por ejemplo su cercanía con el también desparecido músico peruano Carlos Hayre: “En el año 1947 conocí a Hayre. Yo tenía 17 y él era menor que yo, pero ya tocaba la guitarra muy bien para esa época. Entonces las radios pasaban mucha música buena, aunque no todos tenían una radio, a diferencia de ahora. Eran aparatos altos, inmensos, que más parecían un “friobar”. Cuando se escuchaba música limeña no eran los Áscuez, ni los Govea: Eran Las Criollitas, por Radio Lima, Radio DUSA, RadioGoycochea, que después fue Central. Después se escuchaba al Trío de Arévalo, Rosa y Alejandro Ascoy; aún no aparecían Las Limeñitas, eso fue por el 46. Después vienen las antiguas solistas como Rosa Pasano, Esther Cornejo; luego aparece Jesús Vásquez, hacia el 38; Delia Vallejos. Esther Granados sale hacia el 43. Era una suerte porque la gente no sabía de rating; nadie quería ser súper famoso, simplemente trataban de hacer lo mejor de lo que conocían. Se hacía habaneras, tonderos, mazurcas, valses. Se escuchaba buena música. Además de esto, como casi toda la gente que tenía radio era gente de dinero, se escuchaba mucha música académica o docta”.

Acosta Ojeda en este testimonio nos retrata cómo eran aquellos años cuando se inicia la “Edad de Oro” de la música criolla. Hoy el acervo del criollismo musical está herido de muerte. MAO lo sabía, que a la programación y conducción de los programas de radio y televisión, le sumaron la supina ignorancia, la improvisación y la carencia del control de calidad. Por ello sus valses de contenido poético y vanguardista nadie los reclama. Salvo su tema “Madre” que es un himno para cantarlo en los colegios en el Día de la Madre, a nadie se les ocurre difundir los otros temas que exploran en la sensualidad y dulzura de un poema hecho canción. Hay pues un privilegio por militar en la  llamada “estética de lo grotesco” a decir del sociólogo brasileño Muniz Sodré en su libro Reinventando la cultura.

Cuando Celeste Acosta toma las riendas del espacio “El heraldo música” sabe que está luchando contra los peores enemigos, esos de la improvisación y la “viveza”. Entonces surge el refuerzo de MAO que es ejemplo y proyección. Entonces aparece el luchador social, el estudioso que quiere entender el trajinado Perú, el autor auténtico y culto que sabe que lo popular es lo más valioso y vigoroso de una país desarticulado pero hermoso. Y dice Celeste: “Nosotros siempre quisimos difundir para los jóvenes aquello que es lo genuino, lo verídico y lo auténtico.  Y ese nivel es el menos difundido en otros programa criollos. Lo andino no hay que defenderlo mucho porque ese es un manantial eterno, es música construida por siglos de siglos, es mestizaje también y es una fuerza telúrica inagotable. A lo criollo ya lo han matado tantas veces”.

Manuel Acosta Ojeda es el emblema vivo del criollismo así haya fallecido hace un año, un 20 de mayo del 2016. MAO es un reto y una provocación constante. Nadie como él para la creatividad y el ingenio. Nadie como él para entender los reclamos populares y también el gozo. Nadie como él para ser eterno poeta, imperecedero trovador de su tiempo, un poeta al que extrañamos cada día más.

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Manuel Acosta Ojeda y Luis Abelardo Takajashi Núñez.

LA ÚLTIMA ENTREVISTA

El 20 de marzo del 2015 el periodista José Vadillo entrevistó a Manuel Acosta Ojeda. Está sería la última entrevista que ofreciera nuestro compositor quien muriera días después. Fue publicada Diario Oficial El Peruano el 8 de abril de ese año.


Ya tiene la voz cansada, los pasos débiles, pero su mirada del mundo es más lozana que la de un mocoso que manipula videojuegos en línea. 
Es momento de hablar de “Aportes para un mapa cultural de la música popular del Perú”, los ensayos de este gran maestro que acaba de publicar la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de San Martín de Porres, para más señas.
Criollismo, cambio y PingloSi hablamos de cambio, la música urbana costeña o criolla ha sabido de transformaciones en estos poco más de cien años que tiene de vida, desde que nació a fines del sigño XIX en los callejones de doble “p”, por pobres y populares, que engendraron el “vals criollo”. 


Manuel Acosta Ojeda (MAO) da unos brochazos de esta historia: pone al dúo Montes y Manrique –los primeros en registrar en un disco música peruana en 1911– como los que iniciaron el cambio en la música criolla, con “otro cantar, otro estilo y melodía”. Llegan compositores como Manuel Covarrubias y Alberto Condemarín. 
Para los treinta, el asunto se radicaliza con la aparición del tocadiscos y el tango de gauchos obnubila las costas peruanas. “Y, heme aquí, se fusiona con el vals. Pero con tanto cariño, que no deforma”, aclara.
Sin embargo, no se puede hablar de cambios sin Felipe Pinglo Alva, “el Felipe de los pobres”. “Para 1928 o 1929 es el único con condiciones para realizar los cambios armónicos, pero no apareció genial”. 


MAO ha estudiado al maestro Pinglo. “Él tuvo tres etapas: aparece en 1917 sin innovación; para la segunda etapa hace varias modas como el foxtrot, pero todavía sin armonía. En un reportaje que le realiza ‘el negro Castillo’, le hace notar la influencia argentina en sus valses, Pinglo se molesta y, no obstante, ya entra al aporte que ninguno de su época pudo lograr”.
Cuando en 1932 Luis Sánchez Cerro manda bombardear Trujillo para aplacar la rebelión encabezada por los apristas, los asesinatos extrajudiciales causan gran conmoción; Pinglo se indigna, pero como no puede mandarse contra el gobierno sanchezcerrista, la arremete contra Dios.


–”Y la pregunta final de ‘El plebeyo’ que nunca ha sido contestada, más que pregunta es una imprecación: ‘Señor, ¿por qué los hombres no son de igual valor?’. Es fuerte”, dice MAO.
–Es otra de las preguntas fuertes que nos marcan, como la de Zavalita en “Conversación en La Catedral”: “¿Y cuándo se jodió el Perú?”.
–Ja, ja. Sí, claro, son de diferente tono, pero con el mismo fondo. En “La oración del labriego”, Pinglo pide respeto al campesino que nos da de comer y trabaja tierra ajena. Es una bofetada a los ricos.–Por eso las canciones de Pinglo fueron prohibidas en su tiempo…
–Sí, en el 36. “La oración del labriego”, “El plebeyo”, “Mendicidad”, “La obrerita” y “Jacobo, el leñador”, además de un tango que se cantaba mucho, “Dios te salve, mi hijo”, sobre un joven provinciano que va a la capital para votar y los caudillos le prometen… Es una hermosura.
Avanzamos con la historia de la música criolla. MAO señala que 1950 es importante con la aparición de Los Embajadores Criollos; al año siguiente se crea la primera fábrica de discos en el Perú, que se dedicó cerca de siete años a registrar solo “criollo y serrano”. “Hasta que entra Mario Cavagnaro, a quien no le interesaba el sentimiento, sino la plusvalía, y trajo con toda su fuerza al mambo y el rocanrol”. A pesar de ello, la música peruana resiste y persiste.
Por último, llega otro “boom” de la música criolla con el gobierno de las fuerzas armadas revolucionarias, en 1970, cuando aparece “una ola de nacionalismo”. “Yo y parte de la izquierda estuvimos en contra de Velasco, pero me arrepiento; si hubiéramos apoyado el proceso cuánto hubiese cambiado el país, cuánto habríamos avanzado…”, refiere.
¿Afroperuano?A MAO le saca roncha esto del criollo como sinónimo del pendenciero, tramposo, de lo hecho a la ligera. Para él, criollo es lo “no nativo”, lo “no autóctono”, y criollo también es, como género mestizo, ”el huaino, la chuscada, el yaraví, el toril y el changanakuy”, valga la aclaración.
–Usted no usa el término afroperuano, tan de moda entre nosotros los periodistas…
–La música afrodescendiente es el equivalente al “rock” para las clases más pobres. En verdad, la música es afrodescendiente. No es música negra ni tampoco afroperuana, porque sería la mitad de cada uno.
MAO enumera los distintos tipos de tocar cajón que se han perdido; el toque de Cañete era distinto al de Chincha, o al de Zaña, si empezamos por el norte. “Ya se perdieron esos toques”, afirma con pena.
–Pero el zapateo parece tener hoy nuevos bríos…
–Todo el zapateo de Lima no es peruano, viene del “tap” de Fred Astaire. El verdadero zapateo es del sur, de Ica, hasta Acarí, pero es zapateo serrano, se hace con la planta (del pie), como en Huancavelica o Ayacucho, y con violín, como en el huaino. Por eso, cuando Miki González dice: “Ahí está la música negra pura…”, será “pura sierra”.
–¿Y la salsa criolla, hoy casi de moda, qué le parece?
-Bueno, es una fusión y seguirá cambiando. Pero hay cosas que no pueden cambiar. Umberto Sotomayor creó el “valzón” y nadie se acuerda; Cavagnaro creó el “cajontumba” y se lo llevó a la tumba. El huaino cusqueño, apurimeño, cusqueño, ayacuchano no aguanta lo malo.
Actualidad–¿Qué le parece el borrado de los murales del Centro Histórico?
–Va con el temperamento del alcalde Castañeda. Él es práctico. No tiene nada de artista. Y el pueblo no protesta porque lo estamos animalizando; ya no interesa el buen cine, ¿quién va a ver una exposición en la galería Pancho Fierro? La pésima música que pasan las radioemisoras, los pésimos programas de televisión, son culpables de todo.
–En Chile se ha aprobado una ley que establece que el 20 por ciento de la música que se pasa en la radio debe ser de autores de su país. ¿Es indispensable una ley así en el Perú?
–Pienso que será muy interesante en Chile, pero acá la gente es lumpen. Si sale una ley que obliga a un 20 por ciento, las radios, que son las “barras bravas”, van a romper vitrinas, van a hacer vandalismo. Acá la educación hay que recuperarla con mucho tino, con mano de hierro pero con guantes de seda.–Se trabaja en aumentar el número de horas de enseñanza y mejorar la calidad de los docentes…
-Justamente, lo que falta acá es educación, porque tenemos enseñanza. Entonces vemos la incongruencia del muerto de hambre que es hincha de los ricos, pero que no tiene para comer. Si todos los partidos políticos quieren a los pobres, ¿por qué no se juntan y luchan por los pobres?
–¿Y cómo ve el bicentenario, al Perú en el 2021?
–En primer lugar, no voy a llegar… Pero lo veo en retroceso, porque lo poco que debe hacerse, ante lo que quieren hacer Ollanta y su esposa, y no soy ollantista, inmediatamente se les vienen con todo.
–Pero es año preelectoral y es natural esta actitud le dirán los que hacen “marketing” político…
–Por eso le digo que la educación es lo principal. Mire, que peleen los de la “U” y Alianza tiene un sentido animal; pero que peleen entre chicos de una misma barra, ¿tiene algún sentido?–¿Y quién tiene la culpa?
–Los psicólogos, porque ellos saben qué nos está pasando, ellos saben cómo la música, el baile, las calatas… influyen. Y el gran patrón sigue siendo el dinero. No hay valiente que se le enfrente. No hay Superman o Batman. El dinero compra ministros, presidentes, congresistas, curas, jueces…, compra todo, salvo rarísimas excepciones. El cura que trabaja aquí, en la esquina, Gustavo Gutiérrez, es un gigante, carajo; o el juez César San Martín. ¿Ve? Son contados…
Nos extiende la mano. Nos quedan como esperanza sus versos de “Canción de fe”, un tema inspirado en el “Masa” vallejiano. “Yo creo que algún día / la espina se hará rosa / y se hará luz la duda / y el hambre se hará pan.”

Publicado el viernes 13 de mayo del 2016 en VARIEDADES.

Publicado en Cangrejo Negro / Eloy Jaúregui | Deja un comentario