EL AMOR EN LOS TIEMPOS DEL PRIMUS

EL PRIMUS:

EL FOGÓN DE LA TERNURA.

Una historia del Primus. La cocina que remplazo a la leña y el carbón. Fogón primero que tuvimos en la casa. Una maravilla práctica, aunque reventemos de tizne.

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

1.

El primus de mi casa tenía tres fuegos. Uno para cocinar, otro para que no me dé la tos y un último para calmar el furor de mis hermanas. El primus había llegado antes que la cocina a kerosene. Y no habrá mejor arroz granado que ese de su única hornilla. Hornilla que como a himen de virgen, solo admitía una aguja mágica que desfloraba los restos del hollín de su delicada boquita. El primus remplazó al carbón de el fogón de mi casa. Tiznaba menos, y para nuestras familias recién llegadas de Arequipa, era una suerte de lujo del pobre ahí donde solo el amor doblegaba el hambre.

Mi madre inventó el Chupe de piedras, ya lo dije. Una suculenta sopa que hervía toda la tarde luego de regresar de la playa de Agua dulce cargados de arena, muy-muys y piedras. Entonces el primus entraba en acción en coalición con una inmensa olla Récords de 5 litros de fondo. Piedras, crustáceos y el saldo de verduras, se integraban a un denso consomé que en matiné se iba caldeando a partir de las cinco de la tarde (la hora que mataron a Lola), antes de que en la radio suenen los programas de rock and rolls y el espacio de pasillos que mi padre escuchaba ido y a punto de la erección.

He leído que el bendito primus llegó al Perú en la tercera década del siglo pasado y jugó un rol primordial en la vida familiares de los nuestros. Un tango se escuchaba en ese entonces. Sus estrofas hablan de “El bulín de la calle Ayacucho”, cuando dice:  “el Primus no me fallaba, con su carga de aguardiente; y habiendo agua caliente…etc.” Raro, que no figure en algún valse o aire folclórico. Las músicas populares resultaban siempre las grandes crónicas de la época. Los vi, al primus primero, en casa de unos compadres de mi padre en El Callao. En el Jr. Gamarra donde unos tíos celebraban la vida hasta desmayarse.

2.

La historia cuenta que el primus no es cocina sino hornillo y que fue el primer quemador para cocinar de querosene a presión que se le realizaba mediante una pequeña bomba manual. Dice más. Que fue desarrollado en 1892 por Frans Wilhelm Lindqvist, un mecánico de una fábrica de Estocolmo, Suecia. “El hornillo se basó en el diseño de los sopletes de querosene a presión; en su patente, Lindqvist protegía el quemador que colocó en la parte alta en lugar de hacia el exterior como en el soplete. El mismo año, Lindqvist se asoció con Johann Victor Svensson para crear la Fábrica de hornillos de querosene de J.V. Svensson (J. V. Svenssons Fotogenköksfabrik) para la fabricación de las nuevas cocinas, que se vendieron en todo el mundo bajo la marca Primus.​ ​Entre los productos más destacados de Primus , están las cocinillas de campamento multicombustible (querosene, gas, diésel, bencina blanca, parafina), faroles, calefactores, linternas, tiendas de campaña, ollas portátiles y parrillas”.

El primus nos acompañó desde aquel tiempo. No había fiesta, cortapelo, bautizo o velorio donde no estaba presente el primus. Nuestras vidas transcurrieron alrededor de él.  Y aunque su humo jodía cuando la boquilla estaba sucia. nos brindó su calor, cocía troncha o hueso y uno chapaba utopías, planes, esperanzas mientras se calentaba el agua para el té, para la infusión o la leche derramada que jamás será olvidada. Casa que computara casa debía tener su primus, y si eran dos, mejor. Hablaba entonces del confort y la trepada social.

En la casa de la abuela Rosa y del abuelo Luis, el primus empezaba a trabajar desde la madrugada. Ahí se preparaba el famoso café a la olla, que lo he tomado también en varios restaurantes de la Feria del Libro den Guadalajara. Así su fama internacional no acepta dudas. En Surquillo, la vena arequipeña hizo que la tradición gastronómica de los pueblos del sur, mantengan su vigencia, gracias a la maña de mi madre luego, el esmero de mis tías y al rendidor primus.

3.  

En casa, la importancia del primus solo se comparaba con la radio Philips de 4 bandas con FM y AM, con onda corta y acabados de madera (Pero esa historia la cuento otro día). Así, su valor este, solo se comparaba con el sabor y sustancia. Aquel inmarchitable sabor de los chupes de mamá. Aquellos sancochados de papa. Las humitas, los tamales, los adobos, los rocotos rellenos, la malaya y los costillares, el soberbio chupe de camarones. Porque fuera de cualquier filosofía, en casa, el acto de cocinar, era una materia ética. Un pacto poético entre el existir y el vivir (comiendo). Un reto entre lo crudo y lo cocido a la manera de Claude Lévi-Strauss.

Pero cuando el primus adquiría valor superlativo era en las fiestas de los sábados que en mi hogar se organizaba por quítame estas pajas. Y justo los sábados el primus adquiría categoría de rebelde. Entonces, resentido por el uso desmedido, se negaba a encender. Así, prender el primus resultaba una auténtica proeza. El querosene era vital pero el alcohol de quemar para prenderlo jugaba ese momento especial. El alcohol debía inundar delicadamente la canaleta circular que rodeaba el mechero para lograr el punto de temperatura y así se bombeaba el kerosén y del mechero aparecía mágica una hermosa llama azulada.

El primus no solo estuvo en mi hogar. Luego lo vi en las carretillas del barrio para la chanfainita, el pescado frito, los picarones. Lo de las cocinas a gas o eléctricas fueron luego. En las casas humildes, de clase media y hasta de los blancos pobres el humilde primus lucía protagónico su estructura sobre mesas o piedras. Un titán en las cocinas del Perú que suplió con creces las cocinas de leña o carbón y porque cocinaba más rápido, no intoxicaba tanto y ya lo dije, junto al corazón de Jesús, nos redimía de los pecados veniales, calentaba el guargüero y aumentaba el calor total de nuestras ternuras.   

Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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