Chavela Vargas / Héroes bizarros 203

Chavela Vargas:

Es tan corto el amor y tan largo el olvido

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

No solo en Ciudad de México, hoy sigue siendo la voz de las cantinas y antros latinoamericanos donde se incentivan los amores alcanforados, y a pesar de que falleció a los 93 años en el 2012 en la finca de Cuernavaca en México, pues parece que sigue viva. Y con el recientemente estrenado documental Chavela Vargas en Netflix, la figura de la mítica artística ha retornado con todo su vigor. María Isabel Anita Carmen de Jesús Vargas Lizano –que así se llama esta doña– había nacido un 17 de abril de 1919 en el barrio San Joaquín de Flores, en Heredia, Costa Rica. Y allí está esa mujer, artista hasta sus forros, lesbianas hasta sus cachas y que iba en contra de toda regla, que amaba a su antojo y expresaba a través de la música y la bebida la pasión que albergaba y quemaba su interior.

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1.

Desde que se murió Chavela Vargas no me dan ganas de escribir. Me apetece escucharla, saborearla, patrullarla. Tengo sus vinilos, unos casetes, un video pirata y un par de CD. Tengo pena y tengo sed. Entonces los lunes por la mañana, en ayunas, que la oigo y guardo una botella de tequila sola para oírla en HD, que así se dice ahora. Y la veo en ese concierto famoso de 1992 en el Palacio de Bellas Artes en el mero México. Y la señora que es de otro lote. Canta como la capitana de un burdel y de su voz salen las putas más lindas cantando también sus amores. Y no es mexicana pero le vale madre porque es del planeta mexicano que cada uno tiene en los testículos. Y es un demonio y es angelical.

Y todo esto y aquello que me regresa a mi estado líquido. Porque he visto el documental Chavela Vargas de las realizadoras Catherine Gund y Daresha Kyi. En la cinta, a través de una serie de entrevistas hechas tanto a ella como a algunas de sus amantes, así como a partir de fragmentos y fotografías que han permanecido fuera del escrutinio público, le dieron forma a este trabajo documental que se estrenó hace unos días.

Chavela Vargas Es un ser de armas tomar; así dicen aquellos que la conocen de a oídas. No obstante, esos privilegiados que han visto tocado su corazón y que la han escuchado decir que no hay mayor gozo que el sufrimiento y que en el último canto nos vamos, aseguran que su voz es el himno de los sueños imposibles. Es decir, que sólo se canta cuando el amor pega de gritos y éstos amotinan el espíritu. Y vamos que la dama tuvo su edad, aquel que no tiene ni entiende de tiempos.

Yo escribí para El Comercio de Lima una nota donde contaba de sus hazañas. Y luego agregué que desde el Zócalo de México, el 24 de octubre  del 2011, apareció corajuda y sensual con su energía a cuestas para anunciar que ya estaba terminado un CD-libro en homenaje al poeta granadino Federico García Lorca. Y esa vez no dije de su edad, pero de esta producción “Luna grande”, Chavela nos pegó un adelanto en medio de XI Feria Internacional del Libro y confesó que durmió con el poeta la vez que ambos confluyeron en la Residencia de Estudiantes de Madrid ad portar de la Guerra Civil española.

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2.

Y es que Chavela no deja de sorprender y tenía todas las edades de los romances contrariados. Hablaré en presente como le gusta a mi maestro Hugo Neira cuando uno vela a sus muertos vivientes. Chavela es esa voz que se reaviva con las generaciones; voluntad para vivir como le da su regalada y republicana gana. Y su herencia está ya contenida en sus discos. Así, representa el México ha pedido. Ella canta y el planeta la acompaña. Ver su libro: «Y si quieres saber de mi pasado». Madrid: Aguilar, 2002.

Y la entrevisté hacía un tiempo. Esa vez que me cantó y me dejó con su dulce veneno adentro del corazón. Entonces me aseguró que sacó la música mexicana de las cantinas y las metió en las universidades. Así, los terrícolas que la hemos oído con su “Macorina” o “La bien pagá” o “Somos un sueño imposible”, y no podemos estar ajenos a la eternidad. Por eso su canto hipnotiza la sustancia viva de los genes erectos. Y que se calle Joaquín Sabina que es su ahijado pero vamos que es de izquierdas. Y por eso hoy te meten preso.  Sabina, aquel romancero de las almendras amargada del celo, que la hizo su diosa sonora, como Almodóvar la convirtió en su virgen de sus claroscuros del deseo.

Que es leyenda como lo es la Doña, sí, María Félix y aunque nació en Costa Rica, el México de pólvora e hiperrancheras la hizo suya. Y Chavela que se toma otra copita de ese brebaje azul, mezcal o tequila, entona como salmo divinos: «Me cansé de rogarle, me cansé de decirle, que yo sin ella de pena muero…». Y uno sabe que esta mujer no diferencia de la vida y de su muerte. Que era atea gracias a Dios y no pertenecía a ninguna escudería política, religiosa o sexual. Entonces para vivir cantaba, con los ebrios y desesperados. Y entonces era un clavel encarnado de putería regia y su pecado.

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Chavela Vargas y Frida Khalo

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Y uno que se enamora como un poseso de los mitos –y éstos casi siempre matan— de pronto fue mejor verla como a los toros con trapío, desde bien de lejos. Y yo recuerdo que más me enamoraba de la dama cuando decía que ella era un desafío a Dios y al Diablo. Que fue una oración del infierno a la que la llevó el trago y como dice Juan Cruz, el maestro de España, que toda esta vaina es: “una denuncia de los apóstoles borrachos que nos hicieron creer cosas que Cristo no dijo. Cuando ya sabía que lo que dijera se escucharía con ella del otro lado, anunció que “muchos hipócritas” la irían a llorar. Y a todos les dijo: “Que me recuerden como les dé la gana”.

Yo la estoy mirando en la Plaza Garibaldi en Ciudad de México,  Chavela asistía a la presentación del libro: «José Alfredo Jiménez, Cancionero Completo». Habían filósofos de tabernas, doctos del aserrín y metafísicos de “la última y me voy”: Y mientras se ensayaban apotegmas e antítesis, el respetable pidió a Chavela. Y ella que más quiso. Entonces la invadió el alma de Pedro Infante y el karma de Jorge Negrete. Y que le sirvan una copa y muchas más y que le sirvan de una vez pa’ todo el año, que se pensaba seriamente emborrachar, cierto de cariños sin ponzoña. Porque Chavela no se callaba nada.

Chavela que casi adelanta su partida y se nos muere en San José hace un tiempo, dizque afectada por una polineuropatía, resistió 45 años de parranda continua. Y reapareció más bella y más agarrada de coraje. Y luego, se mató de vida plenas ese 5 de agosto del 2012 tras  ser internada con problemas respiratorios y cardiacos, desde el pasado 30 de julio en un hospital de nuestro Cuernavaca, cerca de su casa de Tepoztlán. Allí donde vivió sus últimos años. Y no quiso que la toquen los médicos: “Yo no me voy a morir porque soy una chamana y nosotros no nos morimos, nosotros trascendemos y si ustedes ponen en este momento algo agresivo, van a entorpecer eso”

¿Qué cosa era? Pues una mujer que le entraba a todo y por todos lados. Y que pasó al retiro y en los noventa renació de las cenizas para retornar en España y por el cine. Chavela que fue amiga de Diego Rivera, pero  más de Frida Kahlo, la mujer de su vida y Juan Rulfo y  Pablo Neruda. Y sabía de la vida y milagros de Juan Gabriel y mucho más de Edith Piaf pasando por el subcomandante Marcos y hasta García Márquez. Entonces no es poca cosa. Porque decía que le fregaban los ricos y la molían los fundamentalistas del  bajo vientre. De ahí que sea un mito latiente porque sabía que cantando, desgarrándose el pellejo, descubrió que sólo el canto puede destronar la teoría cuántica y las leyes del mercado.

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4.

Repito. Desde que se murió Chavela Vargas no me dan ganas de escribir. Me apetece escucharla, saborearla, patrullarla. Y en La Habana, hace unos días la recordaba porque Chavela estuvo por aquí. Que vino a una función y se quedó dos años, por ahí, en bares de mala muerte frente al Mar Caribe y en los peores antros de los muelles habaneros. Entonces, señores y señoras (si todavía quedan) esta mujer no era para espíritus débiles y almas maricas.

Y sin querer que la tachen de blasfema, Chavela juraba que tenía una cualidad que la asemejaba a Jesucristo: la resurrección. Y que son palabras sagradas de Chavela: “Por supuesto como él era hijo de Dios, solo empleó tres días. Yo como soy hija de una señora de Costa Rica, necesité varios años. Cuando volví a la vida tenía más de setenta (…). ¿Cómo explicarles esta etapa de mi vida? Podría decir dolor y así quedaría todo solventado. Así fueron los quince años en el infierno. Pero cuando ya no se comprende nada, cuando como un teporocho andas por la vida, cuando nada se dice sensato, cuando no se puede ver ni sentir nada, entonces es necesario volver. Y la vida parece más hermosa. Como siempre que se gana una batalla. Y si quieres saber de mi pasado”.

Y Chavela volvió con sus rancheras, las sacó de las cantinas y las elevó a los teatros. Y cómo esta gran mujer grita envuelta de ternuras: “Con el atardecer me iré de aquí, me iré sin ti; me alejaré de aquí, con un dolor dentro de mí…”. Entonces yo he oído que cuentan por ahí.  Si las noches son largas y va a amanecer; si la luna está en vela, pos que cante otras vez Chavela, Chavela Vargas.

SUS AMORES MÁS INTENSOS:

La canción, el tequila y el lesbianismo

La cineasta estadounidense Catherine Gund conoció a Chavela Vargas en 1991 durante un viaje a México en el que la entrevistó en un camerino a su regreso a los escenarios y también en su casa en Tepoztlán, pero nunca llegó a publicarlas. Más de 20 años después se reencontró con este material al digitalizar su archivo y se lo mostró a la documentalista Daresha Kyi, y juntas decidieron hacer una película. El resultado es “Chavela”, un documental intenso.

“Chavela” ha sido galardonado en el Festival de Cine de Berlín y el Festival Frameline San Francisco International LGBTQ, y además estuvo nominado a los Premios GLAAD de la organización por los derechos LGBT. “Ha tenido una vida propia”, apuntó la codirectora.

La cinta va en crescendo, con entrevistas a personajes conocidos en el ámbito cultural mexicano, hasta presentar al maestro del cine manchego Pedro Almodóvar y al astro iberoamericano Miguel Bosé. En el caso de Bosé fue suficiente con que enviaran un correo electrónico a su manager para que aprobaran la entrevista; en el de Almodóvar, tuvieron que intentar más de una vez, pues inicialmente estaba terminando su película “Julieta” y luego dijo que no quería hablar con la prensa por un asunto legal.

“La tercera vez nos dijo que hasta ahora le dolía hablar de Chavela”, dijo Kyi en una entrevista telefónica desde Oakland, California, en perfecto español, pues fue estudiante de intercambio en México. Finalmente, gracias a una amiga productora en común, lograron convencer al director de “Mujeres al borde de un ataque de nervios”.

En el lado mexicano, presenta entrevistados prominentes como las cantantes Tania Libertad y Eugenia León, además de José Alfredo Jiménez Jr., hijo del compositor de los clásicos “Volver” y “En el último trago” inmortalizados por Vargas, con quien tuvo una gran amistad hasta su muerte. Pero entre todos llama especialmente la atención el relato de la abogada mexicana por los derechos humanos Alicia Elena Pérez Duarte y Noroña, quien fue pareja de la cantante en los años en los que desapareció de los reflectores, y cuya pieza es clave para completar el rompecabezas de esta historia.

“Ella hasta ahora adora a Chavela Vargas pero a la vez analiza las cosas, analiza a Chavela, no solo nos dice cosas bonitas”, dijo Kyi sobre Pérez Duarte, quien desde el primer momento que conoció a la cantante era consciente de su alcoholismo y también de los problemas legales que tenía con su disquera. “Ella es la que le hizo poder escapar del contrato que tenía con (el sello) Orfeón porque es abogada y muy sabia y ella sabía cómo romper ese contrato que tenían. Queríamos una amante pero encontramos a la amante más formidable posible”.

“Chavela” presenta el gran regreso que tuvo Vargas tras conseguir dejar el alcohol a la tercera edad, cuando llenó teatros en España, el Olympia de París, el Carnegie Hall de Nueva York y pudo conquistar, por fin, el Bellas Artes en la Ciudad de México tras décadas de negativas para presentarse en grandes foros locales. De hecho, al morir en agosto de 2012 fue velada en este mismo recinto.

La cantante tuvo una larga lista de amores. La autora estadounidense Betty-Carol Sellen confiesa que la besó en Acapulco, mientras que Vargas dice en una de sus entrevistas que tuvo un romance con la estrella de Hollywood Ava Gardner. Tampoco podía faltar la mención a su romance con Kahlo.

Las fotografías, recortes y filmes en blanco y negro, que consiguieron las documentalistas con el apoyo del cineasta y fotógrafo Adrián Gutiérrez, fueron esenciales para transportar al espectador a esa época y la Costa Rica de comienzos del siglo XX donde nació Vargas, quien decía que como mexicana tenía derecho a escoger dónde nacer.

“Ella era una luchadora, lesbiana, una guerrera, ella amaba a las mujeres, le gustó mucho ser mujer y luchó por sus derechos y por los derechos de los otros”, dijo Kyi. “Al final de su vida se metió a la lucha por los derechos de los LGBT cuando anunció que era lesbiana, pero creo que fue por su amor a las mujeres”.

Joaquín Sabina cantando con Chavela.

PRONTO & PRONTUARIO

Isabel Vargas Lizano (a) “Chavela”. Nació el 17 de abril de 1919, en Costa Rica. Murió en agosto de 2012 en Cuernavaca, México. Vivió la soledad y la orfandad.

De niña trabajó en una finca, recolectando naranjas. A los 17 años llegó a México.

¿Sexo? Era “lencha” (lesbiana). ¿Y qué?, a otros  le gustan las carnitas. Fue cocinera, chofer, costurera y vendedora de ropa de niños.

Su vida artística empezó a los 30 años al lado de Pepe Guízar. Tuvo una relación estrecha con José Alfredo Jiménez.

Tras la muerte del compositor tuvo una vida de alcohol y soledad durante 20 años.

Participó con su voz en varias cintas de Pedro Almodóvar. En 1991 llegó al cine, de la mano del director alemán Werner Herzog, que incluyó una de sus canciones en la película Grito de piedra.

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Chavela Vargas:

Una vida de pasión, amor, dolor, coraje, alcohol y resurrección

Ataviada con sus atuendos típicos, el infaltable poncho rojo y dos o tres guitarras como toda compañía, Chavela logró conmover no sólo a varias generaciones de público, sino también a colegas de todo género y nacionalidad. Artistas como Mercedes Sosa, Lila Downs, Rocío Durcal, Lola Flores, Facundo Cabral, Joan Manuel Serrat y Jeanne Moreau, entre tantos, otros cayeron rendidos a sus pies ante la evidencia de un talento que parecía provenir de otro mundo, de un universo paralelo donde el único Dios era El Dolor.

En sus últimos años Chavela le ganó la batalla al alcohol. Gracias a eso y una suerte de longevidad heredada de vaya uno a saber quien, consiguió extender su carrera por muchos años más. En 2004 llegó a la Argentina para presentarse en el Luna Park junto a Los Macorinos, ese increíble dúo de guitarristas (uno mexicano, el otro argentino radicado en México) que hace poco volvió a grabar junto a Natalia Lafourcade algunos grandes boleros de todos los tiempos. Y también fue en ese año que ella logró otro de sus grandes sueños: cantar (¡a sus 85 años!) en el mítico Carnegie Hall de Nueva York, en un concierto memorable para un público que había llegado desde todos los rincones del planeta.

En abril del 2012 , ya con 93 años de edad y en silla de ruedas (no le gustaba que la vieran en esa silla, porque era muy coqueta), la cantante se presentó en el Palacio de las Bellas Artes de México (una de las salas de mayor capacidad en todo el mundo) acompañada por dos amigas, la mexicana Eugenia León y la española Martirio, para el lanzamiento de su disco-libro Luna Grande, que incluía poemas del poeta español Federico García Lorca. Sin saberlo aquella iba a ser su última presentación en México y, curiosamente, antes de abordar una sentida versión de La llorona, como que se despidió diciendo: “Así termina una historia que comenzó de la nada. Dame la mano, Llorona, que vengo muy lastimada. Señora dame la mano que vengo muy, muy cansada”.

Tres meses más tarde aún tuvo fuerzas para viajar una vez más a su querida España, donde se presentó en un recital con visos de despedida en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Aquella fue su última aparición pública. Y también su última actuación. Dos días mas tarde Chavela fue hospitalizada con un cuadro de fatiga y taquicardia, pero quiso recuperarse como pudo. “No voy a morirme aquí. Yo quiero morirme en México”, le dijo a una amiga española.

El 30 de julio de 2012 fue internada en un hospital del por entonces aún México DF, con problemas graves en su corazón, riñones y pulmones, pero pidió no ser entubada. Quería tener una muerte natural: “Yo sabía muy bien cuáles eran los costes de aquel viaje. Pero valió la pena, porque pude despedirme de Federico, de todas mis amigas y amigos y le dije adiós a España”.

El domingo 5 de agosto de aquel año, el día que ella había deseado, se hizo público su fallecimiento. La noticia llegó a través de su cuenta oficial de Twitter, con la siguiente frase: “Silencio, silencio… Las amarguras volverán a ser amargas… Se ha ido la gran dama Chavela Vargas”.

“¿Y por qué voy a cantar yo un bolero como Alejandro Fernández, o como Luis Miguel?. No señor, yo siempre busqué mi verdad, la búsqueda de un estilo, decir las cosas con personalidad. La verdad se impone siempre, y la palabra ‘verdad’ es lo más hermoso. ¿Y saben qué? Esos momentos antes de cantar… Es como si fuera a cantar un pecado. Muy dulce, sí. Pero un pecado. Porque así soy yo, y mi nombre es Chavela Vargas.” / Eduardo Barone. Clarín.

Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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