ALFREDO ALCALDE

EL ARTE DE ALFREDO ALCALDE:

REALISMO DE LA PANDEMIA

El artista plástico peruano Alfredo Alcalde sigue engrandeciendo su obra en estos días dramáticos. Acaba de mostrarnos su obra “Pandemia” y es una pintura impresionante.  Para la crítica, su obra es heredera de los grandes maestros peruanos Víctor Humareda, Ángel Chávez, Pancho Izquierdo. Este es el perfil de un artista joven que vive apasionadamente para su arte.

ESCRIBE ELOY JÁUREGUI

1.

Cuando Alfredo Alcalde abre la puerta de su casa uno recibe una congestión de afecto. Luego sigue la frase exacta, el abrazo, la estima, el aprecio. Es extraño este Alfredo Alcalde. Cuando abre la puerta de su casa uno ingresa a un paraje amoblado de ternuras. La casa de Alfredo Alcalde parece un rincón de Macondo instalado en el barrio limeño de Magdalena. Esa casa es, mitad hogar, mitad taller y hay otra mitad, la de su vocación de artista y una mitad más, la de su familia. Alfredo Alcalde es un artista plástico integral. Y no hace otra cosa, en esa casa de hechizos y encantamientos, desde que despunta el día, que pintar, que pulir, que crear. Alfredo Alcalde vive de su arte. Mejor, Alfredo Alcalde hace que el arte viva con él, y hasta que anochece, y sueñe y amanezca, no suelta sus pinceles, no exonera sus colores y no desiste de su talento.

Recientemente, escribe Manuel R. Mora en la revista Caretas, que el artista peruano Alfredo Alcalde en su obra “pandemia” sabe domar los impulsos que siempre originan tragedias como la que ha producido el coronavirus.  “De sus mimos silentes, que tan clamorosamente gritan desde el lienzo, la soledad y la impotencia del hombre contemporáneo, Alfredo Alcalde, con el irrenunciable compromiso ético que nuclea su comprensión de la pintura, tenía que hacerse presente, sin escapatoria posible, en ese escenario tan devastador de la tragedia del coronavirus que asola a todo el mundo. Ya no es, aquí, el mimo enmudecido, solitario, habitante de un espacio aparentemente vacío e insolidario. Ahora es, aquí, el escenario del dolor, de la angustia y de la muerte. Ya no es la cara blanqueda del mimo que nos mira desde el cuadro, hablándonos con los ojos, como pidiéndonos que le salvemos de su soledad y su silencio. Lo que nos propone Alfredo Alcalde con su cuadro Pandemia, no es tanto que veamos en esa soberbia pictórica obra los estragos del virus, sino, creo, que nos contemplemos a nosotros mismos como los seres vulnerables y desprotegidos que realmente somos”.

Ahí, en el cuadro, que está llamado a convertirse en un icono del coronavirus, se encuentra el reflejo de nuestra insobornable vulnerabilidad: de cómo la muerte utiliza mil y una argucias para derrotarnos no uno a uno, sino como la guadaña va echando a tierra los tallos del trigo maduro. No es una muerte, sino la Muerte. Y es que Alfredo Alcalde ha venido sosteniendo –casi desde sus inicios de pintor—diálogos fecundos, repletos de ironía, con Tánatos, esa muerte que nos observa desde sus lienzos con un asomo de burla o un aire de indulgente paciencia porque sabe que somos presas seguras.

2.

Cuando Alfredo Alcalde llegó a Lima a la escuela de Bellas Artes (ENSABAP) apenas tenía 17 años y se había marchado de Chimbote donde nació en 1961. No eran tiempos de comodidades, todo lo contrario, había que pelear palmo a palmo la sobrevivencia. Entonces una pensión en los Barrios Altos, un ritual para el dominio de su magín y un ingreso a la escuela luego de una ampliación de las 100 vacantes que existían. Y ya estaba instalado en la bohemia de los pintores, de los artistas que iban proclamando su talento en cafés y bares. Eran los tiempos de la dictadura militar, los toques de queda, las marchas y las huelgas. Alfredo Alcalde había vuelto a nacer unos años antes, la vez del terremoto de 1970, y su ciudad de Chimbote arrasada, y los muertos, y esa promesa que les hizo a sus padres, quería ser pintor, y Lima era ese escenario ideal.

Yo había escrito hace un tiempo: “Desde el 29 de enero y hasta 19 de abril Alfredo Alcalde está exponiendo en la prestigiosa galería IMAS en Texas, EE.UU. Son 40 obras de una muestra que ha titulado “Expresiones humanas”. Un hecho curioso, Alfredo Alcalde no está presente en la exhibición. Un funcionario de la embajada norteamericana decidió no otorgarle la visa y el pintor no pudo viajar. Sus pinturas sí. Ivette Taboada, su compañera de toda la vida, estuvo presente en la instalación. Cosas que les ocurre a los artistas. El trajín de estos días es intenso. Alfredo Alcalde ahora me está contando que este año expondrá también en dos individuales ya programadas para setiembre en Francia y para octubre en Alemania. Y terminamos el desayuno, y ahí se queda pintando, terminando unos cuadros que esperan la perfección del maestro”.

3

Aquella vez que su padre le dijo que debía estudiar mecánica en una Esep, Alfredo Alcalde no lo contradijo. Sus hermanos ya eran técnicos y aunque al papá le gustaba la literatura y las artes, le gustaba también que sus hijos tengan una profesión honesta y justa. Pero Alfredo Alcalde que ya sabía de tornos, cepillos y fresas, no fue inmune a la infección maravillosa del arte. Sus maestros de pintura y dibujo Sergio Gallo, Vicente Alcántara, Gerardo Torres, Pedro Azabache y sobre todo, César de Castilla, quien firmaba con el seudónimo de “Salamandra”,  lo habían contaminado de ese fuego de la plástica. Ese fue el tercer nacimiento de Alfredo Alcalde.

Cuando seguía sus cursos regulares en la escuela Alfredo Alcalde se arropó con el influjo de los maestros Humareda, Ángel Chávez, Pancho Izquierdo. Eran los tiempos del aprendizaje total. Alfredo Alcalde ya leía a los existencialistas amén de Rimbaud, Kafka, Hemingway. Y eran esas noches que no podía faltar el cine club, Bergman, Kurosawa y el teatro de Brecht y hasta los Yuuachkanis. Del gran Víctor Humareda dice:  “Humareda no solo nos trasmitió sus conocimientos y logros, sino, como se debe formar un verdadero artista, de una forma integral, con un espíritu renacentista, totalizador, cultivándose para que el hombre que habita en el artista sea grande, estudiando y trabajando duro como un obrero, para luego expresar bien nuestros sentimientos e ideales que también toman tiempo para cuajarse (…) Entrar al escenario de las artes plásticas no como un espectador sino como un ente actuante para sentir y trasmitir a plenitud lo que expresamos, para no ser un turista porque eso nos llevaría a hacer una obra superficial e intrascendente. Su entrega total sin concesiones, inmolándose por lo que él creía y le apasionaba”.

4.

Alfredo Alcalde destacó inmediatamente en su generación. Había sufrido el sisma del crecimiento con la elegancia del humilde que aunque recatado, estaba encumbrado por las armaduras del arte. Su primera exposición individual es de 1985 en la galería “Expertisse” de Lima. En estos treinta años, no obstante, ha mostrado poco aunque esa obra es producto de un talento especial que se fue labrando desde que se ganaba la vida haciendo copias de Velásquez y Renoir en el Parque de Miraflores hasta sus retratos en vivo que producía en el Jirón de la Unión. Ya en 1987, el gran maestro David Herskovitz, diría: “Muy rara vez uno descubre un nuevo y fuerte talento como el de Alcalde, el cual es doblemente auténtico porque él se da cuenta de la importancia de representar precisamente las cosas que conoce mejor, y por esa razón cada pintura que este joven artista termina, contiene verdadera autenticidad”.

Por ello cuando uno le pregunta sobre sus influencias, Alfredo Alcalde reconoce con generosidad desde el maestro Miguel Ángel Cuadros pasando por Bruno Portuguez y Félix Revolledo. Pero a quien le guarda admiración especial es a Ángel Chávez quien le amplió la visión visión de su aprendizaje al obligarlo a recorrer museos, estudiar, copiar y luego comparar. “Chávez era un extraordinario pintor, gran conocedor de las técnicas artísticas, armonías cromáticas, de las veladuras, empastes y un extraordinario dibujante. Era un ser muy solidario, de sentimiento por la gente sencilla, demostrándonos que lo cotidiano –también- es punto de partida para hacer una obra, creando conciencia que la realidad es fuente de inspiración. Chávez Me permitía verlo pintar y disfrutar de su ambiente lleno de color, olores y humanidad. Siempre estaba dispuesto a enseñar”, dice.

Cuando comenzó a frecuentar al maestro Humareda en sus aposentos del Hotel Lima sufrió más que un deslumbramiento. Él le decía que construir al artista era construir a la persona y en un prólogo reconoció: “la pintura es dominar el color y eso me oyó Alfredo Alcalde”. Entonces en sus pinturas comenzaron a aparecer desde paisajes de pueblos andinos, retratos de personajes que revelaban ese detalle de los estados de ánimo, escenas de gente común y silvestre. Es decir, era una visión de un artista autentico que iba oponiendo en su concepción, los claroscuros con los colores intensos, cierto, los colores de la vida.   

5

Alfredo Alcalde seguí produciendo, intentando, consolidando sus trazos. Tal vez quien mejor defina su fuelle fue Jacques I. Bartra quien decía que en una de sus pinturas la experiencia sensorial es intensa y enriquecedora, al punto de imprimir en el ánimo del espectador una suerte de “trastocamiento” interior que tiene el maravilloso poder de abrir las arcanas puertas del instante vital. Ya a partir de 1997 cuando Alfredo Alcalde expone en la Embajada de Perú en Francia, su fuerza expresiva es de tal magnitud que: “confronta con la esencia misma de la condición existencial humana, paralizando cualquier asociación cotidiana de la mente contemporánea siempre en perpetua distracción, solo en función de la vivencia del presente eterno: del aquí y del ahora, más allá de cualquier especulación o nostalgia” como señala Bartra.

Hoy Alfredo Alcalde mantiene una rutina de aquel ser que vive del y para el arte. Una jornada en la vida del artista es verlo despertarse en su taller y durante horas mantener ese “espíritu renacentista” de convocar visiones y experiencias. Entonces evoca al maestro Pancho Izquierdo quien le enseñó que la estructura de una pintura está obligada a desarrollar una composición axial. “Pancho Izquierdo era riguroso, estricto, exigente”. Pero cuando uno le pide que reconozca sus primeros años el artista dice que tuvo la suerte de vivir en un escenario grandioso de artistas y maestros, que escucharlos era una clase maestra, desde los temas de la política, desde el parnaso de los escogidos, desde la crudeza de un país lleno de contradicciones. Entonces dice: “esta realidad me sigue haciendo soñar, con pasión, con solidaridad, con compromiso”. Y lo dejo pintando, creando, embelleciendo la vida.

Alfredo Alcalde en su casa de Magdalena con toda su familia.

Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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