CRÓNICA VIRUS (III)

 DIA 30

VIVIR ENTRE LAS SIETE PLAGAS

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

 

COMAS 4

La gripe llegó a Chepén” es un tondero tradicional norteño que paradójicamente resulta una crónica justiciera sobre una de las pestes que asolaron el departamento de La Libertad. Y la letra dice así: “La gripe llegó a Chepén, ya llegó /la gripe llegó a Chepén, ya llegó / y está matando mucha gente / y como muere tanto pobre / y no muere la decente / por qué será?

1.

Si hay un lugar donde Lima se encuentra con su honda tradición y abolengo esa es la Plaza de Acho. Hoy en sus arenas, están refugiadas familias de familias de indigentes y otros pugnan por un techo y una botellita de agua. Como si los pobres se hubiesen multiplicado en la capital del Perú, en cada esquina, en cada rincón, aparecen decenas de limeños menesterosos que, estirando la mano, merodean los bancos y mercados. Muchos muestran el trajín de sus años, son gente de la tercera edad y que casi nadie hace caso.

Como si este inicio del 2020 fuera el comienzo de un tiempo turbio coronado de pestes y desgracias, a la expansión del mal hay que sumarle otras desgracias. El médico infectólogo Ciro Maguiña declara que: “Nadie sabe qué va a pasar, solo conoces como hay que cuidarse hoy para no terminar infectado”. Y hasta el día 15 de la cuarentena impuesta por el gobierno, en todo el Perú ya se llegaba al millar de infectados. El mismo presidente Marín Vizcarra informaba que se hicieron más de 13 mil pruebas y 12502 habían dado como negativos. “Hay 238 casos hospitalizados y 53 que están declarados sanos y están dados de alta. Existen 49 pacientes en Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) y 37 están con ventilación mecánica”, dijo la tarde del lunes.

Ese mismo día se supo que en Iquitos, la región que ha sido duramente golpeada por el dengue y que enfrenta la pandemia del COVID-19, le fue asignado un presupuesto de 2.3 millones de soles para enfrentar la pandemia, además de 2.6 millones de otras fuentes. De todos estos fondos, que suman casi 5 millones de soles, la ejecución de los mismos es apenas de 10 mil soles. Una de las razones probablemente sea que hay restricciones del mercado, que se ha cerrado por la crisis. Pero una gestión oportuna hubiese en su momento permitido tomar decisiones que faciliten el trabajo que se realiza en Iquitos.

Y Víctor Zamora, ministro de Salud explicaba poco entusiasmado en RPP: “En el manejo de cadáveres, estábamos bastante desarrollados para fallecimientos por COVID-19 en los hospitales. Para los que fallecen en sus domicilios o fuera de ellos el protocolo establece que todo cadáver diagnosticado con COVID-19 es incinerado. Cuando no hay cómo incinerarlo, hay unas bolsas especiales para el entierro. Todas las familias recibirán las cenizas de sus familiares”.

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2.

En las alturas de Collique, a la vera de la trocha Pasamayito, Celinda Ramírez posa para la foto que le están tomando los del programa Pensión 65 quienes le han obsequiado con tres barras de jabón. De una batea levanta sus manos llenas de espuma y sonríe con el fondo aéreo de las alturas de Lima. Ella y sus vecinos, otros venerables ancianos peruanos, saben que hay que lavarse las manos para evitar el Coronavirus, pero están fregados, ya no hay agua.

Como ellos, 7 millones de peruanos no tienen agua potable. Entonces, lavarse las manos por 20 segundos –como reza el anuncio oficial– es una fantasía y valen un ojo de la cara. Según el INEI, el 22.3% de connacionales no tiene acceso al servicio de agua potable. Y la peste todavía nos los tocó. Pero ya llegará la hora y sin agua y con la expansión de la pandemia, la situación será dramática.

Marcia Rivera, una madre de familia vecina de Los Jardines, un asentamiento humano en lo más alto de los cerros de Comas, se quejaba: “Cuando escucho que nos pide lavarnos las manos a cada rato, por 20 segundos, entro en desesperación. ¿Cómo hacemos nosotros si no tenemos agua por días? Yo tengo un hijo asmático de 12 años y me da miedo que se pueda contagiar”. Igual sucede en Villa María del Triunfo, en los altos de “Ticlio Chico”, esta semana la cisterna del agua potable jamás llegó y los “bombeadores” querían cobrar 20 Soles el cilindro. Entonces a pesar que todos respetan el estado de Emergencia, pocos podrán hacer caso las advertencias de la Organización Mundial de la Salud:

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3.

Y hay un presidente Vizcarra sagaz y comunicativo que remontó crisis tras crisis desde que remplazó a PPK, defenestró al congreso anterior y viene enfrentando una de las pandemias más mortales de las últimas centurias. Y hay otro Vizcarra, sin brillo estadista y mediocre de solemnidad que gobierna tapando huecos, improvisando y lustrando los lugares comunes acompañado en un coro ministerial gris e insignificante. Para la mirada de la población, esa inopia solo favorece a la gran empresa y jamás a los trabajadores. Al final de cuentas, el libre mercado es insuperable cuando hay ganancias, pero en tiempos de pérdidas, siempre le queda el Estado.

Y el COVID-19 ya estaba entre nosotros como escribió García Márquez cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste del insomnio había invadido el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarles lo que sabía de la enfermedad del desvelo, y se acordaron medidas para impedir que el flagelo se propagara a otras poblaciones de la ciénaga. Fue así como les quitaron a los chivos las campanitas que los árabes cambiaban por guacamayas, y se pusieron a la entrada del pueblo a disposición de quienes desatendían los consejos y súplicas de los centinelas e insistían en visitar la población. Así, todos los forasteros que por aquel tiempo recorrían las calles de Macondo tenían que hacer sonar su campanita para que los enfermos supieran que estaban sanos.  En esa forma tan eficaz fue la cuarentena, que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural, y se organizó la vida de tal modo que el trabajo recobró su ritmo y nadie volvió a preocuparse por la inútil costumbre de dormir”.

En tiempos remotos en Lima, en 1868, capitalinos y chalacos sufrieron los rigores de una epidemia de fiebre amarilla. Desde esa fecha y para el común de los mortales, la culpa la tuvo los extranjeros en especial, los primeros inmigrantes chinos, quienes fueron culpados de traer la enfermedad. Y desde esa vez fueron denostados y castigados con el aislamiento. Años después, en 1905, los chinos otra vez se ganaron el odio popular por la propagación de la peste bubónica. Luego clausuraron el famoso Callejón de Petateros y los pobres asiáticos terminaron una vez más quebrados.

COMAS 3

Hace poco, en 1991, la epidemia de cólera se expandió desde Chimbote a toda la costa del Perú. Los especialistas la llamaron catástrofe convergente porque a la peste se sumó la crisis económica, el colapso de los sistemas de salud, la escasez de alimentos, el desempleo generalizado, el fenómeno del Niño y el terrorismo. Muy pocas cosas cambiaron desde esa vez. En países del primer mundo como EE. UU. China, Italia o España, todos ellos con mejores sistemas de salud que el nuestro, padecen el mal devastador del COVID-19. Hoy, el gobierno peruano, sabiendo de estas precariedades, tomó medidas drásticas para que la situación pueda ser controlada y apostó por el aislamiento social para reducir el contagio.

Nuestro país, pasto de todos los males, permitió a la impronta popular cantarles a todas las pestes y desde antiguo. La gripe llegó a Chepén” es un tondero tradicional norteño que paradójicamente resulta una crónica justiciera sobre una de las pestes que asolaron el departamento de La Libertad. Y la letra dice así: “La gripe llegó a Chepén, ya llegó /la gripe llegó a Chepén, ya llegó / y está matando mucha gente / y como muere tanto pobre / y no muere la decente / por qué será?

Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
Esta entrada fue publicada en Cangrejo Negro / Eloy Jaúregui. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a CRÓNICA VIRUS (III)

  1. juan castro garcía dijo:

    Mientras el sistema no cambie, los de abajo como dice Arguedas, seguirán con la gripe de Chepén. Seguiremos cantando aunque sea a capella, ese dulce tono real de la desgracia, como único consuelo. Y gracias maestro, por su aporte, decir la verdad, mediocre y descolorido no es insultar.

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