CRONICA VIRUS (II)

Lima en cuarentena

MEMORIA VIVA DESDE LAS CENIZAS

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

Entre las versiones oficiales y el drama de la realidad sanitaria, la capital del Perú sigue sumando víctimas, y empezó a vivir en un caos moderado y arranques de desesperación. Solo se invoca a la palabra ‘solidaridad’ pero no es suficiente. Cada quien construye su estrategia de sobrevivencia  y los muertes anónimas alimentan las estadísticas.

VIRUS 1

DÍA 1

Me estaba tratando de una dolencia ocular en el hospital Rebagliati. Tenía que llegar a la cita por la tarde de ese 6 de marzo. Y al mediodía, ya el presidente Vizcarra había anunciado que teníamos en el Perú al primer infectado por el coronavirus. Algunas alarmas casi imperceptibles se activaron en el hospital mientras avanzaba a la farmacia. Y me detuve. No dije, pegué la media vuelta y regresé a mi casa. Anochecía como siempre en Lima y desde Pueblo Libre llamé a un médico amigo. Le conté de mi espantada en el Rebagliati. Lo entendió. Mis cataratas podían esperar.

Los limeños no la tomaron a la tremenda. La vida seguía y por más tiempo. Pero la peste ya había derribado nuestras primeras defensas. Diez días después, el 15 de marzo, Vizcarra anunciaba el aislamiento social obligatorio por 15 días, luego el toque de queda, el cierre total de las fronteras, y la prórroga del estado de emergencia por 13 días más. Durante este breve tiempo, el Perú había cambiado tanto como todo el planeta. Algunos la llamaron la ‘plaga china’ y otros recién supieron que diablos era el Covid-19. De pronto el Ministerio de Salud anunció los primeros muertos. Era real, la epidemia mataba como en las películas.

Y el peruano sabía que los sistemas de salud eran (son) perversos, que afligen y matan. Y resignados y por tradición, a uno solo le quedaba preconizar y solemnizar a sus muertos. Pero ahora ni eso, el virus aniquilaba a sus seres queridos y los convertía en almas sin nombre y sin sustancia. Y por decreto eran incinerados y convertidos cenizas y así le sustraían la memoria. Pero los dolientes debían transitar por otras agonías. El Covid-19 había desnudado grandísimas desigualdades. La salud dependía de una estructura débil y un inestable sistema organizativo. Ni qué decir de sus instalaciones obsoletas y sin equipos médicos. Ese era el teatro del drama mortal en medio de las enormes brechas sociales y la desigualdad en el Perú.

Y un familiar me hizo llamar desde el Hospital Dos de Mayo. Estaba grave. Y conseguí el salvoconducto y avancé hasta los Barrios Altos. Para llegar hasta UCI tuve que bordear pasadizos y patios donde todo era improvisado. Llevo los trajes de bioseguridad adecuada, nadie me reconoce. Los espacios asignados para el aislamiento y atención de pacientes sospechosos fueron desbordados. Otro médico amigo me guío entre las camillas. Al fin pude ver a mi pariente. Él también me vio. Me alcanzaron una receta. Alcanzo a leer hidroxicloroquina y azitromicina. Antes de salir rápido para la farmacia me despido alzando la mano. Él me mira ansioso con algo de esperanza. Luego de 48 horas lo declararon muerto.

VIRUS 2

DIA 5

En Lima, el Hospital Dos de Mayo junto al de Ate, el Hipólito Unanue, el Villa el Salvador, el Sergio Bernales y el Cayetano Heredia, según el Minsa, son los centros atención y tratamiento para controlar el Covid-19. Todos rebalsan de pacientes. Y con la pandemia o sin ella siempre fueron así. Entrevisté a varios médicos no necesariamente especialistas en el virus. “Aquí no se cobra por el diagnóstico, detección y tratamiento. Y cierto, está bien, es gente muy humilde”, me dice uno de ellos. Pero está asustado como todos. El Minsa estableció para los médicos vacunas obligatorias contra la influenza y el neumococo. Además, son prioritarios en la prueba rápida de detección del Covid-19. Pero luego agrega: “Estamos trabajando junto a la muerte. Y no hay los implementos de protección. Yo perdí una paciente y me deprimí. Quisimos salvarla pero no pudimos. Y todos nos pusimos a llorar”.

El viernes 3 de abril una doctora me alcanza un documento. Dice: “Carta Abierta de los Médicos Residentes del Área Covid-19 del Hospital Nacional 2 de mayo”. En el texto leo que piden urgente 576 mascarillas N° 95. Igual cantidad de mandiles quirúrgicos descartables, además de ropas quirúrgicas descartables y lentes herméticos. La carta explica que son 48 residentes que realizan 12 guardias en las áreas de los pacientes infectados y que por cada turno deben renovar sus equipos de protección, pero esto no ocurre porque ya no hay en el almacén. Por lo tanto, piden a todos los peruanos su urgente colaboración para que puedan seguir trabajando. El documento termina: “Para ayudar escribe a residentescovid19@gmail.com

El panorama es idéntico en otros hospitales. Ya no hay gel ni gorros, ni lentes ni guantes estériles. Todos los trabajadores de salud hacen lo inimaginable para dar vida a utensilios que es para “un solo uso”. Y trabajan a tientas. El mal no es uniforme y muchas veces es asintomático. Se adivina, se sospecha, se intuye, me dicen. Un médico ha llegado de Iquitos y cuenta que allá la mayoría no hizo caso al Estado de Emergencia. Que jamás imaginaron que el drama iba ser mortal. Y porque la orden de aislamiento social obligaba a no tener ingresos para alimentar a sus familias. Y salieron a trabajar sin cuidado y hoy el virus los ha desbordado a pesar que tienen en la boca las palabras “eficacia” y “transparencia”, este coronavirus ya convirtió a la geografía humana en víctima global de una catástrofe.

VIRUS 3

DIA 7

PAPEL HIGIÉNICO Y CIUDADANÍA. Y tuvo que llegar la peste para conocernos una vez más cómo somos. Y no es que uno cuide más el culo que el aparato respiratorio. Eso a raíz de las turbas histéricas que se arranchaban el papel higiénico en un mall del cono norte. No. Me pregunto, qué hice yo para vencer este drama. Jodido, casi nada, escribir y denunciar. Mientras, mis vecinos en masa son víctimas de la ignorancia y el egoísmo.

En esta hora, uno sabe quién es una persona de bien y quién un miserable. Y hay miles de ejemplos. Los sensibles y las víctimas de esa nefasta ideología llamada neoliberalismo. En el mercado, en el bus, en la chamba. Y cierto, algunos con su tarjeta de crédito andan boyantes con sus mercancías. Los otros miran.

Decía mi amigo “Paiche” Olórtegui que la cosa era más simple. Que estamos en guerra sin cuartel y sin prisioneros contra un enemigo invisible y sin cerebro pero dotado de un poder que amenaza nuestra existencia como especie. Y digo yo, que mejor oportunidad para ese hombre mediocre que es Vizcarra para quedar en la historia.

En la playa del súper mercado las 4×4 siguen cargando papel higiénico. Y en las cumbres de Ticlio Chico no hay una puta gota de agua. Esa es la diferencia, Y unos se dan cuenta y otros no. Sobreviviremos, lo sé. A pesar de retornar a la una cultura inverosímil, tribal y premoderna.

VIRUS 4

DÍA 14

YA NO SEREMOS LOS MISMOS. Nuestras vidas cambiaron. Se alteró el orden y se democratizó la muerte. Ya no seremos los mismos. En el Perú oficial hay más contagiados de los que podemos contar. Nunca el planeta fue más peruano ante la dimensión de la tragedia que además de matar gente ya destrozó la economía de la mayoría.

Y el verano terminó abruptamente. Y los proyectos también. Chinos, italianos, españoles morían sin misericordia. Y la infección ya estaba aquí. Me quedé sin trabajo, la plaga nos pegaba a todos. Eran horas inéditas en el mundo. Y luego, el miedo natural a lo ignoto, al mañana. Y solo la solidaridad como salvación.

Tengo el televisor e Internet encendidos las 24 horas. Repaso a H.G. Wells y Bradbury nunca más puntuales. Hablo de lejos con mis hijos. Que un vecino está grave. Que hospitalizaron al tío Pedro. Y cómo los ayudo, también. Y suena el teléfono y ojalá no sean malas noticias. Afuera, jamás el silencio fue tan cómplice como el temor.

Pero tengo esperanzas. A pesar que a ciertas empresas y las mineras ni se las toca. A pesar del “emprenderurismo” y el “capitalismo popular”. Ya que jamás aprendimos tanto tan rápido, hoy la cuarentena debe ser radical. Estamos en guerra, ganamos si somos inflexibles. Viviremos solo con disciplina. Digo nosotros, no yo. Entonces juntos, venceremos.

VIRUS 5

DIA 21

LOS MUERTOS ANÓNIMOS. En el mercado Rospigliosi un hombre toca una sirena cuando ve que la gente se aglomera frente a un puesto. Pescados o barrotes. Todos nos miramos con temor. Sí, se respira el miedo. Esa sospecha a lo desconocido, el desasosiego por un futuro incierto. Calma, les digo, y pocos me hacen caso.

Son las peores horas en Lima pero hasta cuándo seguiremos. Y en casa, la nueva rutina del aseo y el cuidado se obedecen. Tengo varios vecinos hospitalizados. Y al teléfono ya nadie da razón. Los muertos de deben cremar. Y sin pompas, todos hemos adquirido patente de anónimos. Somos estadísticas y sin nombre propio. Y qué frágil habíamos sido todos. ¿Sobreviremos? Me preguntan. Sí claro balbuceo.

Jamás el espectáculo de la muerte fue universal. El presidente trata de poner calma pero el alcalde está como el cangrejo. Aislados cada quien trata de inventar una ingeniería doméstica para subsistir. De algo estoy seguro, ya no seremos los mismos.

Tengo mis libros pero no hay ganas. Mi música la escucho en silencio. Perdónenme, trato de no ser pesimista. Solo la solidaridad me consuela. Y ya se acabó el aceite. Pero el sistema de salud funciona. A otro vecino lo sacaron en camilla. Memorizo su estampa. Aguardo con disciplina que pase la peste. Aliento a los míos. Como diría Quincas: “que cada quien cuide su entierro que imposibles no hay”.

VIRUS 6

 DÍA 28

El administrador de Metro de la Av. Colonial me cuenta que la venta de productos higiénicos ya bajó y lo que está en alza es la venta de cerveza y otros licores más que los fideos y el arroz. También, es cierto, que esta última semana descendió el número de visitas de cada comprador, pero aumentó ligeramente el volumen de compra individual. Cosas de la cuarentena, me dice. Pero el último sábado 4 de abril, los mercados y paraditas de zonas populares como Huaycán, Carabayllo, Villa María del Triunfo parecían ferias de ofertas. Y eso que ese sábado solo podían circular mujeres. No obstante, en los alrededores, multitudes de gente desbordaba con su tráfago, cualquier estrategia de la policía o las municipalidades para esta situación de emergencia.

Y al mismo tiempo el Ministerio de Salud aclaraba que había decidió comprar mascarillas descartables tipo N°-95 a pequeñas empresas debido a que tenían stock disponible de forma inmediata para atender la emergencia nacional Y esto luego que la Contraloría emitió un informe en que señaló que el sector Salud realizó la adquisición de mascarillas a un proveedor que ofrecía el producto a un mayor precio. El comunicado decía: “Dada la coyuntura de la salud pública en el país, el Minsa decidió por esta compra lo cual contribuye a combatir la pandemia en el país”. Por cierto, pocos creyeron el argumento.

Si bien es cierto, la aprobación popular de las medidas de emergencia, le dan respaldo y libre campo de acción al gobierno, no falta los pájaros de malagüero. Para las barras bravas digitales del fujimorismo nada lo que hace de manera oficial es bueno. La turba que dirige la ahora congresista Martha Chávez en las redes sociales no deja ministros en pie. Y otros políticos recientemente expulsados de los paraísos de la corrupción, como bichos estercoleros aprovechan para pedir que liberen a Keiko. Los que han bajado el tono son fanáticos religiosos. Esta vez los “rojos” o “caviares”  no son culpables como en otras veces con el sida, el cólera, el SARS o el A H5N1. Atolondrados no se deciden por el fin de sus privilegios o el fin del mundo.

Mientras, en EE.UU. España, Italia el panorama es devastador. Y dice Manuel Castells: “No es el fin del mundo. Pero es el fin de un mundo. Del mundo en el que habíamos vivido hasta ahora”. No se lo podré repetir a Ricardo Gutiérrez, mi amigo periodista, muerto y víctima del coronavirus. Hoy es el Día 29 desde que se anunció que el coronavirus ya estaba en el Perú. Es un domingo singular, nadie sale de sus casas. Afuera, las calles solitarias nos vuelven a enrostrar que jamás seremos iguales (CONTINUARÁ)

VIRUS 9

 

 

Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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