Segunda Edición de USTED ES LA CULPABLE

 

Queja y desahogo, burla y artificio.

USTED ES LA CULPABLE

[La prosa barroca de Eloy Jáuregui]

Escribe HUGO NEIRA

El texto sirvió de prólogo a la primera edición de Usted es la culpable, antologías de crónicas de Eloy Jáuregui publicada por la Editorial Norma. El texto pertenece a Hugo Neira quien advierte que Jáuregui propone una prosa barroca en sus textos periodísticos algo poco frecuente en las letras peruanas. El libro de marras fue publicado en el 2004 y pese a esfuerzos de unos y otros, jamás volvió a editarse. Hoy se anuncia una SEGUNDA EDICIÓN en unos días, motivo por el cual reproducimos el texto del maestro Neira.

usted

1.

Este libro es una fiesta.  Eloy Jáuregui reúne lo inconciliable, la fealdad del achoramiento y el giro lingüístico, en desafío a las leyes de la gravedad académica que los separa. Si Salvador Dalí proclamó la estación del tren de Perpignan como el centro del universo,  Jáuregui vuelve a Surquillo, «la eterna cicatriz que se divorcia de Miraflores»,  eje, vórtice, yema, núcleo del suyo. Centro excéntrico, donde se juntan, en voluta y rizo, el lenguaje vulgar y el culto, en este gongorista de barrio populoso, en este Conde de Surquillo, como Valdelomar lo fuera de la aldea. Hay en estas crónicas suyas que me han encantado, una como respiración literaria que es un mucho más que un jadeo de periodista apresurado que finge ser su autor.

Con él regresa a las letras peruanas, la vejada cuestión del barroco. Dice cosas claras en su propio prólogo, aunque el estilo directo no sea lo suyo, tan claras que eximen de insistir, estas crónicas para que fueran reunidas y de donde vienen «…del disloque de las costumbres que provoca la migración y la marginalidad fáctica». Y en efecto, se sospecha que alguien pueda catalogar con el facilón  rótulo de prosista de la cultura «urbana popular». Pero como el autor no puede con su genio, inmediatamente evoca algunas imágenes, «las postales sepias», y algunas ideas «el reciclaje de la nostalgia, los ídolos embarrados por el calor de la industria cultural». ¿Es eso todo? ¿Un expediente no ficcional luchando contra lo efímero periodístico? ¿Un periodismo para ser leído mucho tiempo después? No, Maestro. Mucho más que eso. Un trabajo escritural. Una forma de expresión que se apoya en el discurso ordinario y coloquial para hacer otra cosa, algo pleno de expresividad, de belleza, y una inesperada intelectualización de lo pasajero, de lo turbio, lo infame y lo vulgar del contorno nada bello de Lima y de lo limeño.

Muchos van a desconcertarse. ¿Que género es este, que autor, que igual aborda la Sonora Matancera y Valdelomar? ¿Qué libertades son estas con los géneros y  categorías? Pobres especialistas, encerrados en los «ghettos» del departamentalismo idiota, ante estos períodos de prosa alargados con hurtos victoriosos que pasan de esto a aquello, de así a asá, sin otra regla que la del ingenio y el capricho.  Todo se junta: la tinta de la memoria de Mariátegui y las maderas de la música criolla, bolero y globalización, Julio Ramón Ribeyro y Zambo Cavero. Maridaje de asuntos, herejía de yuxtaposiciones.

No es la materia lo que cuenta, sino el trabajo sobre la misma. La regla del artificio. Citaré una de sus crónicas,  Jamancia. Con Platón en Cerro Azul. «En el puerto… los hombres tienen arriba de los cincuenta años y trajinan en las riberas de las frutas verdes y las comisuras de las maduras. Las niñas son altas como el guarango estrellando sus líquidos con estrépito contra las cascadas de leche y miel. Y la llanura es un relámpago sin testigos debajo de las ruedas del ómnibus deslizándose en las escamas del vértigo mientras uno se aproxima a esas playas». Bien examinado, en el párrafo citado ya se desprenden características de su estilo, a saber, la sensualidad, la voz personal y el decir por el placer de decir. Los sentidos y no seamos púdicos, el sexo, cosa rara en nuestro medio, y en hojas de periódicos. Del otro,  el propio narrador como personaje, «uno se aproxima». Y en fin, las ganas de salirse de los canales formales, ganas de sorprender. Otro de los signos de la manera barroca: si no hay sorpresa, o teatralidad, no hay efectos de estilística.

MALECON

2.

Ya he dejado caer la palabra temible, estilo. Y el lector [si este prólogo merece la urbanidad de ser leído] comenzará a sospecharse lo peor, que el prologista se toma en serio porque el libro es trascendente. Y no anda muy descaminado el perspicaz; iré  despacio para que se evite creer que es amistosa exageración. La manera de las crónicas de Eloy Jáuregui es particular, le pertenece, y eso es el estilo, que por algo viene de cálamo o instrumento de punta seca. Y aunque sus temas sean a veces de una  atroz banalidad,  Susy Díaz o Pedro Infante, siempre se las arregla para regalar una frase feliz, y al célebre cantante le califica de «único, tenaz y venéreo». Lo de tenaz pase, lo de «venéreo» es un monumento a la metonimia de la mexicanidad, a ver si Monsiváis que anda también por estas páginas nos platica.

Esta escritura parte del habla de cada día, de lo que escuchamos y resulta ser de lo más corriente, pero a punta de elipsis, metáforas y alegorías, Jáuregui las vuelve otra cosa. Dios Santo, voy a tener que decirlo. La fervorosa prosa urbana de este cronista ha envejecido de golpe el texto del mejor ensayo sobre Lima en el siglo veinte, el de Sebastián Salazar Bondy. Lima sigue siendo horrible pero ahora, albañal prodigioso, gracia venida de la desgracia, en la hora de todos y en la fortuna sin seso como en los días del laberíntico Quevedo. No, no hay lo saludable urbano sin melindres de Jáuregui ante lo deprimente cultural de Sebastián, sino que el  primero recoge al segundo, el disgusto y el gusto de Lima y  la mezcolanza, en prosa que necesitábamos, más allá del bien y del mal criollos, un oximorón de nuestras culpabilidades y gozos, todo revuelto; peruanidad, cielo e infierno.

Eloy Jáuregui arma y trama estas crónicas mediante un recurso singular, cuyo desvelamiento, espero, no le impida proseguir, de la misma manera que centrar en la verosimilitud la esencia del teatro del siglo de oro no le quitó vigor. Su principal recurso estilístico es el de la transferencia de sentidos. Todo sabemos lo que es una metáfora, «el mar rugiente», lo cual literalmente es falso, el mar no ruge porque no es una fiera, pero es bueno insinuarlo. Y nadie está en la «flor de la edad» porque los seres humanos no somos plantas. La función metafórica permite la simultaneidad de sentidos. Así, en estas crónicas, todo se expone e impone, se evoca y se toca. Mundo urbano: modas, sarro, cucarachas, racismo, rock, boleros. Para que se vinculen más allá del sentido común, muchas de sus frases comienzan en la sociología urbana o en la antropología social y acaban inevitablemente en los predios literarios. Para ello, el autor echa mano de figuras, del hiperbatón y la analogía y otros efectos retóricos. Por lo demás, Jáuregui se ha leído a lo mejor de nuestros pensadores sociales, los conoce, los cita, pero no para construir alguna teoría nueva, lo  cual es difícil y malvenida en esta edad de lo «light» y lo efímero, sino para que las ciencias sociales pasen a ser una suerte de rama auxiliar de su literatura barroca. Ese es el deslizamiento, el desliz y la lisura de Eloy. No sé que pensarán los aludidos.

biblio

3.

El juego retórico de Jáuregui es de estos días, pero tiene ilustres antecedentes. Lo jocoso, lo poético y lo macabro fue flor de obra barroca, como esa figura de la muerte que se mezcla en el regocijo del baile de los vivos, en carnavales negros e indios. El barroco ha sido siempre una respuesta al malestar de una época, y aparece [o reaparece] en épocas conflictivas como la nuestra. Precisamente en sociedades doloridas, y pese a intelectuales serios y doctores sentenciosos. [1] Viene a decir el carácter ilusorio de la realidad, y  juntando cosas, arrejuntando situaciones y personajes, como en estas páginas, es prueba de la capacidad de autoconservación que tenemos, pese a nuestros monstruosos problemas. El barroco es temática de la mudanza, teatro de sombras de vida y desgracia, apetencia de dicha entre tanta miseria y a veces desde la miseria misma, iluminada por la gracia, como en la gente que come gato en una de sus crónicas, o esos aquelarres de la jarana zamba, en Tina, Tina, la señora Valentina. Cómo quiere ese mundo, el autor !Cómo lo entiende! «La cultura del callejón es la redención de la familia, el sótano de la solidaridad con los iguales, con todos los ángeles al borde de sus infiernos, vagón de vidas en el arraigo, las inocencias en el filo del crematorio y el paraíso». Y siempre el asombro, una prosa de lo sorprendente, a veces tan sinuosa como en los «los atajos del Credo» sobre una procesión, que de tan sinuosa ya parece mexicana; otras veces la manera es  más sencilla, un retruécano, «Existió un Valdelomar zambo y fue blanco de las envidias y del deseo». Efectismo, se oye casi el coro de amigos. ¡Buena Eloy, que buena!

Crónicas que son el efecto del afecto, gira o visita guiada humana, humanista, compasiva por nuestros arcanos menos resplandeciente, el desorden y la mugre de esta gran ciudad, a la que ama,  Lima – Mala – Lima, todo un programa. De ese sentimiento, en las entrevistas, hay clara empatía con el entrevistado, la llaneza le viene espontáneamente, lujo de una urbanidad casi desaparecida. Por los amigos, cuando quiso decir algo de Julio Ramón, no vacila en tomar la frase ajena «El final de su vida se parecía a uno de sus cuentos» de Abelardo Sánchez León, a quien cita. La otra cosa que quiero decir es que el barroco engaña porque simula ser una preceptiva de la acomodación y el conformismo, siendo en el fondo, no la revolución pero sí una insumisión, un contraestilo. Pocos se atreven a que nuestro lenguaje escrito, las crónicas y artículos que leemos en diarios y revistas, se parezca al lenguaje de la calle, al de todos, a la manera como hablamos. Nuestro castellano escrito va por un lado y el hablado por el otro [salvo en la ficción, se entiende, en el cuento y la novela]. Juntar prosa escrita y oral es herejía, gracia y ocurrencia de Jáuregui. Le importa, me parece,  que las frases se escuchen, para eso, altisonantes, desparpajadas, sueltas de hueso, parte del teatro del mundo, registro sonoro de la escena viva y mudable de lo achorado, lo combi, lo achichado. [dialectología de la picaresca del siglo XXI].

Si Wölfflinn, del barroco, en su célebre trabajo dijo que este es la pura visibilidad, en este caso, nos hallamos ante una voluntad de oralidad.  Una experiencia sensible de cronista que ha deambulado y pateado calles para recoger estas viñetas de verbo y vida,  vueltas alegoría y juego, como el barroco en arquitectura  finge volutas, losetas y pilares.  Con lo cual se deduce, que Eloy Jáuregui, en el curso de los últimos veinte años, nos ha tomado el pelo. Disfrazado de cronista regular de limeñeces y de enamorado del bolero, sin decirnos que era, en el fondo, rey de sí mismo: otro tema del barroco eterno, la espléndida soledad del que tiene razón contra su época. Falsamente extravertido, en el fondo hermético, como en los poemas de Martín Adán, las crónicas de Concolocorvo, los disfuerzos de Olavide y Amarilis, sus precedentes criollos; como en la polifonía de Monteverdi, como en los cuadros de Velásquez que hace como que no pinta, como en las ilusiones del teatro isabelino, como en todas esas y tantas expresiones de la mentalidad barroca: la desesperada alegría, la disimulada grandeza, la difícil facilidad.

Tahiti, agosto del 2OO4.

[1] Como hay un arte y prosa y mentalidad barroca –está claro en Jáuregui– también es cierto que hay una sociedad barroca, en Perú, y hasta un Estado barroco, pero eso es un asunto mío, un libro en preparación, y materia para otra ocasión.

Anuncios

Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
Esta entrada fue publicada en Cangrejo Negro / Eloy Jaúregui, Crónicas, Crónicas sobre poetas, Cuento de Eloy Jáuregui, Cultura popular, Eloy Jáuregui cronista, Eloy Jáuregui: "Me alquilo para escribir(te), Feria del Libro Amazónico 2018, Usted es la culpable de Eloy Jáuregui. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.