Presentación libro: Una pasión crónica 2

Eloy Jáuregui

ME ALQUILO PARA ESCRIBIR(TE)

Fragmento del libro “UNA PASIÓN CRÓNICA

 

MALECON

1.

No son los mejores tiempos para el periodismo. Vivimos en la eclosión de la prensa exprés, del periodismo selfi y de la autoficción láctea. Asistimos, sí, a momentos del reportaje de datos y la peor hora lúbrica de la llamada posverdad. Hoy los dueños de los medios tradicionales, aquellos todavía impresos, buscan con afán mejorar su oferta porque los nuevos emporios comunicativos digitales y las redes sociales, usadas como fuente de noticias, se han duplicado en su expansión en la mayoría de los países.

Aun así, debemos celebrar la existencia de la crónica como un género periodístico. La crónica como género de la comunicación masiva y el nexo perfecto entre la información sin adulterar y la belleza de la escritura. La crónica como herramienta de atracción que, lejos de estar ajena a la puja entre los tradicional y lo moderno, entre la prensa sacramental y las plataformas digitales, hoy goza de buena salud. Y eso porque muchos periodistas utilizan las técnicas literarias y de seducción de imágenes aspirando a cultivar su propia voz para la propagación del magma de las noticias. Aquellas noticias convertidas en historias que manejan su propia gramática e, incluso, su propio tiempo para la lectura como disfrute.

Y la crónica luce robusta en las esferas del llamado periodismo interpretativo. Aunque a otros teóricos se les haya ocurrido ubicarla en conceptos como el periodismo literario o periodismo narrativo, reportajes novelados o literatura periodística. Y la crónica existe hoy vigorosa, a pesar de que desde el siglo XVIII fue objeto de polémicas y porfías sobre la naturaleza de su entraña y la función válida de su destino, cuando se esbozaban los primeros noticieros periódicos y lo que hoy conocemos como comunicación de masas.

PROMO LIBRP ELOY 2

2.

Y si la crónica es la criatura fornida del matrimonio de la literatura y el periodismo, los cronistas implican de una suerte de escritores extraños en lo que se ha llamado también la literatura de la no ficción. No es ajeno, entonces, citar la obra periodística de Gabriel García Márquez abrigada en esta paradójica relación conyugal que lo único que produjo fueron textos notables, Relato de un náufrago, por ejemplo, solo por citar una crónica imperecedera. Y de igual manera, Operación masacre, de Rodolfo Walsh, pieza inextinguible de una prensa original y ferviente de la escritura de autor que solo tuvo la finalidad de construir el mejor de los periodismos.

Las crónicas contemporáneas obligan a sus autores a ser más que hábiles en las formas creativas del contar. El contar historias con la magia de la verdad. Esa verdad que habita en el rango de la comprobación y que es la piedra angular del periodismo: la noticia. Una crónica no es más que una noticia contada como una historia. Y la noticia es la materia prima del periodismo. El cronista, entonces, solo trabaja con noticias.

La diferencia con otros géneros periodísticos está asentada en una evidencia probada que el cronista descubre y que luego construye con un flujo multidisciplinario donde confluyen formas narrativas propias del cuento, estructuras metafóricas usadas por la poesía, encuadres y tomas que se usan en la cinematografía, tiro de cámara y escenas de las telenovelas y hasta montaje y edición de las series de Netflix. Así, la crónica recupera la virtud del periodismo clásico. La de ser una exposición ordenada y explicativa que obliga al lector a leer y no como hoy ofertan los medios masivos, en productos para ver.

Portada pasion

3.

La crónica les devuelve a los usuarios el placer de leer buenas historias que son contadas con genio y gracia. Aquellos relatos que uno puede leer muchos años después de escritas y que son textos que no pierden el fulgor ni la brillantez de su redacción. Esos textos que hoy podemos encontrar en cronistas latinoamericanos como Leila Guerriero, Juan Villoro o Martín Caparrós. Villoro, quien, por ejemplo, para contarnos de un siniestro no nos narra que el incendio se propagó por todo el edificio, sino que escribe: “y todo se iba perdiendo por las lenguas amarillas que salían por las ventanas”.

Sin duda, un cronista debe conocer de todas las formas expresivas que existen, pero más del arte de la poesía. Y la poesía no es más que un lubricante que ejercita los mecanismos de nuestro cerebro, sus imágenes y su imaginación. Un gel en la que la escritura se desliza a partir de las metáforas, que es la música de las escrituras y que traslada un concepto a través del suspense a otros conceptos generando conectores analógicos. Esta operación crea polifonías adhesivas y le otorga al relato una plasticidad única que una nota informativa llana y rutinaria jamás podría conseguir.

En su libro Zona de obras, Editorial Anagrama, Barcelona, 2013, la periodista argentina Leila Guerriero advierte que las crónicas se construyen sobre el arte de mirar. Y todos los periodistas miran, y no lo dudo, pero no todos logran atrapar en esa visión un almacén de imágenes ordenadas en la trajinada pirámide invertida, esta vez no como método escribal, sino como filosofía de la arquitectura narrativa. Y que, luego, con esos enseres de diversas dimensiones, el periodista va erigiendo un texto que fluye, que entretiene, que es eficaz. Un texto que, además, cuenta con climas y microclimas, silencios, datos duros, equilibrio de voces. Y en esa labor se requiere de un diseño tan complejo como la de una buena novela o un cuento magistral que solo se consigue leyendo a los demás.

eloy en Quei

4.

Y debo citar una vez más a Gabriel García Márquez, autor de un relato formidable, “Me alquilo para soñar”, publicado en su libro Doce cuentos peregrinos. Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 2009. En el texto se describe a una dama que predice con sus sueños de la noche anterior y que indefectiblemente va a ocurrir para mal o para bien. Esa narración se ubica en esa geografía en la que Gabo ubica sus relatos, la zona en que todo lo inventado es real o, al menos, es artificiosamente existente. Estos engranajes de ficción y no ficción es una obligación escribal de todo buen cronista. Ese trabajador de la palabra que como dice el título de este capítulo, no se alquila para soñar, sino para escribirnos.

Si bien es cierto, y en este libro se plantea que hay una perfección impecable en el periodismo de los norteamericanos Tom Wolfe y Gay Talese, padres del llamado ‘Nuevo periodismo’, también se amplía la observación a nuestros mejores cronistas peruanos que desarrollan una observación crítica desde la consolidación de la República, como es el caso de Manuel González Prada o Ricardo Palma, y que tiene picos magistrales luego con las crónicas de José Carlos Mariátegui o César Vallejo. Es más, es una visión ampliada ubicar entre los textos brillantes de otros grandes cronistas latinoamericanos de los albores del siglo XX y que nos obligan a releerlos constantemente: Rubén Darío, José Martí y Manuel Gutiérrez Najera.

De mis clases rescato una recordada frase que utilizo como homenaje al escritor peruano Oswaldo Reynoso, que para ser buen escritor –y el periodista debe saber que está en esa obligación– solo hay tres obligaciones multiplicadas por tres. Y que, a decir del maestro, son “Leer, leer, leer. Escribir, escribir, escribir. Y vivir, vivir, vivir, intensamente”. Y en el tema de leer, como requisito para recuperar y mantener el buen periodismo –cierto, las crónicas lo son– debemos extraer lo mejor de los textos de aquellos escritores, periodistas y poetas que nos precedieron. Del Perú, pues, sin duda, a los periodistas Humberto Castillo, Guillermo Thorndike o Jorge Salazar, quienes lograron amalgamar la poesía de la información; y de otras latitudes, los estilos y sabia ¿es así? y sabiduría de Rodolfo Walsh, Tomás Eloy Martínez, Oriana Fallaci o Manuel Vázquez Montalbán.

Eloy en le Taller 2018 II

5.

Decía el gran escritor polaco Ryszard Kapuściński que para ser un buen periodista, en principio, uno tiene que ser una buena persona. Y yo entiendo como buena persona a ese escritor que antes que nada actúa con generosidad y sin rencores. Hay pues una actitud de desprendimiento y humanidad. Solo así, y lo sostengo sin ninguna duda, la escritura de uno se nivela con la de otros. Y esa obligación ética se materializa en leer y reconocer las virtudes de los más grandes periodistas y escritores que han construido este universo de la brillantez narrativa.

Otros teóricos sostienen que para construir buenas crónicas, es decir, erigir historias innegables solo a partir de la inmersión y la investigación personal. Y que habría que leer de las letras ajenas para, una vez digeridas, ponerles tu propia voz. ¿Y qué leer? Ni modo, pues todo lo que está escrito, sin ascos ni reparos. “Leer, siempre leer. Novelas, cómics, reportajes, cuentos, artículos, crónicas… Porque es nuestra obligación recuperar, mantener el periodismo brillante, imitar la mirada incesante de los grandes cronistas de ayer y de hoy, el genio, el tono, la tensión de los periodistas narrativos que enriquecen la profesión. Y enorgullecerse de ello”.

La literatura y el periodismo son orillas del mismo río con normas y pactos diferentes con el lector. De esta manera, los textos que usted encontrará a continuación son productos de una elucubración que tiene más de experiencia del periodismo del día a día que de la teoría de una cátedra tradicional. A cada capítulo, por lo tanto, le hemos añadido un fragmento de mis crónicas como ejemplo de esta reflexión. Dejo entonces esta propuesta asentada en un principio, que no hay texto acabado, sino que todos nos merecen de una segunda escritura para perpetuar aquel aserto del poeta Octavio Paz, la tradición de la ruptura.

PROMO LIBRP ELOY 1

6.

Soy cronista y cada escrito mío tiene su propio destino, su particular signo y específico hado. Tengo de esta manera cómplices y alcahuetes como también enemigos y antagonistas. Creo así que mis crónicas, ensayos o poemas no pasan inadvertidos porque siempre provocan escozor o gustos arrepentidos. Es cierto que intento cada vez ser un provocador probado. Un sedicioso vicioso. Y, como consecuencia de practicar las paráfrasis, los retruécanos y las parodias, me quieren y me odian. Es mi destino fino, final, sin tino y trino. Un exégeta exagerado, un leído ido. Un cantor de cantinas, un autor autorizado.

 

Eloy Jáuregui

Lima, octubre de 2018.

 

El libro “Una pasión crónica” será presentado el viernes 2 de noviembre del 2018 en la Feria del Libro Ricardo Palma.

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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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