Héroes bizarros 62/ Gamaliel Churata

 

Gamaliel Churata

LA ESCRITURA EN LA OTRA ORILLA

Una Crónica de ELOY JÁUREGUI

CHURATA En Minerva.

Gamaliel Churata rodeado de trabajadoras de la Librería, Imprenta Minerva en el distrito de Surquillo en 1968. Un año ante de su muerte.

1.

Guardo un tesoro. “Antología y valoración de Gamaliel Churata”. El libro fue editado por Instituto Puneño de Cultura y la impresión corresponde a los Talleres Gráficos de la Librería Editorial Minerva. Lima – Perú. 1971. 514 páginas. Minerva, quedaba en Surquillo. En esa imprenta trabajé en los veranos desde que tuve 15 años. Pero poseo otra joya: la fotografía publicada por el investigador puneño José Luis Velásquez Garambel en su artículo “El pez de oro, o la puerta de lógicas híbridas de Gamaliel Churata” publicada en la revista Puno cultura y desarrollo el 2 de julio de 2017. En el retrato aparece Churata rodeado de 12 damas. En ellas puedo identificar a Galdys Villafuerte y Susana Murillo, entre otras.

La historia del libro y el retrato tiene que ver en la amistad que se profesaron Gamaliel Churata y Sandro Mariátegui (hijo de José Carlos Mariátegui), propietario de Minerva desde la década del sesenta del siglo pasado. En 1969, cuando en la imprenta se preparaba la edición de  “Antología y valoración de Gamaliel Churata”, lo complicado en la forma gráfica del libro hizo que Churata viviera días de días en la imprenta supervisando el trabajo. Eso permitió entablar una relación enternecedora entre el ya anciano escritor y las jóvenes trabajadoras de Minerva, que no por ser laboriosas dejaban las fiestas de los sábados por quítame estas pajas. La foto es de uno de esos sábados cuando el escritor terminó bailando cumbias con todas ellas.

Pero aparte de la anécdota debo recordar a Gamaliel Churata que en realidad se llamó Arturo Pablo Peralta Miranda y que está registrado que nació en Arequipa, calle Beaterio (19 de junio de 1897 – 9 de noviembre de 1969) y desde muy pequeño se radicaron con su familia en Puno y que junto a su hermano Alejandro, fueron baluartes para consolidar una iluminada cultura de la región y que en aquella convulsionada realidad del Altiplano peruano, encontraron el estímulo de su creación literaria y motivaciones para una fecunda praxis política.

La obra cumbre de Churata es El pez de oro pero es mucho más porque fue fundador del grupo culturalista Bohemia Andina (1915), de la revista literaria La Tea (1917), del Centro Cultural Orkopata, y del Boletín Titikaka (1919-1931). Como bien dice la doctora Guissela Gonzales Fernández en “El proceso americano. Evolución de una estética en los artículos de Gamaliel Churata” el prolífico escritor es considerado como uno de los cuatro grandes del movimiento indigenista peruano, junto a Manuel González Prada, José Carlos Mariátegui y Víctor Raúl Haya de la Torre.

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Demetrio Peralta (“Diego Kunurana”), Victor Cuentas Ampuero, R Rodrigo, Eustaquio Rodríguez Aweranqa. Sentados Alejandro Peralta, Aida Castro (esposa de Churata), Arturo Peralta (Gamaliel Churata). Archivo de José Luis Ayala.

2.

Así decía en un texto original, que el Perú es una contabilidad pendiente. Desde el problema del indio que señalaba Mariátegui pasando por el wakcha Arguedas, los laberintos de la choledad y doliéndonos por el caso Conga, la actuación de la derecha bruta y achorada y la organización criminal detrás de fujimorismo. El debate entre literatura regia versus las letras ‘lorchas’ tampoco está zanjado. Y de aquello también estábamos atentos junto al Zambo Goyo Martínez, mi profesor de primaria, con guardapolvo y palmeta en el colegio fiscal también de Surquillo. Y así nos mordemos pero no nos tragamos. No obstante, vamos a conversar de la gran escritural que se escribe en el Perú. Que abunda pero se conoce poco.

En mi texto “La escritura en la otra orilla” del 2009 describía un breve perfil del periodista y poeta Gamaliel Churata, extraordinario literato peruano que consolidó la escritura de autor y le otorgó dignidad al indigenismo. Ayer es vuelto a revisar gracias a la publicación de la edición crítica y comentada del libro de Churata “El pez de oro” (A.F.A Editores Importadores), trabajo descomunal del poeta y maestro José Luis Ayala.

Pero quién fue el escritor Churata. Allá, por el verano de 1975, cuando en la casa que teníamos como refugio los jóvenes poetas de Hora Zero en la calle Torres Paz en Santa Beatriz –Jorge Pimentel, Tulio Mora, Alfredo Portal, Miguel Burga y otros inmortales–, mientras leíamos “Paterson” de William Carlos Williams donde nos sorprendíamos con aquel texto emulsionado de poesía, prosa, collage e incluso, con fragmentos de publicidad, como una suerte de urdimbre épica, montaje de escenas, imágenes amalgamadas y escasez de verbos conectivos, cuando de pronto descubrimos el libro “El Pez de oro” de Gamaliel Churata. Lo trajo a nuestro corazón el poeta puneño Omar Aramayo, hermano telúrico quien acababa de publicar su poemario Axial. Fue un deslumbramiento más que una conmoción.

Churata 1

2.

Con el poeta Tulio Mora habíamos descubierto un poco antes al verdadero Arturo Peralta Miranda: “Gamaliel Churata”. Mora lo conocía bien gracias a su investigación desde una línea que estaba a caballo entre la antropología y la literatura. Yo, como lingüista, había detectado –desde mi niñez cuando escuchaba a don Alejandro Peralta, hermano de Churata y gran amigo de mi padre— que cuando se referían a “El Pez de Oro”, hablaban de uno de los libros más singulares de la literatura peruana del siglo XX. Cierto, el texto gozaba de una indescriptible oscuridad y permanente complejidad. Era un libro polisémico y polifónico. Tejido en la urdimbre de del discurso mítico andino como estructura de totalidad discursiva, no sólo como escritura secuencial. Un universo diferente, brillante, luminoso.

En su libro “Ideología y política”, José Carlos Mariátegui dice del libro de Churata que: “ha devenido para inaugurar y organizar un debate; no para clausurarlo. Es un comienzo y no un fin”, se reafirma el “Amauta”. Debate, digo yo que empezaría precisamente con el trabajo serio con el texto-tesis del propio Omar Aramayo: “El Pez de Oro, la biblia del indigenismo” (Puno. Mimio. 1979). Luego, en la “Historia social e Indigenismo en el Altiplano del Dr. José Tamayo Herrera (Cusco. Ediciones Treintaitrés.1982).  La tesis de mi colega Miguel Ángel Huamán: “Las fronteras de la escritura. Discurso y utopía en Churata” que es de 1994, de brillante habilidad hermenéutica y rigurosidad teórica en el tejido literatura, cultura y sociedad. Y hasta un tiempo, el estudio ya mencionado de la Dra. Guissella Gonzáles Fernández “El dolor americano. Literatura y periodismo en Gamaliel Churata” (Fondo Editorial del Pedagógico San Marcos. Lima 2009).

Un detalle en el libro de la Dra. Gonzales. Ella recorre la vida de Churata desde 1955 cuando se intenta publicar “El Pez de oro”. Churata ya vivía en La Paz, Bolivia y editar su libro fue una tarea descomunal, según sus entrañables amigos bolivianos; “había escrito demasiado”. Tanta vida Churata, digo yo, convertido en trenza escribal. Vida intensa de vida allá en Potosí, en La Paz, allá donde vivía junto a sus camaradas. Y sobraban ganas, y faltaba el golpe monetario. Y así el libro quedó adormilado por más de 2 años hasta que en 1957, el escritor Jacobo Liberman, se compromete a terminar el dolorosísimo parto que se había gestado en la Editorial Canata y en los talleres de la SPIC. El 12 de abril de 1957 el libro nace robusto aunque desconcertado como un torete, el primero de la llamada trilogía Inkasica que completan Teatro del Hallugrito y Hararuñas de Challpa-Tullu.

churata 3

3.

El estudioso suizo Marco Thomas Bosshard explica en su investigación  “Hacia una estética de la vanguardia andina. Gamaliel Churata entre el indigenismo y el surrealismo” que Churata no se contenta con estructuras sintácticas quechuas y aymaras que incorpora al castellano, sino que también intenta hacer lo mismo en el nivel léxico. Lo cito: “Por eso, resulta casi imposible comprender “El pez de oro” sin hacer uso del glosario al final del libro, y esto imposibilita o, por lo menos, complica bastante el proceso de transculturación, revalorizando más bien el factor de la resistencia cultural que, sin embargo, le es inherente. No obstante, sería erróneo creer que Churata se encierra en un autoctonismo fundamentalista, que rechaza todo pensamiento occidental. Quienes afirman esto —si es que los hay; no estoy muy enterado del debate actual en el Perú— se están engañando”.

El Pez de Oro es un libro-hombre. Los más de 6 mil artículos y crónicas desperdigados en diarios y revista de Bolivia y el Perú son eso. Una vida. La escritura de la hibridación. La magnifica oralidad transformada en escribalidad refulgente. Gnoseología genuina, literatura de cojones. Que era modernista sí. Pero más indigenista. No del trasnochado sino del indigenismo nuevo, genial y creativo. De eso trata ahora la serie de libros que publica José Luis Ayala. De re valorar aquello que es desconocido. Digo, de ese texto que contradice el canon. Qué hubiese dicho el almidona maestro nueyorkino Harold Bloom para quien no hay matices. Qué dijo el viejo Luis Alberto Sánchez, tan pegado a la raíz cuadrada del gesto.  Churata es atemporal por su estética cual retablo de palabras. Aquella estética como articulación expresiva para un fin. Acaso Guamán Poma de Ayala, de seguro, el mismo José María Arguedas.

Si Antonio Cornejo Polar afirmaba en 1989 que “El Pez de Oro” era uno de los desafíos y retos no asumidos de la crítica peruana, el libro de Ayala bien lo pueden tranquilizar. Leo en Internet que en los últimos años, parece que la discusión se está polarizando en torno a la idea de si se trata de una obra conectada con la cultura andina –léase a Bosshard 2002, a Pantigoso 1999, a Zevallos 2002–, o si su peculiar estructura y punto de vista los explican más bien las referencias vanguardistas, en especial el surrealismo como asegura el profesor italiano Riccardo Badini en su investigación de “El Alfabeto del Incognoscible de Gamaliel Churata” y la posterior publicación de uno de los inéditos de Churata: “Resurrección de los muertos”. (Asamblea Nacional de Rectores. Lima  2010).

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El maltratado mausoleo de Gamaliel Churata.

4.

No puedo desconocer el trabajo de Helena Usandizaga, catedrática de la Universidad Autónoma de Barcelona quien ha publicado una edición crítica de “El pez de oro”. Cuando explica del desconocimiento mayoritario de Churata sobre todo en el Perú es tajante en señala que es por descuido de nuestros doctores. A la falta de difusión que implica que el libro es considerado “oscuro”, ella señala que el asunto está  en su lenguaje rupturista, mezcla de lenguas, fragmentariedad y su carácter onírico. Por ello Churata resulta un marginal. Pocos en el Perú pero muchos en otras partes del mundo han enriquecido la lectura de “El pez de oro” que lo sitúan entre las grandes obras latinoamericanas del siglo XX.

Yo tengo que terminar –como cronista más que periodista—observando aquel parecido en un libro clave en la inmensidad de James Joyce. Su “Finnegans wake”, última novela de 1939. Libro casi prohibido para traducirlo al español, según los doctores literarios. Que para este texto de Joyce requiere una preparación previa e incluso una vocación y carácter determinados, es cierto. Pero si les mostrase a estos sabiondos “El Pez de Oro”, seguro que lo llamaría una herejía.

Y culmino con el hermético cubano, José Lezama Lima, Acaso el Churata del Caribe. Y recién vuelto a visitar en su casa de La Habana. La escritura –toda— es para Lezama la recuperación de la dignidad nacional a través de la literatura. Al decadente clima provocado por las ambiciones de los políticos de profesión y al autoritarismo, habrá, pues, que oponerle la dignidad de su poesía. Joyce, Lezama Lima como Gamaliel Churata son nuestros escritores-matrices. Sólo con ellos se escribirá en libertad. Y celebro esta vez a un peruano. Y no soy sobón.

churata y encinas en la paz

Gamaliel Churata y José Antonio Encinas en La Paz.

 

DOS POEMAS DE GAMALIEL CHURATA

MATINAS

tiembla la pulpa campestre
del polen de los surcos
y de la médula del viento
el aire pule con amor
el cero dulce
se abraza en el rumor de los trigos maduros
perfume silvestre
danza pastoril
el árbol preñez de canto
OH ANDINO SABOR DE FRUTA
CANCIÓN DESVANECIDA EN ÉXTASIS
¡Cómo se astillan el pedernal y el alma
en el efluvio que amanece!

MATINAS

Castidad de la madrugada
en el fogón y la escarcha.
Con el potro relincha
el corazón de la montaña.
En la leche blanca
de la vaca bermeja
me bebo a sorbos la mañana.

 

 

(Fragmento de un texto tomado del libro EL MÁS VIL DE LOS OFIDIOS, Eloy Jáuregui, Lancon,  que se editó en julio del 2013.)
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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
Esta entrada fue publicada en Cangrejo Negro / Eloy Jaúregui, Churata y El Pez de oro, Gamaliel Churata por Eloy Jáuregui. Guarda el enlace permanente.

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