Limeñenses 72 / El Tunante

Abelardo Gamarra, “El Tunante

Criollo de la sierra

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

 

“El Tunante fue un peruano integral. De provincia, que se hizo de la capital. De una generación admirable, fue gran periodista y escritor, y político y compositor. Lo recordamos hoy por sus aportes a la cultura popular en la forja de la identidad nacional.

 

 

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1.

No todos los de Lima son limeños. El limeño no nace, se hace. Y Lima es la ciudad más provinciana de todas. Así: “Ricardo Palma era un criollo de Lima; Abelardo Gamarra, ‘El Tunante’, fue un criollo de la sierra”. Este aserto final no es mío. Pertenece a las páginas de los “7 Ensayos de Interpretación de la Realidad Peruana” de José Carlos Mariátegui. Y “El Amauta” insiste: “Gamarra es uno de nuestros literatos más representativos. Es, en nuestra literatura esencialmente capitalina, el escritor que con más pureza traduce y expresa a las provincias. Tiene su prosa reminiscencias indígenas. La raíz india está viva en su arte jaranero”.

El 9 de julio de 1924 moría en Lima Abelardo Gamarra Rondó, “El Tunante”.  Había llegado muy joven a la capital desde su pueblo de Sarín, provincia de Huamachuco, departamento de La Libertad, donde había nacido un 31 de agosto de 1850. Con él y su adaptación uno entiende los procesos socioculturales  en la forja de la identidad del peruano de Lima. La Lima del siglo XIX, la aldea utópica o la urbe en construcción, que todavía era herencia de los fastuosos virreyes –a decir de José de la Riva Agüero— y su turba de pretendientes y palaciegos, sus frailes analistas, sus letrados, panegiristas y retóricos.

No se enraizó en otro lugar que no fuera el centro de Lima. El conocido Callejón de Mena que se ubicaba en la Calle de Ollerías, hoy la cuarta cuadra del jirón Cañete en el Barrio de Monserrate o Cuartel primero. Y la mayoría de edad lo encontró en el mismo vórtice de una Lima a punto de parir otro tipo de urbe. Y el  Callejón de Mena tenía ese nombre por un zambo jaranista, quimboso, mechador y maestro de la zamacueca. Gamarra así tuvo la suerte de hacerse amigo de Mena y casi aprendió todo de él. Al zambo le gustaba vestirse elegantemente con anillos de brillantes y gruesas cadenas de reloj. Además, a la casa de Mena llegaba un escritor que estaba de moda en esos años, don Manuel Ascencio Segura, entonces su educación sentimental fue descomunal.

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Gamarra es el prototipo del nuevo limeño. Un joven de estrato popular que  termina su secundaria en el Colegio Guadalupe y que pasa luego a la  Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Le toca, de esta manera, vivir en la ubre misma del costumbrismo, corriente obcecada de la literatura y el arte que había llegado directamente de España, como expresión reaccionaria a la modernidad. Caso contrario ocurría en Francia e Inglaterra. Gamarra entonces rechazó estos modelos estéticos y buscó más bien en la esencia popular lo que luego sería su propuesta crítica. Por ello decía Mariátegui: “A Gamarra no lo recuerda casi la crítica; no lo recuerda sino el pueblo. Pero esto le basta a su obra para ocupar, de hecho, en la historia de nuestras letras, el puesto que formalmente se le regatea”.

Pero Gamarra tuvo que luchar contras las jerarquías discriminadoras que con una imagen artificiosa defendían aquella arcadia colonial limeña. Esa actitud se plasmaba en la discriminación inveterada de las clases dominantes que se oponía a un nuevo espíritu representativo y popular que todavía hoy se sigue imponiendo en Lima producto de una herencia de exclusión antigua, estática, mantenida a través de tiempo sin mayores cuestionamientos. Gamarra entonces expuso su idea ya como periodista, ya como político, ya como compositor peruano. Gamarra es quien bautiza con el nombre de “Marinera” a la danza costeña hasta entonces llamada “Zamacueca”, cuyo baile luego, también dio origen a la “Cueca” chilena y a la “Zamba” argentina. Por ello fue llamado por Ciro Alegría como “El escritor del pueblo”.

Y fue periodista de campo desde  en la secundaria escribiera crónicas urbanas en “El Guadalupano”. Después lo leemos en “El Nacional”, “El Perú Ilustrado”, “La Prensa”, el semanario “Integridad”, que fue fundado y dirigido por él. Con la Guerra del Pacífico, Gamarra fue hombre de prensa y soldado. Ya con el grado de teniente, funda la revista “La Bandera del Norte” que funciona como vocero de guerra y alienta a la población a la resistencia. De esos años son sus libros “Detrás de la cruz el diablo” (1877), “Novenario de Tunante” (1885), “La batalla de Huamachuco y sus desastres” (1886), “Costumbres del interior” (1888), “Lima: unos cuantos barrios y unos cuantos tipos” (1907), y “Cien años de vida perdularia” (1921) entre otras obras más.

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Dice a la letra el maestro Luis Alberto Sánchez (La Revista, 1927): “Perseguía un ideal de perfección inalcanzable. Se enfervorizaba por el ideal de la integridad nacional. Sus dardos, sus risas, escondían una pasión muy honda por la Patria. De sus propios relatos costumbristas, en que le plugo derrochar su talento, no es posible deducir una filiación netamente de tal, de costumbrista, de “criollo”, según la acepción corriente, en que se usa este vocablo. Y sin embargo, nadie menos criollo que Gamarra, dentro de ese mismo contexto”.

En 1884 fue deportado al Ecuador. Su campaña periodística contra el gobierno de Iglesias fue formidable. Luego se fugó en el puerto de Salaverry plegándose a la resistencia que Andrés A. Cáceres mantuvo en el norte. Con el triunfo de Cáceres, regresa a Lima, sigue de periodista, y dirigiendo el semanario La Integridad hace eco del radicalismo de Manuel Gonzales Prada. Gamarra así, con 50 años de periodista siempre estuvo junto al pueblo, dedicándose a sostener la verdad de su pensamiento y formular las ansias de su patriotismo. Ese es su ejemplo.

 

“El Tunante” por Sánchez

Gamarra se indignaba a menudo contra lo llamado, trunca y pintureramente “criollo”, viendo en ello un cierto jaez de flamenquismo. Cuando tuvo una polémica sobre la marinera, él mismo la definía como un aspecto fragmentario de la nacionalidad, mientras que el yaraví, encarnaba el alma de la nación.

A “El Tunante” se le ha malcomprendido. Hoy le endiosan porque le saben representante vernáculo de nuestra literatura. No es del todo cierto que él con Palma y Prada sean lo unico de nuestra literatura, como dijera More. Pero sí es cierto, que Gamarra es totalmente distinto a los otros. Su filiación gonzalezpradeana le condujo por senderos de austeridad indoblegable, claramente expresados en el título de la hoja que escribió durante toda su vida: “La Integridad”.

“El Tunante” fue un escritor al que se ha glorificado póstumamente. Mientras vivió se le tuvo en poca cuenta y fueron muy escasos los que le comprendieron y elogiaron. Después de muerto, el panorama ha sufrido una brusca sacudida. / L.A.S  publicado en LA REVISTA, 25 de Agosto de 1927.

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Fragmento publicado en la revista VARIEDADES, Lima, julio 2017.
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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
Esta entrada fue publicada en "El Tunante" por Eloy Jáuregui, Cangrejo Negro / Eloy Jaúregui, Crónicas, Cultura popular, Eloy Jáuregui cronista, Literatura de la no ficción, Narrativa peruana, Periodismo literario, Periodismo narrativo y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

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