Del libro: EL SON DE LA HABANA

 

CASTRO Y CENIZAS

LA MUERTE DEL COMANDANTE, CUBA, SON Y DESAZÓN

Escribe ELOY JÁUREGUI *

 

 

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En el golfo

el Granma avanza

rajando la niebla.

Luis Rogelio Nogueras

&

Las islas surgieron del océano, primero como islotes aislados, luego los cayos se hicieron montañas y las aguas bajas, valles. Más tarde las islas se reunieron para formar una gran isla que pronto se hizo verde donde no era dorada o rojiza. Siguieron surgiendo al lado las islitas, ahora hechas cayos y la isla se convirtió en un archipiélago: una isla larga junto a una gran isla redonda rodeada de miles de islitas, islotes y hasta otras islas. Pero como la isla larga tenía una forma definida, dominaba el conjunto y nadie ha visto el archipiélago, prefiriendo llamar a la isla isla y olvidarse de los miles de cayos, islotes, isletas que bordean la isla grande como coágulos de una larga herida verde. Ahí está la isla, todavía surgiendo de entre el océano y el golfo: ahí está.

Vista del amanecer en el trópico. Guillermo Cabrera Infante.

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1.

FIDEL: PATRIA O MUERTE, LA ETERNIDAD

 

Es la madrugada en La Habana de este sábado 26 de noviembre del 2016 y tengo la impresión que no quiere amanecer en esta ciudad. Hace unas horas, antes de la medianoche, la capital de Cuba vivía su manera especial de ser una urbe festiva y bullanguera. De pronto, la televisión nacional cortó la transmisión. Y luego de un breve silencio apareció en las pantallas la figura del presidente Raúl Castro. Raro, a esas horas, el gabinete del hermano del líder histórico, con la figura de José Martí detrás de su poltrona carecía del brillo habitual de sus anuncios. Esta vez le faltaba la luz y su voz entrecortada anunció que el Fidel Castro había fallecido a las 10 y 29 de la noche. Entonces nunca fue más noche que esa noche. Y todo se calló. Un llanto sordo como nunca se oyó invadió toda la isla y la tristeza se hizo estruendo silente. El líder máximo de la Revolución Cubana se había marchado a la eternidad.

Llegué a La Habana desde Europa hace un par de semanas a culminar un libro que vengo trabajando desde el año pasado. Curioso, mi estadía en Cuba coincidió en el 2015 con la visita del Papa Francisco, luego con la llegada oficial del presidente de los Estado Unidos Obama y no me perdí el concierto de Los Stones. Pero otros hechos habían amotinado mi visita y mis eternas sorpresas. Que luego, más de medio siglo del bloqueo criminal que padece Cuba, sus gentes mantienen un espíritu indoblegable y heroico. Así, este país no se parece a ninguno. Y hoy, observo como la muerte de Fidel Castro, va a recargar ese vigor y ese ánimo invencible de todos los cubanos.

En la madrugada de este sábado se anunció que se ha decretado un duelo de nueve días y que se han suspendido casi todos los actos oficiales. Que Fidel Castro luego de las exequias en La Habana será traslado a Santiago de Cuba donde descansará para siempre volviendo a recorrer a la inversa, a lo largo de la isla, lo que se llamó ‘La Caravana de la libertad’ en 1959 con el triunfo de la Revolución.

En Agosto, cuando Fidel Castro cumplió 90 años, en el Teatro Karl Marx se le organizó un homenaje donde el líder máximo cubano fue visto públicamente por última vez. Castro lucía con una tenida deportiva y con un ánimo envidiable. En el espectáculo solo participaron niños de una escuela habanera. Hoy veo esas imágenes y sé que la Revolución Cubana tendrá continuidad, unión y prolongación. He comenzado a escribir este breve texto de noche y pedía que amanezca. Ya es la 6 de la mañana y jamás he observado desde mi ventana un sol tan esplendoroso y refulgente. Sé que es Fidel Castro, a unos metros de mi casa, quien ha construido este brillo eterno.

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2.

ESTA HABANA SIN FIDEL

 

1.

En un popular restaurante de la Calle 23, la más trajinada vía comercial y festiva del Vedado, el elegante reparto de La Habana que desemboca en el famoso malecón, a eso de las once de la mañana pedí una cerveza apurado por el calor y mi larga caminata por las zonas más importantes de la capital cubana. La joven que atendía con toda la amabilidad del mundo me expreso que desde esa mañana había una sugerencia para no vender bebidas alcohólicas. Ni modo, pedí un jugo y seguí en lo mío.

Cierto, horas después que los habaneros se esteraron de la muerte de su líder histórico Fidel Castro, uno sintió que un intenso ramalazo de tristeza los había casi paralizado a la mayoría de cubanos que observé por las calles. Todos hablaban con la solemnidad de la media voz y aunque muchos siguieron sus actividades, taxistas, comerciantes y los trabajadores de los hoteles, no obstante, la bullanga, el típico jolgorio y los gritos altisonantes, guardaban un silencio que sobrecogía.

2.

Cerca al mediodía en las famosas escalinatas de la Universidad de La Habana de la calle L, la situación era diferente. En el mismo lugar donde a principio de la década del cincuenta un estudiante de Derecho, enfebrecido y seguido por cientos de compañeros y que a la sazón de llamaba Fidel Castro Ruz, casi a diario, salía en sus largas marchas de protesta contra la dictadura de Fulgencio Batista. Esta vez, un centenar de jóvenes vestidos a la usanza moderna y con una banderola recién preparada donde se leía: “Fidel, Hasta la victoria eterna”, lanzan cantos y arengas. Uno que ha visto las imágenes históricas de aquellas jornadas de los cincuenta se da cuenta que aquella vez los estudiantes mostraban una rabia propia de la impotencia contra la tiranía. Hoy estos chicos, al contrario, lucen igual de valientes y decididos. Pero han llorado desde hace unas horas. Y uno los entrevista y a ellos se les quiebra la voz y hasta sollozan. Cierto, ha muerto su padre histórico y no se puede con esa pena.

En la avenida de Los Presidentes, la vía educativa habanera se encuentra la Casa de las Américas, la gran institución cultural que premiaría desde los sesenta a tantos escritores peruanos y que hoy luce cambiada. El último viernes había asistido a una conferencia magistral del gran historiador mexicano Paco Ignacio Taibo II a propósito de la presentación de su libro extenso “Ernesto Guevara, también conocido como El Che”. Fue una fiesta cuando ésta celebra la historia y recuerda a un héroe como El Che.

Desde la mañana la institución era un hervidero lozano y risueño de profesores, instructoras, libreros y donde su director, el poeta Roberto Fernández Retamar, aunque encorvado por su trajín revolucionario, mostraba un humor envidiable. Por la noche todos terminamos extasiados de ese júbilo que dejan las historias dignas que hablan de los tiempos heroicos. Digo que hoy luce cambiada. La bandera a media asta, las cortinas cerradas y un desfile de sombras que no acepta que el líder se ha ido para siempre aunque viva eternamente.

3.

El Consejo de Estado de la República de Cuba es una institución que tiene su propia gramática. A la aparición del presidente Raúl Castro a la medianoche del último viernes anunciando la muerte del líder histórico, su silencio es una constante que apenas se quiebra cuando la Comisión oficial organizadora de los actos fúnebres, de manera escueta, va informando de directivas muy concretas, la suspensión de una serie de actos públicos que ya estaban organizados en toda Cuba como el desfile en la Plaza de la Revolución para celebrar los 60 años de la travesía del mítico Granma, la nave que desembarcó en la isla a los 82 revolucionarios que iniciaron las guerrillas para derrocar tres años después al régimen de Fulgencio Batista.

Aquí no declaran ministros o congresistas de pacotilla. Lo público es una norma de dignidad. Aquí no existe apañadores de la corrupción ni televisión basura. Esta es una sociedad que no padece de una derecha ignorante y cavernícola. En la televisión se leen los mensajes de condolencia del Papa Francisco desde El Vaticano, de presidentes como Francois Hollande de Francia, Vladimir Putin de Rusia o el mismo Barack Obama de los Estados Unidos. Cierto, los envíos de mandatarios como el venezolano Nicolás Maduro o de Evo Morales de Bolivia o el ecuatoriano Rafael Correa se transmiten como amplios videosmensajes casi como  reportajes con sentidas declaraciones, historias y fotos.

4.

Conversando con Miguel Barnet, el presidente de la Unión de Escritores y Artistas me contó que estaba muy triste, abatido pero hoy más creativo que nunca porque tiene que seguir con el proceso. “El Comandante era más que un estadista un iluminado. Yo lo vi hace unos días cuando recibió al presidente de Viet Nam. Y a pesar de su edad era ese hombre teórico con una visión crítica desde que fue un abogado joven y hasta que se convirtiera en ese hombre de acción con ese modelo martiano y de la impronta de Maceo. Luego ejerció una actitud amplia y democrática que fue el diseñador de nuestra política cultural, de nuestros principios científicos y todo el desarrollo científico técnico. Yo no creo que haya muerto, está vivo en sus ideas. Si en la tierra fue nuestro guía, ahora que está en el cielo, seguirá siendo el líder”.

Desde el Perú, la televisión oficial cubana propaló un reportaje donde se mostró a un grupo de profesionales peruanos quienes habían llegado hasta la sede de la embajada de Cuba en San Isidro para demostrar su agradecimiento porque gracias a Fidel Castro ellos habían estudiado becados en las universidades cubanas y hoy trabajan en diferentes disciplinas en todo el Perú. Hoy en Cuba, otros cientos de peruanos estudian igual que aquellos y desde el lunes se preparan para asistir a las honras fúnebres que se definen en estos momentos para que los cubanos despidan las cenizas de aquel que la mayoría considera un padre de la dignidad e integración.

Por la tarde llegué a la Plaza de la Revolución. Estaba vacía de tristezas y apenas un grupo de turistas canadienses, ajenos al hecho histórico que acababa de ocurrir, sonreía para sus fotos y videos. Yo, había asistido en otros días a este recinto donde millones de cubanos desfilaban para saludar a su Comandante en agradecimiento a su Revolución. Fidel desde el estrado principal devolvía los saludos a lo largo de las marchas que demoraban más de veinte horas. Repito, la Plaza de la Revolución lucía vacía. Mañana, los corazones cubanos inundarán con su sangre digna y orgullosa.

 

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3.

LAS CENIZAS QUE ENCIENDEN LA PASIÓN

(O la guayabera que me regaló mi padre)

 

 

1.

Un domingo en La Habana es una epifanía sagrada del gozo como decía Lezama Lima. Esta vez  no. En el reparto del Vedado, esa suerte de Miraflores con Barranco limeño donde vivo, la edición de los diarios de este domingo no se venden en los puntos habituales.  Tuve entonces que dirigirme a La Habana Vieja, el centro histórico infestado hoy de turistas europeos y al fin, los pude adquirir. Las ediciones de Tribuna de La Habana (Órgano del Comité Provincial del Partido) y del Granma (Órgano Oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba) solo tratan en sus contenidos de la figura de Fidel Castro. Y está bien. En las 16 páginas de cada uno hay perfiles y semblanzas de su trascendencia y una que otra directiva y el plan desde hoy a partir de las nueve de la mañana para el acceso al Memorial José Martí para rendir tributo al Comandante en Jefe de la Revolución Cubana –así está escrito y descrito.

Desde el domingo hay una orden tácita que todos cumplen sin chistar. Se prohíbe el expendio de bebidas alcohólicas. He preguntado a mozos y barmans que de dónde vino la ordenanza y nadie me explica la razón. Sin embargo en los cientos de restaurantes y cantinas del centro histórico, este domingo se vende ron, vinos y cervezas a raudales. Es común ver en La Habana a policías en parejas un tanto invisibles y muy parcos en su trato. Un amigo me cuenta que hay otro sistema de seguridad que todo lo ve y todo lo sabe. Por ello los gendarmes de esta ciudad, como distraídos por aquí y por allá, pasan desapercibidos y en La Habana Vieja la vida continua a pesar de los nueve días decretados como Duelo nacional.

2.

En la Calle Obispo, la vía peatonal más comercial de la zona todas las tiendas están abiertas este domingo por la tarde aunque comparado con otros días, les falta su signo y sonido tradicional, la decena de grupos musicales que interpretan –y muy bien–  sones, guarachas y boleros. Algo me llama la atención, la cantidad de arreglos navideños. No recuerdo haber visto antes un arbolito con lucecitas y esos copos brillantes. Hay así estrellas, copos de nieve y solo falta Papa Noel. Luego, en todos los bares y “paladares” se ofrece lo mismo, mojitos, cubaslibres, aunque en las cartas y menús hay un nuevo plato estrella: “Cebiche peruano”. Lo siento, no lo pediré jamás.

Cuando hablo con uno y otro cubano, grandes y chicos y sobre todo, con mujeres maduras que es lo mío, nadie se refiere al líder fallecido como “Fidel”. Todos dicen o “el comandante” o “mi comandante”. En la Plaza de Armas existe desde siempre una feria de libros usados y otros objetos de valor. Amadeo, mi viejo amigo, me ha conseguido algunas ediciones que por andar enamorado, los presté y jamás me las devolvieron, como mi corazón. Al fin, en La Habana de hoy, me han devuelto mis joyas: literatura varia, música en ideas y vinilos, poesía rotunda y sobre todo, la dignidad y valentía de los cubanos.

3.

En el Perú, incluso antes de la revolución de Velasco, mi padre había puesto de moda la guayabera. Sí, esa camisa amplia de 4 bolsillos con pliegues verticales. Nadie supo de dónde las compraba o si acaso él mismo las mandaba a confeccionar. Cierta vez, en los 70, cuando yo era un pelucón que me computaba Carlos Santana, mi padre me regaló una guayabera de color crema. Dijo, para que ames a Cuba y a toda su cultura. Yo me la ponía  una que otra vez y le decía que la guayabera no era lo mío. No se molestó, pero ya no fue el mismo. Ayer domingo, en La Habana, me he comprado una guayabera igual. Hoy la luzco con orgullo, emoción y recuerdo. Seguro que ya también no seré el mismo.

Anochece en La Habana y en el bar del Hotel Presidente de la calle G. la vida tiene sus recompensas. En la barra muy bien surtida está sentada una pareja de españoles. Ella bellísima, él con dinero. Les muestro mis joyas literarias recién adquiridas y me las quieren comprar. Jamás, les digo. Vine a La Habana para recordar a mi padre, su valor y dignidad. En la madrugaba llovió como nunca. Hoy salió el sol y asisto a los funerales del padre de todos los latinoamericanos, cierto, decentes.

 

 

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4.

LOS FUNERALES DE PAPÁ GRANDE

(“No somos comunistas, somos Fidelistas”)

 

1.

Las últimas horas de Fidel Castro en su casa de La Habana, según los lugareños, ubicada en la Autopista Este-Oeste que parte a la provincia de Pinar del Río, tiene múltiples versiones. Circula la información que un paro cardiaco lo sorprendió mientras dormía. No obstante varios periodistas locales, cuando tomábamos un café en plena Rampa, me contaban que ya desde la mañana a su muerte, el histórico líder de la Revolución cubana se había agravado a tal punto que fueron convocados una decena de médicos a la unidad hospitalaria que se había instalado en su propia residencia. Sin embargo, ni el Sistema Informativo de la Televisión Cubana, ni las pocas emisoras que se escuchan en La Habana, ni los tres diarios que se editan en Cuba señalan ni el mínimo detalle del suceso. Cuando le pregunté a un veterano taxista que cómo había muerto Fidel Castro, él que era muy locuaz, apenas alcanzó a responderme: “de esos asuntos no hablamos los fidelistas”.

Es cierto, desde muy temprano en la mañana del lunes, mientras aguardaba en la fila –aquí no se dice cola— para que se abra el imponente Memorial mausoleo de José Martí de la inmensa Plaza de la Revolución donde descansa las cenizas de Castro, dos veteranos que me antecedían se pusieron de acuerdo para convencerme que en Cuba, la mayoría no era comunista sino “Fidelista”. La gramática política de los cubanos es como ellos, variada, de contra puntos, de acuerdo al calor. Hasta ayer no había escuchado en las calles términos como marxista-leninista, ni materialismo dialéctico, ni lucha de clases. Aquí hay dos términos que nadie duda en expresar: Pueblo y Revolución. Y a lo largo de la ardiente mañana donde tres enormes filas de cubanos empujaban para subir al recinto donde descansaba su comandante para despedirse, todos con los ojos mojados y las frases en sordina solo hablaban de la muerte de su padre.

El poema Fidel de Miguel Barnet se editó a página completa en la edición de hoy en toda la portada del diario Juventud Rebelde: “Es cierto que los poetas / atrapan instantes de la vida / y los fijan en la historia / Generalmente el pasado / vago y nostálgico / O el presente inmediato con sus fuegos sutiles / y sus reverberaciones / Pero qué difícil atrapar el futuro / y colocarlo para siempre / en la vida de todos los poetas, / de todos los hombres”. Aquello es un sello de la prensa cubana que a pesar de contar con excelentes periodistas escritos, sus publicaciones mantienen un magma simbólico, metafórico y en clave. Las cosas del Estado son del Estado y las asuntos del pueblo, pues del pueblo. No hay el manoseo de los diarios del Perú donde el político vale tanto o menos que una “malcriada” del diario Trome –con el perdón de Trome— o un musculoso bobalicón de “Esto es guerra”.

2.

A las nueve de la mañana, cuando se abrieron las puertas para despedir a Fidel en toda La Habana retumbaron 21 cañonazos que se oyeron en todas partes. Miles de personas de todas las edades entonces, avanzaron en silencio con pequeños ramos de flores. Lo que me llamó la atención, al contrario, era que aquellos que no portaban ni nardos ni clavales llevaban sus smarphones con sus respectivas cámaras de videos. Aquello, solo hasta el año pasado era imposible. Recuerdo, que hace un poco más de un año, cuando el Papa Francisco realizó una misa solemne en esta misma plaza, solo uno que otro lucía estos aparatos digitales. Algo había pasado en estos meses en la isla. La tecnología de punta cuando es del pueblo, pues agarra masa y sin distingos.

Pero los testimonios que fui escuchando, entre viejos y jóvenes, entre hombres y mujeres, era ya por la tarde, que fue la hora donde la muchedumbre estuvo a punto de llevarse los controles de seguridad, eran en su mayoría, palabras que decían algo así: “Mis padres eran analfabetos y vivían enfermos, pero llegó Fidel y ahora toda la familia es profesional”. O una mujer que caminaba con un bastón ortopédico que me contó: “Yo tengo 17 operaciones en el cuerpo e incluso padecía de cáncer a la vejiga. Sin la Revolución ya me hubiese muerto hace rato. Por Fidel estoy viva”. Es verdad. Las muestras de agradecimiento por el líder fallecido no tienen parangón. Familias enteras lo están despidiendo y lo que estaba programado hasta las diez de la noche se tuvo que cambiar para que los cubanos vean por última vez a su gran timonel.

En La Habana existen los llamados “Los parques del wi fi”. Decenas de personas asisten como a una ceremonia religiosa a comunicarse con sus pares. Uno piensa que ríen solos, que gritan solos o que se enamoran solos. No, están disfrutando de aquello que no tenían. Más allá, los llamados “cuentapropistas” se han desatado con sus negocios propios. Cierto, está de moda una tendencia que para otros es añeja. El negocio de las pizzas. Si hay algo que se le atribuye a los cubanos y con justa razón es su arte por el reciclaje. Todo lo viejo lo hacen funcionar, desde una refrigeradora hasta un auto Chevrolet que ahora luce motor coreano y caja de cambios polaco. Pero lo de las pizzas es increíble. En la avenida Paseo que desemboca en la Plaza de la Revolución, por ejemplo, sospechando a una multitud que asistiría a despedir a su Comandante, se han instalado una decena de negocios ambulantes. ¿Qué venden? Para la sed, agua en botellas. Para el hambre, pizzas. ¿De qué? De frejoles.

3.

Desde la noche del lunes han arribado al Aeropuerto Internacional José Martí diferentes presidentes y delegaciones oficiales a las ceremonias fúnebres de Fidel Castro. El primero en arribar fue el vicepresidente chino. Es un hombre de mirada dura y rasgada por la inmensidad. Lo tratan con respeto. Hoy, China es el segundo socio estratégico con Cuba. Luego llega Nicolás Maduro a eso de las 10 de la noche. Inmediatamente le instalan un par de micros junto a las escalinatas del avión. Maduro, aunque no lo parezca, es una suerte de hijo de Fidel Castro. Está vez está fino en su perorata, habla de la integración de los pueblos, de una sociedad con una economía que vaya a los seres humanos y no a la acumulación neoliberal y dice que sin Fidel Castro, el equilibro en el mundo hubiera sido imposible. Luce triste y ha llegado con su familia entera. Así lo tratan, como a uno de la casa.

Amanece en La Habana. Esta vez no ha llovido como anoche y hoy será un día de un sol y un calor despiadado. La fila de cubanos sigue llegando a la Plaza de la Revolución, las cenizas de Fidel Castro, con el calor de su pueblo, siguen vivas. Vivas como desde la mitad del siglo pasado cuando fue víctima de más de 600 atentados y no pudieron matarlo. Eusebio Leal, el arquitecto que ha reconstruido La Habana histórica me contó que él creía que un 90 por ciento en el mundo respetaba al líder cubano, el resto, aquellos que lo odian y maldicen, odian y maldicen a la humanidad, a su igualdad y a sus derechos.

 

 

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5.

ÚLTIMA NOCHE DE FIDEL EN LA HABANA

 

1.

La última noche de Fidel Castro en La Habana no termina todavía. Ayer, desde el final de la tarde cuando se inició la Ceremonia Oficial del duelo en la Plaza de la Revolución, un millón de personas soportaron los discursos en todos los idiomas de los diferentes presidentes de todas partes del mundo que llegaron a la despedida del líder cubano y que tuvo una pausa luego que el actual presidente Raúl Castro pronunciara unas emocionadas palabras pasada la medianoche. Pero cuando despuntaba la madrugada Fidel Castro, como si estuviese vivo, siguió uniendo a su pueblo a lo largo del último trayecto que emprendió hoy a su destino final en la provincia de Santiago de Cuba.

Hoy he vuelto a comprobar que caminar La Habana es sentir un sol esplendoroso pero agresivo. Andar en esta ciudad es sentir un vientecillo fresco pero escaso. Hoy, circular por las amplias avenidas habaneras es estremecerse con un silencio conmovedor. Apenas el ruido de sus carros antiguos y el rumor de las “guaguas”, aquellos buses públicos que jamás circulan vacíos. Pero ahora, cuando el cortejo fúnebre, esa recipiente de cedro cubierto de una urna de vidrio de un metro de largo y alto llevándose las cenizas de Fidel Castro hasta donde inició su gesta revolucionara en 1956 en la zona de oriente de la isla, es ser testigo de aquella marcha a la inversa llamada “la caravana de la victoria” que esa vez tenía la algarabía popular de aquel triunfo de barbudos y que hoy tiene el llanto y la más íntima tristeza que abate en estas horas al pueblo de Cuba.

2.

Las vías habaneras siempre festivas  como Plaza, calle 23, La Ramba, Malecón, hoy desde las siete de la mañana han asistido para ser testigos del cortejo fúnebre que en velocidad media circula ahora mismo abrazado por la congoja masiva y popular. Nadie habla, todos se miran tratando de comprender cómo es que su comandante en jefe ya no exista más. Fidel Castro se ha despedido de La Habana donde estuvo siendo velado desde el último sábado. Entonces, entre hombres y mujeres, jóvenes y viejos, no se reza pero sí se repite con una disciplina voluntaria unos versos que desde ayer lucen sobre las paredes del Teatro Nacional: “Y esto que en sombra se volviera luz / Tiene un nombre, solo tiene un nombre /Fidel Castro Ruz.

 

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6.

PRIMERA RESURRECCIÓN DE FIDEL

(O los turistas no son revolucionarios)

 

 

1.

Como es su costumbre, esta madruga, cuando doña Julia Delgado salió a bañarse de luceros, asegura que se encontró con su Comandante Fidel Castro delante de la ceiba que crece al fondo de su casa en La Habana. Tenía un brillo especial detrás de su cabeza, dice, y lucía muy sereno. Entonces le recomendó que se cuide de las várices, que no abuse del ron y que se preocupe de alimentar al chivo para el Año Nuevo. Otros venerables ancianos que se ubican en el Parque Central de La Habana Vieja cuentan otras versiones sobre el mismo tema, la inmortalidad de Fidel. Cuando le comento esta tendencia a Pedro Rodríguez el mozo del Hotel Riviera de frente al Malecón, me explica que esa es la magia de Fidel, que aunque muerto, vivirá en ese imaginario real maravillo con el que se construyó esa omnipresencia de Castro en los momentos más difíciles de la Revolución.

Con la muerte de Castro, todos los medios cubanos no hacen más que contar sus hazañas una y tantas veces. En el Sistema Informativo de la Televisión Cubana, una suerte de Telecentro en nuestros tiempos de Velasco, se repasa aquella vez que el Comandante zarpó desde México en el Granma y cómo es que llegó a instalarse en las cumbres de la Sierra Maestra para construir la primera revolución neocolonial en América. Catedráticos e historiadores del proceso declaran que la independencia de nuestros países fueron conquistas de las burguesías nacionales contra las administraciones coloniales, pero en Cuba, la Revolución fue más bien el triunfo de una rebelión popular contra la burguesía cubana que nadie duda en tildar como una tiranía.

2.

Luis Escobar es mi vecino en la Calle G y ya tiene 80 años. Cuando le pregunto cómo era la tiranía de Fulgencio Batista en la década de los cincuenta me explica con detalles el carácter abusivo y prepotente de esos años. Que por ejemplo, uno no podía mirarle el rostro a un policía porque este lo llevaba preso. Entonces había que bajar la cabeza. Que los salarios eran más que miserables y todos fiaban para el arroz y los frejoles, y que en La Habana, solamente estudiaban los hijos de la elite dominante. Bueno, y ni qué hablar de la prostitución y la delincuencia. Uno tenía que aceptar que sus hermanas vayan por la calle de putas porque era la única forma de traigan unos pesos para comer lo mínimo en la familia. No más preguntas.

Mientras tanto, las cenizas del líder cubano continuaban esta mañana su recorrido al revés, de Oeste a Este, tal como lo hiciese con el triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959 en lo que se llamó “La caravana de la victoria”. Desde La Habana, donde partió ayer la comitiva con las cenizas de Fidel Castro en una urna jalada por un jeep, hasta Santiago de Cuba hay un poco más de 800 kilómetros. La caravana en estos momentos se encuentra en la provincia de Santa Clara –donde se hallan las cenizas también del Che Guevara– a la mitad del trayecto. Viaja, como dicen, en olor a multitud, en algunas parte la gente solo solloza, en otras apenas gritan “Fidel, Fidel, Fidel…” y en otros tramos cantan el himno nacional mientras agitan sus banderitas. Castro fue el último orador showman de América Latina. Sus presentaciones eran verdaderas puestas en escena y además tenía una virtud, que mientras hablaban al aire libre casi siempre aparecían palomas blancas para posarse en sus hombros. Hoy, los cielos de Cuba, lucen limpios, el sol agrede y solo las palomas siguen files al cortejo de su líder.

3.

Cerca de 4 millones de turistas han llegado en lo que va del año a Cuba. Solo un 20 por ciento se queda en La Habana y el resto se aloja a lo largo de las playas al Este de la capital cubana que ocupa Varadero y los mares celestes de los llamados, los cayos. Durante las exequias, apenas uno que otro turista estaba en una de las tres hileras que llevaban a lo alto del mausoleo de José Martí en la Plaza de la Revolución y donde miles de cubanos se despedían de las cenizas de su líder Fidel Castro. Así pude comprobar que la mayoría de extranjeros era o de Francia o de Italia. Ni alemanes ni canadienses –que es el grueso de los turistas que llegan a Cuba— les interesaba Castro ni ocho cuartos. Tienen razón, supongo, nadie viaja de vacaciones para asistir a un entierro.

No obstante, de los otros turistas con quienes converse, parte del atractivo de Cuba no eran las playas o los tragos. No, era también la Revolución cubana, sus comandantes, sus historias. Cierto, eran aquellos que los ves con un libro, con su laptop, con sus mochilas. Son profesores, estudiosos, escritores. Entonces se puede hablar con ellos. Y ora te preguntan de Playa Girón y luego que dónde viven los Castro. Rossana es una italiana maestra de escuela en Turín. Ella está tomando un café en el lobby del Habana Libre. Me acercó porque está guapísima y en su medio español me pregunta si es cierto que Fidel Castro está vivo. Que también le han contado la historia de Julia Delgado. Y le digo que sí, que Fidel sigue vivo, que a esta hora está en Camagüey y hace unos minutos caminaba por Pinar del Río y solo hace un instante lo han visto en Holguín. Rossana me mira cachosa y de soslayo. Si no hubiese Ley Seca en Cuba seguro ya me hubiese casado con ella.

 

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7.

LA HABANA PARA UN INFANTE DIFUNTO

(O la marcha final del soldado con su pueblo)

 

 

1.

Es cierto que Messi es más que famoso en las calles de La Habana. Está de moda en los jóvenes cubanos lucir su camiseta del Barza con su nombre estampado en la espalda. Pero hoy, el futbolista más popular en Cuba es el peruano Juan Cominges. Su foto donde muestra debajo de su divisa un polo donde se lee “Hasta siempre Fidel” está en vitrinas, diarios y cada vez que la televisión, cuando toca el tema de las redes sociales, muestra su imagen donde luce más que orgulloso esa inscripción al plumón luego de celebrar un gol en el Perú. Me han preguntado algunos colegas que si lo conozco. Por supuesto les digo, es mi amigo, le decimos “Juanchi” y tiene una virtud, fue jugador de la “U” –donde sé que regresará cuando se vaya la mafia— y como yo y su hermano Paul, somos “cremas” hasta la muerte.

En eso estaba esta madrugada cuando el cortejo fúnebre con las cenizas del Comandante Fidel Castro había guardado una breve pausa en la capital de la provincia de Camagüey y en breve continuará recorriendo por la Carretera Central las venas más sentidas de su Cuba revolucionaria hasta el cementerio de Santa Ifigenia en Santiago de Cuba al oriente de la isla. En La Habana todos los detalles se transmiten en directo por la televisión y radio quienes transmiten en cadena los detalles de la “caravana a la eternidad” como la han bautizado en los medios. Entonces uno observa desde tomas aéreas como la comita cruza poblados y campos y cómo los cubanos aguardan entristecidos el paso lento de quien fuese su líder histórico. Hoy hace una semana de su muerte, pero son tantos los homenajes oficiales y espontáneos que para alguno el Comandante sigue al frente del proceso.

En estas horas, en las pausas informativas se oye una canción que ya es el himno de esta despedida. Es una canción muy triste que todo oyen emocionados y fue compuesta rápidamente por el músico Raúl Torres y es interpretada por varios artistas: “Cabalgando con Fidel”. La letra dice así: Dicen que en la Plaza en estos días / se les ha visto cabalgar a Camilo y a Martí / y delante de la caravana, lentamente sin jinete, / un caballo para ti. / Vuelven las heridas que no sanan / de los hombres y mujeres / que no te dejaremos ir. / Hoy el corazón nos late afuera / y tu pueblo aunque le duela / no te quiere despedir / Hombre, los agradecidos te acompañan / cómo anhelaremos tus hazañas / ni la muerte cree que se apoderó de ti. / Hombre, aprendimos a saberte eterno / así como Olofi, Jesucristo / no hay un solo altar sin una luz por ti. /Hoy no quiero decirte Comandante, / ni barbudo, ni gigante / todo lo que sé de ti. / Hoy quiero gritarte, Padre mío, / no te sueltes de mi mano, / aún no sé andar bien sin ti. / Dicen que en la Plaza esta mañana / ya no caben más corceles llegando / de otro confín. / Una multitud desesperada / de héroes de espaldas aladas / que se han dado cita aquí / y delante de la caravana / lentamente sin jinete / un caballo para ti”.

2.

Cuando uno les pregunta a los cubanos ¿y ahora qué va a pasar con la Revolución? La mayoría asegura que nada, que todo seguirá igual. Los más viejos hablan que existe un engranaje programático que tiene como energía la dinámica al interior del Partido Comunista de Cuba. Y otros, los más escépticos, admiten que con la estructura de poder que administra la isla desde hace medio siglo es imposible que ocurran cambios radicales en estos tiempos. Sin embargo, entrevistando a uno que otro habanero –sobre todo a aquellos que pululan alrededor de La Habana vieja y está a la caza de los turistas boquiabiertos— me tratan de decir que la isla es una cárcel con barrotes invisibles. Que no tienen futuro y que se quieren largar lo antes posible a donde sea. Pero en el comedor de la Facultad de Economía de la Universidad de La Habana de la calle L, tres muchachas guapísimas me cuentas que pagan 6 Pesos cubanos por igual días de almuerzos (menos de un Sol por semana, 16 centavos diarios, disculpen mis matemáticas) y que ese es apenas unos de los logros de su Revolución que no debe parar.

El conocido periodista Ignacio Ramonet decía la otra noche que Fidel Castro estaba a la altura de Alejandro Magno o Napoleón. Exageraba el maestro y los cubanos no son cojudos. Inmediatamente en el más popular de los programas políticos de Cuba, “Mesa redonda”, un profesor de filosofía le saltó al cuello. Cierto, Ramonet metaforizaba la comparación porque los nombrados habían nacido en pueblos muy pequeños –como Cuba— y que además de buenos soldados resultaron excelentes administradores. Pero para los cubanos esa imagen es anecdótica. Fidel Castro es aquello y mucho más para la clase política e intelectual de la isla. El Comandante es –dicen, no era– el dirigente universitario que luchaba por una educación masiva y popular, el dirigente político que tomó las armas y se enfrentó a tiros a la tiranía, el guerrillero estratega que con apenas un centenar de descamisados venció a un ejército de más de 100 mil militares, el político que reorganizó un país infectado de corrupción y delincuencia y el líder de la primera Revolución socialista en América que a 90 millas del imperio jamás fue derrotado.

3.

En el mercadillo del Vedado en la Calle 19 a tiro de L, existe un puesto de periódicos. Doña Grimanesa se parece  mi madre cuando remplazó al viejo en nuestra pequeña librería del Parque Universitario en Lima. Es muy simpática y habla hasta por los codos. Cuando le pregunto por los diarios del día y ya son pasadas las 12 me da una lección. Que lo bueno se espera y que la  malo está a tiro de piedra. Media hora luego, es cierto, llegan los periódicos. Todos con ediciones muy gráficas, llenas de panegíricos y sin información factual. Lo entiendo, los periodistas cubanos también están tristes y aunque informan con eficiencia del cortejo fúnebre de Fidel Castro hasta su última morada. Hay pues un pueblo que silencioso, aún no estalló a llorar a mares. Por eso, cuando el presidente Daniel Ortega preguntó varias veces en la noche de la Plaza de la Revolución: ¿Dónde está Fidel? La multitud, este pueblo dolido comenzó a gritar “Yo soy Fidel”. “Yo soy Fidel”. “Yo soy Fidel”.

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8.

CABALGANDO CON FIDEL A LA ETERNIDAD

(Y hoy llegará a su descanso final en Santiago de Cuba)

 

 

1.

En Cuba hasta los ciegos firman. Me ocurrió en una de las calles adyacentes a la Plaza de la Revolución en La Habana. Curiosamente la estación de taxis se llama “Visión”. Ahí funciona un Centro de Firmas, puntos voluntarios donde los cubanos estampan sus nombres y rúbricas como compromiso con la continuidad de la Revolución. De pronto aparecieron don Ricardo Fuentes y Angelita Costas, una pareja de invidentes acompañados por un guía de la Cruz Roja. Vienen a firmar su compromiso, dijo el guía y a su tiempo, cada ciego firmó el compromiso. Cierto con dificultad y solemnidad dejaron sus nombres en esos libros que por miles funcionan en toda la isla.

Mientras, hoy a las siete de la mañana, la Caravana triunfal con las cenizas del Comandante Fidel Castro siguió su ruta hacia la provincia de Santiago de Cuba donde mañana será enterrado en la última ceremonia oficial luego de nueve días de Duelo nacional. Anoche, en Bayamo, la capital de la provincia de Granma se le rindió una vigilia que en realidad fue un concierto poético musical donde desfilaron cerca de tres horas decenas de artistas bayameses y que culminó con la actuación de Raúl Torres, el compositor e intérprete de “Cabalgando con Fidel” el tema canción que se ha convertido en un himno que cantan todos en estas horas de tristeza infinita que invade a todos los cubanos.

2.

Mientras que la televisión cubana muestra a hombres y mujeres, jóvenes y viejos que se apostan a la vera de la Carretera Central para despedir a su líder, desfilan para las entrevistas intelectuales y políticos, científicos y trabajadores quienes se explican de esta devoción demostrada al extinto guía de la Revolución cubana. Todos coinciden en que se sobrepuso en su momento a las tendencias de los partidos de izquierda en la región desde 1953. Pero que el éxito de ese proceso que duró seis años antes de la llegada al poder se debió a la creatividad y disciplina de Fidel Castro Ruz. Unos hablan de su formación en la escuela jesuita como refería el comentarista venezolano Walter Martínez y que aquello le había otorgado una dialéctica caribe, es decir entre rigurosa y dulce, y otros, los más refieren a que Castro desde que deslumbró a su generación universitaria, fue un hombre de principio socialistas sólidos e inquebrantables.

Desde que conocí cómo operaba el sistema político cubano hace ya tantos años, siempre me admiraba de la manera en que funcionaban los CDR –los comités de defensa de la revolución–, la mayor organización política de masas (más del 90 % de la población) y que aquella fue idea de Fidel como concepto de unidad y participación comprometida de toda la ciudadanía. Estos comités operan, por ejemplo, en todas las cuadras de La Habana. Ese es el núcleo básico de la llamada democracia socialista. Un CDR es la organización vecinal donde nadie se excluye. Los profesionales y los estudiantes, las amas de casa y los jubilados. De esta manera, cuando se habla que la continuidad del proceso cubano, ahora que ha muerto el líder, está en peligro, entonces aparecen los estudiosos de los CDR quienes sostienen que la revolución tiene para toda la vida porque ese engranaje social de unidad es indestructible.

3.

Fidel Castro fue el último de los políticos intelectuales, sostienen propios como ajenos. Raro espécimen que ya no existe en estos días dicen los que lo estudian. Cuando uno conversaba con él no había tema que no sabía. Pero además lo conocía bien, como hombre, como estudioso y como político. Castro fue el primero en hablar con preocupación del calentamiento global, del efecto invernadero, de la genética o de las nanotecnología. Hoy, los políticos de nuestra región o son solo políticos o son tecnócratas –como ocurre en el Perú—es decir, sujetos monotemáticos y que en sus discursos son incapaces de integrar un conocimiento multidisciplinario como lo fue en su caso Fidel Castro.

Uno que es testigo del odio que le profesan a Castro más afuera que dentro de Cuba, no puede explicar ese sentimiento más que en base a la ignorancia y el desconocimiento de la talla del líder cubano. Cierto, no estoy negando que para alcanzar el triunfo de este proceso se tuvo que separar a los enemigos, los primeros, aquellos que pensaron que la Revolución encabezada por Fidel Castro era más de lo mismo, una revuelta populista como en su tiempo realizó Fulgencio Batista, y otros, los que creyeron que el socialismo era todo lo contrario a la verdadera democracia de los pueblos. Entonces se tuvo que aplicar aquello de lo que el pueblo de Cuba hoy vive orgulloso, la disciplina, el orden y la solidaridad. En este instante que viajo a Santiago de Cuba, sigo escuchando a los niños agitando sus banderitas a la vera de los caminos de la isla despidiendo a su Comandante y a uno de ellos, un enano que declara: “Se fue Fidel pero quedan 11 millones de Fideles”.

 

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9.

SEGUNDA RESURRECCIÓN DE FIDEL

(Hoy fue enterrado el líder de la revolución cubana)

 

1.

Esta noche y madrugada Santiago de Cuba no durmió. Están velando a su líder histórico, Fidel Castro. Son pasadas las 4 de la mañana y hay un aroma de café desde el hotel y hasta la Plaza de la Revolución, Mayor General Antonio Maceo. Anoche, al terminar la última ceremonia oficial con el discurso del presidente Raúl Castro por las exequias del Comandante supremo de la Revolución Cubana, la muchedumbre, unas 200 mil personas, se quedó en el sitio cantando y arengando su memoria. Hoy temprano, en un acto muy sencillo, enterrarán a Fidel en el cementerio Santa Ifigenia. Desde hoy descansarán sus cenizas al lado del apóstol José Martí. Desde esta mañana Castro tendrá su hogar definitivo en la historia de esta hermosa isla llamada Cuba.

Desde La Habana, en vuelo de Cubana de Aviación se llega a Santiago de Cuba en menos de una hora. Aquí me entero que anda por estas villas Diego Armando Maradona. El argentino quien es harto conocido en Cuba por su amistad con Fidel Castro cuando el líder de la Revolución Cubana le abrió las puertas de Cuba cuando Diego vivía momentos difíciles en días de su recuperación por problemas de adicción a las drogas. Entonces es un gusto saludarlo y escuchar que dice que ha venido a despedir a su segundo padre, y porque además se siente un soldado cubano antes que ser un soldado “macrista” y que su corazón y todo su cuerpo lo daría por esa bandera, por Cuba, Fidel y por supuesto, por el Che.

2.

Santiago de Cuba no solo es la tierra del son o el bolero cubano sino que es considerada como la Ciudad Héroe de Cuba, título ganado por el apoyo de su pueblo a las gestas libertarias de los cubanos. Es emocionante estar aquí donde el 26 de julio de 1953 se produce el asalto al Cuartel Moncada por jóvenes revolucionarios dirigidos por Fidel Castro. Cuando el 30 de noviembre de 1956 se produce el Levantamiento de Santiago de Cuba y salen a las calles por primera vez las Milicias Verde Olivo del Movimiento 26 de Julio, con brazalete rojo y negro, decididas a enfrentarse al ejercito del tirano Batista para apoyar el desembarco de Fidel proveniente de Tuxpan, México, junto a sus 81 acompañantes.

Y luego del puerto, se ubican las montañas de la Sierra Maestra donde luego de tres años el Ejército Rebelde decretó ese 1 de enero de 1959 desde el balcón central del Ayuntamiento, situado actualmente frente al Parque Céspedes, Fidel proclamó el triunfo definitivo de la Revolución Cubana. Y ahora, ahí mismo, debajo de aquel balcón, se estaciona la carroza donde las cenizas de Fidel Castro en su urna de cedro rodeada de flores blancas recién llegadas desde La Habana hasta el Oriente de la isla tras un recorrido de mil kilómetros donde recibió el abrazo de despedida de todos los cubanos. Antes, la comitiva había pasado por el frontis del histórico Cuartel Moncada que hoy no es un centro militar sino un núcleo educativo. Sus paredes, no obstante, todavía lucen los hoyos que dejara los disparos de los jóvenes rebeldes quien desde esa vez forjaron la Revolución que se iniciara en 1953 y que continua vigorosa de salud y orgullosa de amor patrio.

3.

Son las 6 y 40 de la mañana de este domingo 4 de diciembre del 2016, y ya ha partido el cortejo fúnebre para recorrer los dos kilómetros por la avenida Patria hasta el camposanto de Santa Ifigenia. Ahí esperan las cenizas de Fidel Castro solo su familia, uno que otro amigo y alguna de las extranjeras llegadas ayer a esta ciudad. Hoy en Santiago de Cuba las gentes lucen trajes negros y contrasta con aquel silencio que encontré ayer, al llanto desconsolado que esta mañana a todos. Entonces quiero conversar con las damas mayores, con los hombres que enjugan sus lágrimas, con un militar que intenta decirme algo pero que no entiendo. Entonces 21 cañonazos se sienten en toda Santiago y ahora las cenizas del líder cubano cruza el pórtico del cementerio y de la historia.

Vine a Santiago de Cuba para despedir a Fidel Castro. Y no estaba solo, todo un pueblo revolucionario pero esta vez con una tristeza perpetua, me han acompañado en esta Cuba que todos están convencidos que vencerá todos los obstáculos por sus principios revolucionarios y por su valentía y extraordinario talento humano. Pero además, porque como dijo uno de los presidentes latinoamericanos, por supuesto, no peruano, Cuba seguirá adelante porque su resistencia está integrada a su cultura, y porque con el ejemplo de Fidel, jamás el pueblo cubano permitirá que su país vuelva a ser colonia de ningún imperio. Ahora descansa en paz.

 

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10.

CASTRO Y CENIZAS

 

1.

El Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana, Cuba, debe ser el más malo del planeta. A uno lo revisan una y diez veces, tiene que declarar hasta la razón de sus prendas íntimas y luego de los interrogatorios, hay que esperar dos horas para que le entreguen las maletas. Finalmente el caos de la movilidad pero una vez que uno sale del terminal, La Habana es la ciudad más grata y hermosa de la tierra. Los habaneros hablan rápido, casi cantando y están atentos a que a uno no le falte nada. Entonces uno se puede alojar en los cientos de hoteles o en casas donde arriendan habitaciones con baño propio. Cierto, en La Habana sobra la fraternidad pero no siempre puedes encontrar papel higiénico.

La noche del viernes 25 de noviembre, en el reparto de Centro Habana, estaba a la espera de la presentación del Septeto Habanero cuando de pronto el ánimo del presentador se fue de bruces. Apenas alcanzó decir en el micrófono: “Señoras y señores, me acaban de informar que ha muerto nuestro Comandante Fidel Castro”. Y no dijo más. Todos pagaron sus tragos y se marcharon a sus casas. Antes, la televisión nacional cubana cortó la transmisión. Luego de un breve silencio apareció en las pantallas la figura del presidente Raúl Castro. Raro, a esas horas, el gabinete del hermano del líder histórico, con la figura de José Martí detrás de su poltrona carecía del brillo habitual de sus anuncios. Esta vez le faltaba la luz y su voz entrecortada anunció que el Fidel Castro había fallecido a las 10 y 29 de la noche. Entonces nunca fue más noche que esa noche. Y todo se calló.

Así se iniciaba nueve largos días de Duelo Nacional que culminó el domingo 4 de diciembre con el entierro de las cenizas de Fidel Castro en el cementerio de Santiago de Cuba, la provincia donde se iniciara el proceso revolucionario en 1953. Ese mismo día apareció publicado un aviso en la página 11 del diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, que decía así: “Al Excelentísimo señor Raúl Castro Ruz, Presidente de la República de Cuba: Tengo la honra de dirigirme a usted con el fin de hacerle llegar el más sentido pesar del pueblo peruano y el mío propio, por el deceso del líder histórico de la Revolución Cubana acontecido la noche del 25 de noviembre”. La firma era de Pedro Pablo Kuczynski, Presidente de la República de Perú.

2.

Cuando uno les pregunta a los cubanos ¿y ahora qué va a pasar con la Revolución? La mayoría asegura que nada, que todo seguirá igual. Los más viejos hablan que existe un engranaje programático que tiene como energía la dinámica al interior del Partido Comunista de Cuba. Y otros, los más escépticos, admiten que con la estructura de poder que administra la isla desde hace medio siglo es imposible que ocurran cambios radicales en estos tiempos. Sin embargo, entrevistando a uno que otro habanero –sobre todo a aquellos que pululan alrededor de La Habana vieja y está a la caza de los turistas boquiabiertos— me tratan de decir que la isla es una cárcel con barrotes invisibles. Que no tienen futuro y que se quieren largar lo antes posible a donde sea.

El Consejo de Estado de la República de Cuba es una entidad hermética que tiene su propia gramática. A la aparición del presidente Raúl Castro anunciando la muerte del líder histórico, su silencio es una constante que apenas se quiebra cuando la Comisión oficial organizadora de los actos fúnebres, de manera escueta, informando por ejemplo de directivas muy concretas, la suspensión de una serie de actos públicos que ya estaban organizados en toda Cuba como el desfile en la Plaza de la Revolución para celebrar los 60 años de la travesía del mítico Granma, la nave que desembarcó en la isla a los 82 revolucionarios que iniciaron las guerrillas para derrocar tres años después al régimen de Fulgencio Batista.

Aquí no declaran ministros o congresistas. Lo público es una norma de dignidad. En la televisión se leen los mensajes de condolencia del Papa Francisco o de Barack Obama. Cierto, los envíos de mandatarios como el venezolano Nicolás Maduro o de Evo Morales de Bolivia o el ecuatoriano Rafael Correa se transmiten como amplios videosmensajes casi como reportajes con sentidas declaraciones, historias y fotos. Otro detalle es la vida privada de Fidel Castro. De las honras fúnebres solo el Granma publicó una fotografía desde lejos donde aparece la esposa Dalia Soto del Valle y tres de sus cinco hijos quienes en lo posible tratan de pasar inadvertidos. Por lo general, los cubanos evitan el tema. Y uno siente que solo entienden este apotegma: “Fidel es Fidel”.

3.

Las últimas horas de Fidel Castro en su casa de La Habana, según los lugareños, ubicada en la Autopista Este-Oeste que parte a la provincia de Pinar del Río, tiene múltiples versiones. Circula la información que un paro cardiaco lo sorprendió mientras dormía. No obstante, varios periodistas locales me contaban que ya desde la mañana a su muerte, Castro se había agravado a tal punto que fueron convocados una decena de médicos a la unidad hospitalaria que se había instalado en su propia residencia. Sin embargo, ni el Sistema Informativo de la Televisión Cubana, ni las pocas emisoras que se escuchan en La Habana, ni los tres diarios que se editan en Cuba señalan ni el mínimo detalle del suceso. Cuando le pregunté a un veterano taxista que cómo había muerto Fidel Castro, él que era muy locuaz, apenas alcanzó a responderme: “de esos asuntos no hablamos los fidelistas”.

Cuando uno conversa con uno y otro cubano, grandes y chicos y sobre todo, con mujeres maduras, nadie se refiere al líder fallecido como “Fidel”. Todos dicen o “el comandante” o “mi comandante”. En la mañana del lunes del velorio de Castro, mientras aguardaba en la fila –aquí no se dice cola— para que se abra el imponente Memorial mausoleo de José Martí de la inmensa Plaza de la Revolución donde descansaban las cenizas de Castro, dos veteranos que me antecedían se pusieron de acuerdo para convencerme que en Cuba, la mayoría no era comunista sino “Fidelista”. La gramática política de los cubanos es como ellos, variada, de contra puntos, de acuerdo al calor. Hasta ayer no había escuchado en las calles términos como marxista-leninista, ni materialismo dialéctico, ni lucha de clases. Aquí hay dos términos que nadie duda en expresar: Pueblo y Revolución. Y a lo largo de la ardiente mañana donde tres enormes filas de cubanos empujaban para subir al recinto donde descansaba su comandante para despedirse, todos con los ojos mojados y las frases en sordina solo hablaban de la muerte de su padre.

Eusebio Leal, el arquitecto que ha reconstruido La Habana histórica y amigo personal de Castro me contó que él creía que un 90 por ciento en el mundo respetaba al líder cubano, el resto, aquellos que lo odian y maldicen, odian y maldicen a la humanidad, a su igualdad y a sus derechos. Y Miguel Barnet, el presidente de la Unión de Escritores y Artistas me confesaba el Comandante era más que un estadista un iluminado: “Yo lo vi hace unos días cuando recibió al presidente de Viet Nam. Y a pesar de su edad era ese hombre teórico con una visión crítica desde que fue un abogado joven y hasta que se convirtiera en ese hombre de acción. Que luego ejerció una actitud amplia y democrática y que fue el diseñador de nuestra política cultural, de nuestros principios científicos y todo el desarrollo científico técnico. Yo no creo que haya muerto, está vivo en sus ideas. Si en la tierra fue nuestro guía, ahora que está en el cielo, seguirá siendo el líder”.

4

Sea como fuere, en La Habana este lunes 5 de diciembre la vida –a la cubana como ellos dicen— sigue con su misma dinámica. Es pues una sociedad distinta que no se parece a la nuestra salvo por la ahora frondosa oferta culinaria solo para turistas. Luego, en los mercados siguen vendiendo malanga y boniato, el plato nacional sigue siendo el congrí y si a uno se le antoja un pescado frito solo existen tres especies, el basa, el fogonero y el maymay. Finalmente, los cubanos son los reyes del reciclaje. Sus carros americanos viejos tienen motores coreanos y caja de cambios polacos. Igual, en esta economía de guerra, los cubanos seguirán reciclando sus igualdades y dignidad, idolatrando a Fidel y viviendo para su revolución que es y será esa sociedad, tan, pero tan distinta, a la nuestra.

Finalmente las cenizas de Fidel Castro descansan desde el último domingo en el cementerio Santa Ifigenia de Santiago de Cuba, la segunda ciudad de la isla. En medio de una piedra de granito de cuatro metros de alto traída desde las montañas de la Sierra Maestra en una cavidad al medio y en un cofre de cedro descansa para la eternidad sus restos. Solo una pequeña placa cubre su tumba. En ella solo se lee: “Fidel”. El mausoleo de José Martí, a unos metros, lo acompaña para siempre.

 

 

 

* FRAGMENTO  de mi libro “EL SON DE LA HABANA” Crónicas de Cuba después de Castro, que será editado en julio del 2017.

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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
Esta entrada fue publicada en Cangrejo Negro / Eloy Jaúregui, Crónicas, Eloy Jáuregui cronista, La crónica ya tiene Nobel, Narrativa peruana, Periodismo literario y etiquetada , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

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