Hora Zero / LA ÚLTIMA VANGUARDIA

Escribe TULIO MORA

HZ Propiedad provada

 

Viktor Sklovsky, ese gato que se prendió a sus siete vidas con agudeza para salvar el pellejo durante el stalinismo, decía que los poetas no descienden del padre sino del tío. En los años setenta latinoamericanos, al impulso de una urbanización caótica y las guerras sucias, el tío era en realidad una genealogía de pandilla: el barrio, los estadios de fútbol, el cine, la radio y tv, los conciertos de rock y salsa; también mayo del 68 y la masacre de Tlatelolco; también el Che y Vietnam.

En el Perú lo atípico quiso volverse norma: unos militares, que parecían entrenados en los campamentos de Gamal Abdel Nasser, pretenden una revolución social con galones y botas, de arriba a abajo. El voluntarismo castrense no iba a durar mucho (1968-1975) pero, entre otras cosas, descostró a la vieja oligarquía agraria que gobernaba el país desde el nacimiento de la República. Desde París, Roland Barthes escribía (“El grado cero de la escritura”) que toda revolución, incluso la de opereta como la del general Juan Velasco Alvarado, implica un cambio de la palabra.

Ese cambio llegó a la hora puntual de 1970. Unos muchachos que estudiaban en la universidad más desprestigiada de Lima -Federico Villarreal-, y de la que poco después serían expulsados por los apristas, lanzan un manifiesto parricida (“Palabras urgentes”), con excepción de César Vallejo, acompañado de unos poemas insólitos. La intrusa calle había puesto sus patas de elefante en la fina vidriera de la poesía peruana que hacía poco había sufrido un traslado de los paradigmas de la poesía francesa y española, de los años cincuenta, al del británico modo de los sesenta.

Libro de Hora Zero

Sus nombres: Juan Ramírez Ruiz, Jorge Pimentel, Jorge Nájar, José Carlos Rodríguez, Yulino Dávila, Eloy Jáuregui. Pero detrás de ellos había una mancha de origen provinciano (es decir fronterizo) que se propone poblar los vacíos literarios de sus lugares de origen: Chiclayo, Pucallpa, Huancayo, Chimbote, Chachapoyas, Cerro de Pasco, como Mario Luna, César Gamarra, Ángel Garrido, José Cerna, entre muchos otros.

Cinco años después, otros muchachos en México, Mario Santiago, José Peguero, Guadalupe Ochoa, Rubén Medina, Edgar Altamirano, Mara Larrosa, los hermanos Cuauhtémoc y Ramón Méndez, Roberto Bolaño y Bruno Montané (estos dos últimos nacidos en Chile), que habían leído el manifiesto y los libros iniciales de sus “patas” (léase “cuates”) peruanos, fundan el Movimiento Infrarrealista. No deja de ser pasmoso que en los dos viejos centros coloniales de la palabra continental, donde no cuajó el esfuerzo de instalar una cabeza de playa popular en las limpias arenas de la poesía, surgiera la última vanguardia del siglo XX.

Pero la onda expansiva avanzó hasta París donde otros autores de plural nacionalidad (belgas, griegos, franceses, argelinos, más mexicanos), al impulso de los horazerianos Enrique Verástegui y José Carlos Rodríguez, residentes en la capital francesa, publican el manifiesto “Message d’ailleurs” (1978). Jacques Chirac, entonces alcalde de la ciudad “más literaria del mundo” (alteraremos un verso de Bolaño de su libro “Los perros románticos”), les sale al paso y los llama “revolucionarios de café”; una forma de descalificar a los veteranos de mayo del 68.

HZ 2016

El estilo directo de lo que se llamó después “la sintaxis callejera” es el hilo umbilical de esta generación impura. “En mi país la poesía ladra orina tiene sucias las axilas” escribía Enrique Verástegui en su primer y más celebrado libro “En los extramuros del mundo” (1972).

Como toda vanguardia que se respeta Hora Zero propuso una poética: el “Poema Integral”. Formalmente en ella cabía de todo como en un cajón de sastre: la prosa, el verso, el ensayo, el lenguaje de la mass-media. Pero “integral” tenía un antecedente en la discusión programática  del Perú de los años 20. Se hablaba entonces de un “Perú integral”, conjunción salomónica del todo que debía reconocerse proporcionalmente en sus partes contrariadas.

Los despistados -nunca faltan- replican que HZ no tiene objetivamente una estética uniforme (digamos a la manera surrealista). Absurdamente, lo que pretenden cuestionar es la ausencia del espejo infinito de la repetición o de la clonación como indicio sin entender que en HZ hay varios estilos muy visibles porque esa fue la propuesta del “poema integral”: hay quienes como Pimentel y Dalmacia Ruiz-Rosas pasan de la épica callejera al hablante travestido por desgarrado y que como sello de identidad te dejan una herida y más tarde seguramente una cicatriz imborrable. Hay los eróticos e irónicos desde el realismo sucio como Manuel Morales y los experimentales como Enrique Verástegui (que hoy goza de un culto masivo en el continente), Juan Ramírez Ruiz y José Cerna; los exploradores del cuerpo como Carmen Ollé y los tempranos neobarrocos de la poesía latinoamericana como Ricardo Oré, Yulino Dávila, Eloy Jáuregui y más tarde Roger Santiváñez. La palabra integral contra el copy/paste abarca la historia chiquita (que nos afana día a día de manera infame, decía Philipe Levine) y la abarcadora de la extensa memoria como en “El Dorado”, de José Carlos Rodríguez, y “Cementerio general”, de Tulio Mora. Otro estilo es el texto despatriado de los que escriben desde la orilla de la ajenidad y aun del prestigio literario como Jorge Nájar.

HZ-Recital Canchón Moquegua

A nivel latinoamericano la vinculación de HZ más perdurable fue con el movimiento infrarrealista mexicano. Para decirlo como Huidobro, ambos grupos siempre supieron que estaban “cosidos a la misma estrella”. Algunos afirman que este vanguardista chileno fue el autor de la palabra “infrarrealismo”, pero la verdad es que fue Giorgi Gurevich, un narrador de ciencia ficción de la ex Unión Soviética, el que dio bautizo a esa dimensión/disensión donde la luz es devorada por los soles negros de la antimateria.

Será por eso que para los jóvenes poetas mexicanos Mario Santiago, José Peguero, Guadalupe Ochoa, Rubén Medina, Edgar Altamirano, Pedro Damián y los chilenos Roberto Bolaño y Bruno Montané, el infrarrealismo consiste en un más abajo de lo real, allí donde lo visible está oficialmente oculto: el universo popular, los valores cursis o “chafos”, los dichos del alburero, letras de corridos y boleros, monólogos rutinarios de cine, es decir el universo de los fronterizos, de los desterritorializados, de los excéntricos, que entretejen con versos sonoros y de cuidada imagen.

Mario Luna

Nuestro recordado poeta Mario Luna. Recital en el FOCEP Lima 1978.

Es lo que hacía Mario Santiago Papasquiaro, muerto en un accidente en 1998, cuyas fuentes culturales eran vastas y diversas. También Cuauhtémoc Méndez y Pedro Damián Bautista escriben desde el contrapunto de lo culto y popular. En el mismo registro de Damián Bautista puede ubicarse a Eduardo Guzmán. En la misma diáspora que caracteriza a algunos horazerianos e infrarrealistas, surge el chileno Matías Ellicker, el más joven del movimiento mexicano, andariego de varios continentes y actualmente avecindado en París.

¿Qué ha dejado esta tribu o banda rockera de inacabable alegato a la poesía canónica de Hispanoamérica? Sobre todo la lúcida voluntad de derribar los fáciles reconocimientos bastionados en plataformas valladas de aduanas y policías literarios -de los centros académicos, de las editoriales, de revistas especializadas y los medios de prensa-, sobre todo la intransigencia, no del francotirador, sino del tirador franco que desde los extramuros ha ido ganando el consenso de la revolución de la palabra amparado en la complicidad con los lectores, aun cuando este espacio sea todavía insignificante, pero acaso precisamente por eso decidido a masificar lo que se ha atrincherado en la abstracción universitaria. Sobre todo la utopía de ocupar, con la fractura de la factura poética, un destino colectivo de sobra y de sombra, en un mundo al que nos arroja un sistema ya deslegitimado por voraz, saqueador y excluyente.

 

Fragmento de la Introducción del libro Hora Zero Infrarrealismo LA ÚLTIMA VANGUARDIA. Ediciones LANCOM, Lima mayo 2016.

 

 

Anuncios

Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
Esta entrada fue publicada en Cangrejo Negro / Eloy Jaúregui. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s