Jorge Pimentel / CICLÓN DE POETA

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

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Aseguran que los poetas son gente complicada y turbia. Dicen que esos seres que escriben poesía están signados con la marca de la tragedia. Con Jorge Pimentel, sin embargo, se archivan esas palabras porque el poeta es un ser común y corriente, limeño de clase media, amante del seviche y la cerveza helada, padre titulado, con esposa y dos hijos y que desde su adolescencia de peruano de carne y hueso, le ha impregnado a la poesía un aliento distinto, fresco y renovador. Pimentel es fundador de Hora Zero, movimiento literario que desde 1970 no sólo conmocionó a la crítica académica, sino que sentó un hito en la poesía peruana.

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Jorge Pimentel camina huracanado. Canta un gallo afónico y él lo saluda con ternura abriéndose la camisa. En la calle Dante un muerto pierde el zapato y Pimentel consigna esta frase: Qué cara está la vida y limpiaré tu nombre entre todos los cuchillos que te desaparecen. Héctor Lavoe pide una moneda de rockola y del pescuezo le brota «ella va, triste y vacía…». Pimentel, entonces, exige un vodka curalizio de la boca para afuera y se instala frente al poema.

Cuando se apagaban las brasas de la poesía peruana en su resaca. Pimentel, soplete en mano, apareció poeta. Era hasta entonces estudiante en La Cantuta, aprendiz alquimioso en la Villarreal. De limeño tenía sólo el caminar, aunque de pisada fuerte, el aire a minero irlandés o cowboy a la salida del cine, lo sublevaba del resto. Qué de barrios no habían observado esos ojos clasemedieros, y la palabra exacta lo liberaba de conjuras y entuertos. «Camino por los parques rozándome con los árboles».

Agonizaba la década del sesenta y Lima era menos Lima pero igual, mataba. Pimentel aciclonado pidió la palabra, abrió sus fauces y en un par de patadas, encendió la pradera. La poesía, señores, en túnica y velo, había perdido agallas, sexo y fibra. Afeminada, se hallaba, colocada en urna de cristal para adoración de tías y señorones. La poesía, digo, ignoraba cómplice el descalabro y el descoyuntamiento, la desestructuración y descerebramiento del hombre peruano del Perú. Pimentel insistió con esta boca es mía: «Tengo un pie metido dentro de un seno, con esa dulce sensación del enterrado en vida».

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Un colegio de media mampara, un edificio en el barrio de Jesús María, un domingo de radio con carrera de caballos –la dupleta 5-4, aquella la del viejo– y goles de Toto Terry. Un domingo en la vorágine de los tallarines rojos y un beso de mamá. Ahí Pimentel, con el relincho nervioso de un corcel: «Tengo la boca seca y una que otra margarita y una que otra pregunta y una que otra amargura y una que otra queja y una qué tantas y una qué bestia y una qué música agónica».

–Oiga Pimentel –interroga el que sabe por diablo y por viejo– y usted qué no tenía.

— Nunca tuve nada –contesta el poeta, marcando las palabras con hierro colorado–. Mi niñez fue la boca feroz de cobros y recibos. La adolescencia, romperse el alma para sobrevivir. No conocí la felicidad nunca. Conocí la envidia, la mentira, la hipocresía, la barbarie y la coima, la pendejada y la muerte. Entonces fui poeta.

En 1970 Pimentel funda el movimiento Hora Zero con Juan Ramírez Ruiz. Lima es el espejo del Perú mismo y el lenguaje exige actos rotundos, ejemplos contundentes. El país es un gran mural escrito a dentelladas, garabateado con uñas y dientes, tatuado con ojos encendidos. Hora Zero es conmoción. Hora Zero organiza, recupera, pone en práctica, solidariza, emancipa, grita ay, violentiza, carajea, amotina, sexualiza, jura que ya, amortiza, quita sueños, sustancializa, replica que no, da el batacazo, entroniza. Y anochece y con la mirada desnuda y con la vida a plazos, se hace la poesía.

–Y dígame Pimentel –pregunta uno a ojos vista– qué diablos dice la poesía.

–Mire mi amigo –responde el poeta vistiendo de rojo– la poesía no dice, es la sobrevivencia del género humano y su proyección hasta el infinito.

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3.

Entonces, publica su primera libro, Kenacort y valium 10 (Lima, 1970) y no pasa por el aro. Que le ponen trabas, que lo memorandizan, que lo degradan, que lo epilogizan, que no le dan chance, que lo estigmatizan, que es un tal por cual, que lo incompatibilizan. Pimentel pierde el poncho, rueda por los suelos. No obstante, de su frente al dedo gordo del pie, una cuerda estira la ternura. Hora Zero toma forma en Lima y se larga a provincias, en Chiclayo, en Pucallpa, en Huancayo, en Cañete, en Chimbote. Hora Zero acoge poetas, narradores, pintores, músicos. En el Palacio de Gobierno los militares han puesto al país cabeceando el techo. En el bar Palermo, a punta de jijunas, la poesía agazapada se impregna de multitud y se integra al planeta y a su historia.

Una enorme mesa, un paredón de cervezas, dos muchachas como una bandada de golondrinas jóvenes. Pimentel exige cambiar el mundo, cambiar la sociedad y cambiar la belleza. Enrique Verástegui cita textual a Levi Strauss. Ramírez Ruiz habla de la poesía integral. Tulio Mora explica la sintaxis callejera. Vladimir Herrera incide en la función del intelectual revolucionario. Pimentel resiste, ahora dice de la pasión, de humanizar el lenguaje, de que el jugo de papaya se instale en los versos. Broncano, el mozo, trae más cervezas.

Un viejo solar en el jirón Huancavelica. Y en los altos, Hora Zero ha convocado a más de 70 artistas. Es el primer congreso del movimiento y la gente ha llegado de todo el país. Manuel Morales -aquel mítico sujeto de Poemas de entrecasa, barrigón y timbero- dirige el debate sólo con los ojos. La justa se prolonga por dos días. De ahí salen los manifiestos, el ciclo de recitales, los afiches, la ópera popular, la toma de locales, las giras, los libros antológicos, los discursos en radio, las marchas, los actos rotundos.

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4.

La amariconada crítica literaria se horrorizó. Porque sabían de Vallejo pero no lo habían leído. Eran expertos en Oquendo de Amat pero apenas lo hojearon. Hablaban de Eguren como si fuera poeta de colegio. Y Hora Zero les pareció un desatino y se paralizaron con el asombro. Entonces, los académicos dijeron Hora Zero es ilegible, ora sus poemas no son elegantes, ora sus versos no obedecen al Kremlim, por tanto no son puros ni son sociales. Hora Zero, entonces, con sus «Palabras urgentes», con su única verdad inconforme, propulsando un canto general, una poesía hecha por todos, rasgó la historia y donde el sentido termina, ahí clavó su escritura.

–Hable Pimentel –uno interroga desfavorecido–, por qué Tromba de agosto.

–Porque el país es un enorme pliego de reclamos -dice resoplando como un Miura. Porque ya era tiempo de cortar por lo sano y porque los marginados deben tomar la palabra. También porque uno escribe con pasión, con fuerza arrolladora, con una contundencia de delicada ternura. En mi último libro existe un trabajo de años, un ejercicio con lo coloquial, con la palabra limpia de pendejadas, con la palabra que destruye pero que al mismo tiempo construye un orden nuevo. La poesía no está agotada, la poesía tiene la frescura de las lechugas frescas.

En 1973, Pimentel viaja en barco a Europa. Vive en España, nocturnea en París, en un VW se larga a Alemania. El periplo le sirve para fundar en Francia, Hora Zero Internacional. Conoce a poetas africanos, asiáticos, latinoamericanos, todos están de acuerdo, el movimiento lanza el primer manifiesto cuestionado la burocracia cultural del Tercer Mundo, ordeñando a las vacas sagradas. En Madrid publica su segundo libro, Ave Soul (1973) con presentación del poeta español Félix Grande. Durante el trayecto de vuelta, Pimentel regresa con un entusiasmo y una sencillez sin límite. En Lima, Hora Zero sufre un remezón natural porque ya es adolescente y tiene acné y necesita hacer el amor.

Un segundo aliento llega en 1977. Hora Zero con Pimentel a la cabeza adquiere militancia política. El país se caía a pedazos, es necesario ser vanguardia intelectual del pueblo. Los recitales entonces, acompañan a los líderes pero los líderes no acompañan, tienen otro discurso. El pequeño caudillo todavía no alcalde, dice que la poesía no sirve para nada. Pimentel coge sus chivas y se regresa al poema integral, a los manifiestos. El dedo en la llaga, las cuatro verdades, el corte antes que el remedio. Dos años más tarde publica Palomino [Lima, 1979].

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5.

Con el tiempo, la obra de Pimentel se convierte en verbo y ejemplo. Ningún poeta joven deja de leerlo. Lima es una ciudad multilinguista y poética, porque posee mil discursos y Pimentel condensa en poesía aquella chilla del desarraigo, el aullido del desesperado: «El viento le cobra al sonido, el gato al precipicio, el soldado al carnicero, la nube al pájaro, el árbol al mediodía». Con el tiempo el poeta alcanza su ciudad perfecta para el impulso imaginativo. Y no se aísla, no se escapa, no se escandaliza, no se derrota, no se agarrota, no se rinde jamás.

— Y Pimentel –otra vez, repuesto de escarlata– ¿ahora qué le hacemos?

–Todo –se pone de pie, besa una paloma y estornuda sin camisa–. Tenemos que derrotar la soledad, el desconcierto, la flojera. El poeta es un ser que conoce el funcionamiento de los sistemas, de las teorías, de las lenguas. Tenemos un país para iluminarlo. Escriba usted maestro.

Fragmento de un texto que salió publicado en mi libro USTED ES LA CULPABLE, Editorial Norma. 2014.

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3 pOEMAS DE JORGE PIMENTEL

 

BALADA POR UN CABALLO

 

Por estas calles camino yo y todos los que humanamente caminan

por esencia me siento un completo animal, un caballo salvaje

que trota por la ciudad alocadamente sudoroso que va pensando

muy triste en ti muy dulce en ti, mis cascos dan contra

el cemento de las calles. Troto y todo el mundo trata

de cercarme, me lanzan piedras y me lanzan sogas

por el cuello, sogas por las patas, me tienden toda clase

de trampas, en un laberinto endemoniado donde los hombres

arman expediciones para darme caza armados de perros policías

y con linternas, y cuando esto sucede mis venas se hinchan

y parto a la carrera a una velocidad jamás igualada

por los hombres, vuelo en el viento y vuelo en el polvo.

Visiones maravillosas aparecen ante mis ojos. Y vuelo

y vuelo. Mis extremidades delanteras ejercen presión

sobre las traseras y paralelamente y a un mismo ritmo

antes de asentase en el polvo retumban en la tierra.

Relincho. Y mi cuerpo va tomando una hermosísima elasticidad

me crecen pelos en el pecho y es un pasto rumoroso

el que se ondea y es una música y es un torbellino

de presiones que avanzan y retroceden en mi vuelo. Atrás

van quedando millares de kilómetros y sigo libre. Libre

en estos bosques dormidos que despierto con el sonido

de mis cascos. Piso la mala hierba y riego mis orines

calientes, hirviendo en una como especie de arenilla.

Descanso a mis anchas, bebo el agua de los ríos, muerdo hierba

tallos, rumio. Mis mandíbulas se ejercitan. Muevo mi larga cola

espantando a los mosquitos. Los guardacaballos vigilan

desde la copa de los árboles. Caen las hojas secas.

Los días se suceden y suelo dar suaves galopes hacia la vida.

En invierno los senderos se hacen tortuosos; el fango todo lo invade.

Para el frío utilizo cabañas abandonadas, cuevas en los cerros

que me resguarden de las tormentas. Yo observo la lluvia

desde mi cueva. Cae la lluvia y todo lo moja. Con este tiempo

suelo galopar poco cuidándome de un desgarramiento.

Muchas veces me siento solo y llego hasta los helechos

de los ríos para pensar muy dulce en ti muy triste en ti

y voy galopando bordeando el río añorando alguna yegua

que llegó a correr en pareja conmigo. A veces los niños

que vagan sueltos por las campiñas mientras sus padres

realizan tareas de recolección o labranza me montan a pelo

y solemos recorrer ciertas distancias, ganando los años,

aumentándolos. De ellos sí recibo algún trozo de azúcar.

En el verano el sol se pone rojo y se hace presente con su alegría

y los habitantes de los bosques y campos suelen saludarme

con el sombrero y con la mano. Yo les contesto con un relincho

parándome en dos patas. Y con la luz solar que todo lo invade

suelo dar galopes hacia la vida. Allí

donde mi presencia es esperada me hago realidad.

Allí donde ni un sueño se revela me hago realidad

me hago realidad en esos ojos que están cansados

de ver las mismas cosas. Y es en verano cuando la vida

se enciende y mis cascos recogen la hermosura de la tarde

y asciendo a las cumbres donde diviso extensiones

de mar de cielo de tierra.

Mi figura domina la naturaleza.

Cruza por el cielo un escuadrón de tórtolas.

Cae la noche.

Mi sombra se recobra.

Las ramas crujen.

Y por un instante pensé muy triste en ti muy dulce en ti.

Cae la noche en estos bosques, pareciera que la tierra

se difunde con la noche se propaga se manifiesta.

Y toda la noche he ido creciendo. Y crecía y crecía

aún más aún más ¿hasta dónde crecerás?

¿No tienes miedo? No, contesté. Soy libre.

El día, el nuevo día como algo fresco se anuncia solo.

Por esta época del año suelen cruzar manadas

de caballos ahuyentados y en busca de nuevos campos.

Recuerdo que logré darles alcance y me contaron

que lograron salvarse de una cacería emprendida

contra ellos para mandarlos a vivir a un potrero

y que luego de ser sometidos al cubo de agua

y a la alfalfa son obligados en los hipódromos

a correr distancias de 1,000, 2,500, 5,000 mts.

y no eres libre de correr sino que te dopan te colocan

descargas eléctricas, te manosean, te latigan

con una fusta despellejándote. Y así durante

un buen tiempo mientras ves acumuladas alforjas

de oro y plata. Hasta que llegue el momento de ser

sometido a la reproducción arrinconándote a una yegua

a la vista y paciencia de todos, sin intimidad

en una mañana de tinieblas y poca luz y luego

te separarán de tu yegua y potranco y pasarás

tus años inmisericorde como padrillo viejo y cuando

manques te dispararán un balazo en la sien. Ya

había galopado un buen trecho con la manada

que huía despavorida y me dijeron que probablemente

para el invierno pasarían por aquí para ir más

al norte. Y se alejaron a la carrera. Yo sabía

lo que le sucede a un caballo en la ciudad. Y

por ello me mantengo alejado de ella. Pero a veces

me interno y sucede lo que tiene que suceder. Pero si yo

me rebelo y persisto y amo terriblemente mis posibilidades

de realizarme en un medio donde la civilización se mata

y permanecen odios, prefiero ser caballo. Mojaré

la tierra con mis orines calientes hirviendo con estas ganas

inmensas de vivir y me uniré a las manadas para galopar

hacia la vida, para mantenernos unidos y vencer,

para no estar solos, para volvernos verdes-azules-amarillos

anaranjados-rojos y trotar hacia el nuevo aire fresco

y el campo sin límites.

Seré libre así y al menos mis guardacaballos cuidarán de mí

y de mi yegua

y de mi potranco.

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MUERTE IGNORADA

Qué clase de vida es esta

ulterior, posterior, media,

cuarta vida, enésima, vigésima,

infinitesimal, variada, altisonante,

borrosa, punitiva, tripoidal, prismática,

antológica, cromoidal, de primer turno,

de ínfima posibilidad, borrosa, constante, sonante,

milimétrica, para todo uso, cítrica,

con espejos, a sueldo, demencial,

barata, negativa, venga de donde venga,

vuelva otro día, lo siento, queda usted despedido,

agarre sus cosas y lárguese, parta de una vez

antes de que sea demasiado tarde,

gerencial, por poder, a cachetadas, direccional,

de poder a poder, de uso ocasional, correctiva, mística,

comprobada, rítmica, lóbrega, de espasmos violentos,

a la cuenta de, desesperada, de peso, con características

propias, de asesinato, de levitación, exagerando la nota

y caída con consecuencias mortales,

ajuste de cuentas, torrencial,

inalámbrica, de la boca para afuera

del estómago para adentro,

sin salida, a rayas, mantecosa,

con fe ciega, creyente al máximo,

de desfogue bilateral, de compromiso,

de suprema audiencia, silenciosa,

roja, azul , verde, honesta, pendenciera,

quijotesca, marsupial, venenosa, agreste,

bilingüe, aterrada, más te vale decir la verdad,

eléctrica, con comba y cachiporra, puro balazo,

a puñete y patada, a piconazo limpio,

servil, mediante decreto supremo, negra,

amarilla, con concha, brillante, intelectual,

cimbreante, quién da más de 3, de 20 años,

de 5, de 6, escupida, de susto, de una errada

versión de la inmaculada concepción,

de caridad nuestra en el nombre del padre,

del hijo, de rigor, con proyecciones ad infinitum,

de prédica ostentosa, predicha, fusiforme, chata,

pastiche, solapada, voluble, entrenada,

con todas las de la ley, aguerrida,

de espíritu noble, es suyo el puesto,

otrosí digo, de honda preocupación,

más vale decir la verdad,

más le cuesta, es excesivo el pago,

no es asunto mío, que mueve lo que no tiene

que vive lo que tampoco quiere, que tiene

que vivir lo que no USA,

que tiene que utilizar lo que no sabe, que miente,

que es arrogante y que sin embargo

el gusano ese quiso utilizarme, para después él,

de comprobante de pago, para uso exclusivo

con signos con visos con estadísticas, excesiva,

con molde, de amplios pergaminos,

de grandes caracteres, de excelsas virtudes,

con dólar, condolidamente con dolor,

sin condolerme con billetes grandes,

no condoliéndome con sencillo,

abigarrada, uniforme, multiforme,

de recibos, de abusivos, de impunidad,

me jodo, me jodes, me jodí,

razonada, volcánica, idílica,

constreñida, más claro no canta un gallo,

de pescuezo corto, de anchas caderas,

perseguida, granate, que pase el rey,

y que no ha de quedar, abre el cofre

y verás los contratos con las transnacionales,

de FMI, de imperialismo, desapropiada,

con canas, rabiosa, bondadosa

y en esta esquina, con barro, tutti fruti,

de archivo, más que mal, choza, barriada, insalubre,

a guantazo, de una vez por todas, equinoccial,

de acoso, de atosigamiento, sumergida,

tétrica, infernal, desproporcionadamente sí,

exageradamente no, sin posibilidad

aparente, visible, a plazos, enrevesada,

en desuso, misteriosa,

de hoyo hondo, sin mente,

fisiatura,

tuberada,

inflación,

mancomunada traición,

ajuste de cuentas,

tugurización,

esquematismo,

acomete la incomprendida,

aniquilamiento y devastación

poblacional, sin derechos,

masacres y amargura,

y precipicio y última fase,

facción de tiempo, pujanza,

interioridad, fracaso imborrable,

tenue, hosca, rota, injusta,

de quebrado beso, mierda

y hartazgo y miseria,

de vómito, de otra oferta,

1, 2, 10, treinta mil 200,  18,400

11’230,840,  20’187, mentada, chicle,

vitrola, puta, puerta, muere, occiso,

serpiente,

carajo, aquí estoy con la muerte, contesten.

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RIMBAUD EN POLVOS AZULES

 

Rimbaud apareció en Lima un 18 de julio de mil novecientos setenta y dos.

Venía calle abajo con un sobretodo negro y un par de botines marrones.

Se le vio por la Colmena repartiendo volantes de apoyo a la huelga

de los maestros y en una penosa marcha de los obreros trabajadores

de calzado El Diamante y Moraveco S. A., reapareciendo en la plazuela

San Francisco dándole de comer a las palomas y en un cafetín donde rociaba

migajas de pan en un café con leche mientras entre atónito y estupefacto

releía un diario de la tarde. Las personas que lo vieron aseguran que denotaba

cansancio y que fumaba como un condenado cigarrillo tras cigarrillo.

 

Pálido como una hermelinda, de contextura delgada, entre las manos portaba

un libro de tapa gruesa. Luego hizo un ademán con la mano pidiendo la cuenta.

Pagó 13 soles y 50 ctvos. y luego partió y una muchacha al reconocerlo le tendió

la mano y le ofreció posada y su cuerpo a lo que él respondió invadiéndola

de luces anaranjadas. Llovía. Y las pocas personas que en esos momentos

contemplaban la escena -serían unas 15, de 20 no pasan- reunidos bajo el toldo

de la chingana armaron un tremendo barullo llamándolo Arturo, Arturo Rimbaud.

 

Y sus pasos fueron lentos mientras enrumbaba por el Jr. Leticia y la calle Caquetá

en el Rímac. Casi todos los que se encontraban reunidos coincidían en afirmar

que su aparición podría traer funestas consecuencias al sistema y al orden

establecido y que mejor era dar parte a la policía. Y la descripción que de él

dio un político coincidía con las que se dan para atrapar a un maleante.

 

La del empleado del Ministerio de Educación fue que en su abundante cabellera

pendía un turbante turco y una argolla de bronce aparecía en una de sus orejas.

A lo que un joven estudiante de San Marcos prorrumpió amenazadoramente aseverando

que todos ellos estaban alienados y que más bien había que cumplir

al pie de la letra la aseveración de Juan Nicolás Arturo Rimbaud “Hay que cambiar

la vida” para lo cual había que destruir todo un sistema inhumano injusto y atroz.

 

¡Linda manera de hacerse oír! terció la voz de un anciano, y un muchacho

de secundaria dijo ¡Buena, tío! y la muchacha que fue invadida de luces

anaranjadas extrajo un lápiz de labios de su cartera corriendo hasta llegar

a un muro donde inscribió esta significativa palabra

 

Madrid, 1973

 

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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
Esta entrada fue publicada en Cangrejo Negro / Eloy Jaúregui, Crónicas, La crónica ya tiene Nobel, Narrativa peruana, Periodismo literario y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Jorge Pimentel / CICLÓN DE POETA

  1. Inmenso homenaje al Día Mundial de la Poesía este rotundo texto sobre un poeta sensacional, que pronto cultivará su Jardin de Uñas.

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