Benny Moré / ELIGE TÚ QUE CANTO YO

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

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El Benny Moré en los bajos de su casa en La Habana.

 Si se trata de ponerle música al romance, entonces no hay nada mejor que cantar o escuchar un bolero. El programa “Sucedió en el Perú” le hará un homenaje al género en su programa de este lunes 15 de febrero del 2016 como quién le pone fuego al Día de los enamorados. Modestamente aparezco es ese espacio y lo único de sostengo es que sin boleros no hay corazón y menos pasión.

 

1.

En La Habana Dios está de vacaciones. La visita del Papa Francisco en setiembre del año pasado a Cuba no tuvo el efecto de conmoción que ocurre con en otras latitudes. Se respetan las religiones pero los habaneros, por ejemplo, reverencian a otros dioses. A parte de Fidel Castro, su otra deidad es Benny Moré sobre todo, cuando se le escucha cantando Boleros ahí en el Bar San Juan de la Calzada Infanta a unos metros de Radio Progreso en El Vedado, La Habana. Benny en boleros es aquel que justifica la frase de mi recordado amigo Luis Delgado Aparicio: “que en el bolero está representada la lógica del predominio, los latidos del corazón, su neblina neuronal y el pulso animal que llevamos dentro”.

El 18 de junio de 1958 aterrizó en el aeropuerto de Limatambo el vuelo de la línea Panagra un tanto atrasado. En él llegaba Bartolomé Maximiliano Moré conocido como el inigualable Benny Moré. Capítulo mayor en la lírica popular cubana. Sus grabaciones en el salón auditorio de Radio La Crónica, son una joya que hoy muy pocos atesoran. De igual manera, se recuerda sus actuaciones en la boite “Olímpico”, un centro nocturno en el sótano del Estadio Nacional. Benny, acompañado de músicos peruanos y bajo la dirección del saxofonista panameño Armando Boza, fue una conmoción.

Los cronistas de espectáculos advertían que el Benny estaba trabajando mucho, que se iba a matar cantando. Pero eran las gentes las que se mataban con sus sones y boleros, como “Dolor y Perdón”. Otro de las grandes omisiones a la historia oficial del bolero es la reconocida biografía escrita por el cubano Amín Nasser que no menciona en su libro esta visita al Perú. Muchas cosas hizo el Benny además de cantar. Uno de esos días limeños, lo llevan al Estadio Nacional para presenciar un partido de fútbol de Alianza Lima, el equipo de mayor fervor popular del Perú y que identifica a los negros desde 1901. Al final del encuentro, El Benny dijo: “lo que yo hago cantando, estos negritos lo hacen con la pelota”.

En La Habana

Eloy Jáuregui en Calzada de Infanta. Al fondo el Bar San Juan y el Malecón habanero.

2.

Benny Moré había nacido en Santa Isabel de las Lajas, 24 de agosto de 1919 y Fallece en La Habana 19 de febrero de 1963. De él dice Helio Orovio en su Diccionario de Música Cubana: “Unánimemente considerado uno de los más geniales artistas que produjo nuestra música popular. Brilló en todos los géneros”. El propio Bartolomé asegura que siempre tuvo vocación por la música: “Yo creo que empecé a cantar cuando me quitaron los pañales”.

A comienzos de los 40, en la emisora CMQ comienza un programa titulado Corte Suprema del Arte, en el que concursa todo tipo de artistas. Luego, con gran suceso integra el Trío Matamoros. En 1945 se radican en México donde graba para la RCA Víctor, junto con la orquesta de Mariano Mercerón: Me voy pal pueblo y Desdichado. También grabó en México con Pérez Prado: Bonito y sabroso, Mucho corazón, Pachito e’ che, Ensalada de mambo. El público lo bautiza así como El Bárbaro del Mambo. En 1952 graba con la Orquesta Aragón y luego decide formar su Banda Gigante. En 1957 actuó en Lima donde ya era un ídolo a través de sus discos. Su estilo abrió un camino ignorado por el canto y ritmo de aquel entonces.

Benny poseía una personalidad original y fue la culminación de toda una historia recorrida por el arte musical popular. Su voz, que recorría todo el registro vocal, tonalidades y tiempos, se doblaba en frases y gritos, acompañada de pasos bailables, creando una atmósfera envolvente. Pasaba de la interpretación de una canción tenue a un guaguancó, casi sin transición, consiguiendo en ambos la máxima calidad. Desconociendo la técnica, dirigía su gran orquesta, imprimiéndole un sello cubanísimo. Agravado por un mal hepático, el 16 de febrero de 1963, tres días antes de morir, Benny actúa en Palmira. Todo el día lo pasa en la cama, pero por la noche actúa y lo hace con éxito cantando sus temas: Dolor y Perdón, Maracaibo y Castellanos que bueno baila usted. De vuelta a La Habana empeora su estado de salud, con vómitos de sangre. En La Habana ingresa en el hospital de Emergencias donde fallece el 19 de febrero de 1963.

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3.

En los años cincuentas, grandes boleristas cubanos llevaron al romántico ritmo temas de autores peruanos. La desmesurada Celeste Mendoza grabó “Con Locura” de Luis Abelardo Núñez. Y con estilo cercano al Benny, Leo Castañeda lo hizo con “El Plebeyo” de Felipe Pinglo Alva quien tocó esa temática mucho antes que el puertorriqueño Bobby Capó. Poco después, Olga Guillot convierte en himno una composición de Pablo de los Andes: “Sola”. Y hay más piezas peruanas que renombrados boleristas hacen éxitos internacionales, como “Osito de Felpa” de Mario Cavagnaro y “Ódiame” del poeta Federico Barreto y música de Rafael Otero López. Sin embargo, una de las versiones más logradas la canta Héctor Lavoe y la escribe Mario Cavagnaro: “Emborráchame de Amor”.

En nuestro país, coexisten dos formas de bolero que son opuestas explica la investigación de Pérez Aldave. Una es la del estilo cantinero. La otra está ligada al estilo clásico o más elaborado y tiene dos figuras de renombre internacional: La señora Rosa Palma Gutiérrez, más conocida como Fetiche, de tierna e impetuosa voz, triunfadora en varios países, como en la Argentina, donde es idolatrada, y de estilo emparentado con Toña La Negra y Olga Guillot. El otro personaje es una figura mayor del canto latinoamericano y se ha paseado con maestría por los más diversos estilos del bolero: Tania Libertad.

Otros compositores de vena esplendida serían Antonio Martell, prolífico compositor y cantante que hace años impuso “Como Dios Manda” (ese himno a la segunda oportunidad que siempre debe esperar todo amante herido y agonizante), Pepe Bárcenas, un respetuoso intérprete e investigador, y José “Chaqueta” Piaggio, tributario convicto y confeso de la vertiente afrocubana. Y para el final está la figura de Bárbara Romero – quien se forjó en La Nueva Canción y el folclor. Su propuesta recorre las fibras clásicas del bolero y también las conecta con el pop y el jazz.

 

Fragmento tomado de mi libro EL SON DE LA HABANA . Lima, 2016. Grupo Editorial Lancom.

 

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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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