Dollyrocker / ROCK DE UNA NÍNFULA VORAZ

Dollyrocker Psychedelia 2014

Un perfil de ELOY JÁUREGUI


Era la misma niña: los mismos hombros frágiles y color de miel, la misma espalda esbelta, desnuda, sedosa, el mismo pelo castaño.
Lolita, Vladimir Nabokov

1.

Conocí a Dollyrocker en el Etnias Bar en el invierno del 2012. Ella iba a actuar con su banda en una de las relanzadas matinales junto a grupos como El Monje Loco, Vaselina y Jardín de Sombras entre otros. Entonces la vi y me imaginé que era la Lolita de Nabokov rediviva esa mañana en el Centro de Lima. Insisto, no era una niña, no era una mujer, en todo caso era una fenme atemporal hecha y derecha para el cómputo del pecado. Y era mortal para cualquier hombre maduro que camina por las paredes rijosas de la libídine en busca de una, de una sola mirada de una nymphette o “nínfula”. Y “nínfula” es aquel neologismo utilizado para el acto de describir a la sujeta-niña-objeta, materia de este texto, como la Lolita de la novela.

Dollyrocker tiene 23 años es limeña y ha bajado de La Molina a Salamanca. A los 20 ya era una consumada intérprete de rock sicodélico y del surfer rock. Parecía una tía con su abrigo de piel cuando llegó a ese antro de la gentita. Dollyrocker tiene personalidad y genio. ¿Y tus muñecas? le pregunto mientras ella apura su copa de vino. “Nada que ver, mi mamá me compró mi primera guitarra a los 15” dice. Ahora tiene una Yamaha clásica hecha a mano. Con ella actúa en los conciertos duros del Centro de Lima, de San Juan de Lurigancho, de Cerro Azul y en el Partido Socialista. “Soy hedonista con planes, me gusta el placer, pero también la poesía de Vallejo, los textos de Poe y las novelas de J. R. R. Tolkien” y termina con la copa.

2.

Dollyrocker siempre está adelante. Cuida su imagen, no es tan alta pero es linda aún en la oscuridad de la disco e impacta por su carácter. Con su banda Sexy Sadies está buscando siempre romper esquemas. Tiene calle, pasó por 8 colegios, y juega con el lenguaje. Está ahora terminando su primer libro, una novela a partir de sus experiencias y harto hedonismo literario. ¿Tienes pareja? “No, estoy full chamba”. En su video “Summer of Love” ella canta en ropa de baño y su guitarra junto a sus chicas y tiene escenas eróticas en una habitación casi pastrula. En youtube batió record de visitas. Ella me cuenta que admira a la recordada Janis Joplin y a Avril Lavigne, a Pat Benatar y a más que Jess, a Lisa Origliasso de The Veronicas. Bueno, también a Bjork, a Lena Katina y Amy Lee

¿Qué es la música? Y la niña tiene rollo y es política. Y raja y dice que es profesional porque tiene managers, los hermanos Cornejo. Cierto, no es la única cantante que habita fuera del rollo comercial, hay otras en el medio como Adri Vainilla, Veronik o Natali Jiménez. ¿Y cómo es la movida en el Perú? “Hablando concretamente de la escena peruana, está plagada de hipters, prima el amiguismo y las cojudeces. Deberían aprender del surfing peruano donde no hay mala vibra, en su lugar está la camaradería para todos crecer, al igual que los rockeros peruanos en los 60’s tipo Laghonia, Saicos, Telegraph, etc. Se apoyaban entre sí y dejaban el egoísmo de lado, grandes bandas y grandes compañeros, el día que seamos así, empezaremos a crecer, acá no solo tenemos la piratería en contra, el subdesarrollo económico, tenemos un cáncer más grande y es el subdesarrollo mental, mientras lo tengamos en el extranjero siempre dirán: Mira este rockerito peruano, solo toca para la colonia de latinos”.

3.

Dollyrocker sabe que hay empresario de todo tipo en el rock nacional y ella creó un circuito alternativo en los locales del Centro de Lima. Para estos días se anuncia un “Tono Berraco” en La Oficina Bar del Jr. Cailloma. ¿Qué es el rock Dollyrocker? “Mi poesía, esa que no se enseña en el colegio. El rock toco mi vida en un momento donde podía decidir, entre seguir la corriente y siempre estar segura o ser feliz pero arriesgándome. Así que hoy en día soy de las personas que son felices organizando una matinal, encima de un escenario tocando mis canciones, fumando, escribiendo poesía, hueveando en Quilca o en una sesión de fotos sexy “super nice”, el rock me salvo la existencia”.

Lo escribiré como Nabokov. “Si pedimos a un hombre normal que elija a la niña más bonita en una fotografía de un grupo de colegialas o girl scouts, no siempre señalará a la nínfula. Hay que ser artista y loco, un ser infinitamente melancólico, con una burbuja de ardiente veneno en las entrañas y una llama de suprema voluptuosidad siempre encendida en su sutil espinazo, para reconocer de inmediato, por signos inefables al pequeño demonio mortífero ignorante de su fantástico poder”. Algo de eso sucede cuando uno conversa con Dollyrocker. Es decir, con las escritura de sedas, escalofríos y temblores. Con la literatura del retruécano, de blondas –y de fustanes lingüísticos dirán algunos y no sin razón–. Con la imagen de esta nínfula del rock que es la pura poesía del asombro y el pecado.

 Este texto apareció publicado en la revista SoHo Perú, Agosto 2014.
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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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