Los prosumidores / PERIODISMO 3.0

Un texto de ELOY JÁUREGUI.

prosumidor
1.

La última falacia del periodismo de hoy es su primer mandamiento: la objetividad. Damas y caballeros: no existe tal valor. Y mejor. No lo necesitamos. Con la “objetividad” se cometen los peores crímenes mediáticos. El segundo mandamiento, ese que impone la Sociedad Interamericana de Prensa, la SIP, e incluso, así se llama su revista: “Hora de cierre”. No existe tal canon y precepto. ¿Cuál Hora de cierre? Pregúntele a Fabricio Torres del Águila, editor de la edición digital de El Comercio, por este gravamen. Se reiría. Su cierre es su inicio. Su Tiempo Real es su horizonte y jamás su meta. Un periodista hipermoderno no tiene pináculo ni cúspide. Habita en un tiempo atemporal. Es dramático pero no espeluznante. Su punto final de su nota periodística es su negación. Al “colgar” una nota ahorca su futuro. No informó de nada porque siempre le faltará más información.

Si el periodista es hoy un cautivo de la velocidad y el editor un apóstol del relámpago, entonces la información resultas un disparo de bala con profunda penetración, trayectoria axial, y largo alcance efectivo. Digo, como el de una  Barrett, M468. El vértigo noticiario es descomunal. Así, el periodista del S. XXI es una suerte de atleta en disciplinas integrales, metalenguajes, hiperescrituras, fotografías digitales, videos 3D, sonidos masterizados, expansores ecualizados, cibermontajes de rango dinámico, constructos electrónicos, estructuras multiplataformas y el design.  Ya lo decía Ramonet hace diez años: “La gente se pregunta a menudo sobre el papel que desempeñan los periodistas. No obstante, los periodistas están en vías de extinción. El sistema ya no quiere más periodistas” [i].Apocalíptico Ignacio, su esperanza es mi desconfianza.

Desde Johannes Gutenberg y su “Misal de Constanza” de 1449, el primer libro tipográfico del mundo, asesino del manuscrito, y hasta las la consolidación de las gazzettas de los reinos de Venecia, Florencia y Génova, los usuarios de información son los banqueros del Well Street de las noticias. Tienen pero quieren más. Engolosinados devienen en espeluznantes oráculos del terror mediático. Baste ver en youtube los documentales “Epic 2015” o “Premeteus”. El escenario es propicio para estos Bram Stoker de hogaño. Todos tienen su Drácula, muchos su Nosferatu, algunos su Bela Lugosi con laptop o blackBerry.   De aquí que hoy existan los coachs de de la inmortalidad previsible, de la vida perpetua insatisfecha y desinformada, del conocimiento variable y su filosofía irracional.
2.

He leído la traducción “Periodismo 2.0. Una guía de alfabetización digital”. Ahí se plantea que no hay dudas que los blogs, las redes sociales, los wikis, los opacs, los foros y tantas plataformas informativas cuasi mediáticas, irremediablemente están desplazando a los medios tradicionales de la información, [entiendo que básicamente el periodismo impreso]. Cierto que este cambio radical y de hace apenas un poco más que una década, provocó que los medios cambiasen su acartonada forma de informar y que se involucraran en el movimiento Web 2.0 [ii]. Hoy  existe un nuevo personaje emulsionando el cotarro. Parafraseo [iii]: “Un fantasma recorre la tierra, el fantasma del prosumer”. Esta es la explicación de wikipedia. “Prosumer: dícese del acrónimo formado por la fusión original de las palabras en inglés producer [productor] y consumer [consumidor]”.

Alvin Toffler, allá por los setentas, en su “La Tercera Ola” escribía ya que el término define tanto al consumidor que utiliza la tecnología como un pasatiempo [pero a un nivel que nada envidia a los profesionales], como también a esos productores que se identifican de tal manera con una marca o idea y que se convierten en verdaderos canales de comunicación humanos. Existe así “la generación ‘.com’ de los conocidos nativos digitales”. Pero hay que aclarar que en todo caso un prosumer  no es el muchacho ambicioso que hace una década ingresaba a la red para llenarse de plata, según Toffler, sino el joven  que solo pretende difundir sus ideas, sus tendencias, sus inclinaciones de consumo, su orientación sexual, o su imaginario por último, con la idea de ganarse “alguito” –a sugerencias de AdSense–, cada vez que muestra un post en su blog.

Es un entonces un prosumers un potencial periodista, pregunto. No y sí. No lo es porque tiene una tarea desinteresada –y el periodismo es un negocio antes que cualquier cosa–, que usa las redes para el intercambio de archivos entre pares, por ejemplo, las plataformas y/o redes “P2P”. Ahí están sectorizados en cruzadas paralelas a la industria culturas del disco o el cine, utilizando un soporte distinto al concepto de la protección del copyrights. Así, generan información masiva, cierto, pero es agua de otro torrente. Si menciono en cambio el resultado del prosumers en la elección del presidente Obama, de los sucesos de Bagua, las protestas digitales en Irán o el uso del twitters o las pataletas de Alan García para enlodar a sus contrarios. ¿Es periodista? No. ¿Pero informa? Sí. Entonces, en qué quedamos.

3.
Si el periodismo impreso tal como la conocemos tiene ya 400 años, lástima, los posapocalípticos le han decretado su muerte. Hay menos lectores, dicen. Internet lo apunta con un mísil nuclear. Ya no tienen ingresos por publicidad, amén de la crisis económica. En el diario franco-suizo Le Temps [una media de 142.000 lectores clasificados al día] se dice no obstante: “la prensa cotidiana tradicional permanece imbatible en su dominio de la jerarquización de las noticias, de la concentración de las opiniones y de la valoración de las imágenes, por lo cual subsiste la necesidad y la búsqueda de información de calidad, fiable y original aunque no suceda lo mismo con su modelo económico”. Cierto, procesar contenidos gratuitamente en la red, con prosumers o no, no es una salida medianamente comercial porque el código publicitario es reacio. Pero es un valor mundializado como la gripe AH1N1. El principio de gratuidad generalizada de la información por internet, obliga a que ya no se cobre por el. ¿Y dónde está el negocio?

Otra de las falacias de hoy es que la prensa ingresó en su última y voraginosa debacle. Miguel Ormaetxea, periodista de de Prnoticias, escribía no ha poco: “la lectura de diarios está creciendo sensiblemente en el globo. El año pasado, la difusión de diarios de pago en el mundo aumentó el 1,3% y el 8,8%, según la Asociación Mundial de Diarios (AMF)” [iv]. Un ejemplo sencillo y atorrante. En China e India [el 39% de la población mundial] aumentó la lectoría de los periódicos y los que se conectan a Internet se han quedado petrificados. Según publica la revista “Dinero” en su último número de junio, la media no tiene hoy una certificación que valga para todos.
Un dato más. En EEUU la tasa de lectores de diarios bajó del 58% de la población al 34% desde 1994. Otra más. La caída de los tradicionales rotativos de calidad es apabullante.

El New York Times, el ícono de la prensa todopoderosa e independiente, con 1.300 periodistas bien pagados y todos los premios posibles en su fachada, perdió 74,4 millones de dólares sólo en el primer trimestre. ¿Qué pasó? Nada, el éxito de su web, [20 millones de visitantes al mes], no logra generar más que el 12% de la facturación del diario. Y el Washington Post no se queda atrás. En ese tiempo ha perdido 53,8 millones de dólares. Yo digo, al cierre de esta edición, que el periodismo –más allá de su plataforma tecnológica– es invariablemente buena escritura, investigación, revelación y noticia. La tarea esencial de los periodistas es identificar la primicia, procesarla y comunicarla. En papel con olor a tinta o en laptop con aroma a púber. Y eso es todo lo tengo que escribir por el momento.

Notas:

[i] http://www.lafactoriaweb.com/articulos/ramonet.htm#

[ii] Briggs, Mark. Journalism 2.0: How to Survive and Thrive, A digital literacy guide for the information age.

[iii] K. Marx y F. Engels, Manifiesto del Partido Comunista.1848.

[iv] http://www.prnoticias.es/index.php/noticias/828-miguel-ormaetxea/10034769-tendencias-del-nuevo-paradigma-mediatico

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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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