Qori Sisicha / EL ORÁCULO DEL DANZAK

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

 qORI

Empezó a tocar las tijeras de acero. Bajo la sombra de la habitación la fina voz de acero era profunda.

          –El Wamani me avisa. ¡Ya vienen! –dijo.

La Agonía del Rasu-Ñiti. José María Arguedas.

1.

El acero truena agudo y filudo en la mano derecha de Qori Sisicha. En la izquierda hace garabatos con su pañuelo rojo y queda suspendido en el aire. Sus pies acróbatas muy cerca al cielo, su cuerpo suspendido en los colores de la perpetuidad. Detrás, el féretro de Javier Diez Canseco lo observa en ese movimiento eterno. El danzak’ –que así lo escribía Arguedas—Rómulo Huamaní Jananpa es Qori Sisicha, danzante de tijeras, y ahora me está contando detalles de la vida del difunto líder izquierdista quien fue su entrañable amigo. Ahora que ha cumplido 41 años preservado ese ritual bailable que abarca desde la utopía andina al principio de los tiempos, pasando por el movimiento del ‘Taki onqoy’ y hasta los procesos de transformación de la cultura quechua a través de la historia de una danza. Su arte es el ritmo del oráculo de los pueblos andinos, su resistencia y su actualidad.

Las danzas de las tijeras –como toda expresión auténtica popular– en algún momento fueron denostadas por la aplastante maquinaria de las industrias culturales. Se dijo que era suerte de ‘circo’ y hasta de arte del ‘faquirismo’. Uno de los defensores de su pureza fue precisamente Qori Sisicha. “Nosotros mientras danzamos nos conectamos con la naturaleza y ese trabajo no solo es físico sino mental. Por eso no sentimos dolor, ni sangramos. Nos preparamos para pruebas de valor, pero no para ser un show de malabaristas, eso jamás. No somos un circo y trabajaré para proteger estas costumbres hasta el fin de mis días”, dice, con la autoridad que lo otorga sus más de cuatro décadas danzando por todo Perú, Estados Unidos, Europa y Asia.

Qori Sisicha vive en la Cooperativa América en San Juan de Miraflores. Pero no solo es danzak’, también es maestro de colegio, visitador médico, criador de ganado, lee las hojas de coca donde descifra destinos y enfermedades y básicamente es difusor de una de las herencias culturales más arraigadas en los andes centrales del Perú. Además, está vinculado a los movimientos sociales, de ahí su cercanía con todos los dirigentes de la izquierda. Por ello su tristeza en estas horas en que acaba de despedir, danzando y con su música, a Javier Diez Canseco, a pedido de éste, que igual que sucediera con el testamento de José María Arguedas, pidió a su amigo Máximo Damián, ‘El violinista de Ishua’, que lo despida con su melodía hasta regresa al origen de la tierra.

2.

Desde los años finales de la década de los cuarenta, cuando se consolidan los diferentes procesos migratorios en Lima y aparecen masivamente las barriadas como fenómeno demográfico que expanden desordenadamente la capital, la danza de las tijeras estuvo presente aunque camuflada, por razones de discriminación, en las expresiones del folclor que los provincianos, especialmente, los que llegaba de la sierra sur, en los diferentes espacios que fueron ganando con sus huaynos y tonadas. Pero no fue hasta la década de los setenta cuando con el gobierno del general Velasco, se reivindica la expresión y se le da el valor que le corresponde.

Una mañana de julio de 1977 conocí a Qori Sisicha justo días después de las la presión de las masas populares con el Paro Nacional del 19 de Julio de 1977 y que obligaría al Gobierno Militar de Morales Bermúdez a buscar su salida y convocar a la Asamblea Constituyente. El danzante venía en compañía del escritor y periodista huancavelicano, Antonio Muñoz Monge quien me lo presento. En ese instante noté que el danzak’ era un ser especial, profundo, serio, comprometido. Qori Sisicha nació en el pueblo de San Antonio, distrito de Chipao, provincia de Lucanas en Ayacucho. Su trayectoria artística merece resaltarla. Fundador y primer presidente de la Asociación de Danzantes de Tijeras y Músicos del Perú en 1984, fundador de la primera Escuela de Danzantes de Tijeras, actor y promotor de numerosos Atipanacuy o competencias. En el 2007, tuvo un papel protagónico en la serie “El Gran Reto” del Canal 2 y hasta hoy es un viajero impenitente llevando la magia de nuestra danza milenaria.

Es Antonio Muñoz Monge quién describe fervoroso este texto para su amigo Qori Sisicha mientras danza: “Azul es el paso, ahora rojo, amarillo, violeta, morado, plata, oro. De lejos vienen sus pasos, de las alturas de los Andes, del tiempo remoto. El sol relumbra lumbre, refleja filos de luz, tajos, cuchilladas sobre las tijeras. Los aceros contestan con algarabía, relampaguea el sonido como las chispas de los rayos, que anuncian los truenos, augurando lluvias en las cumbres altísimas donde moran los Wamanis, espíritus protectores de los Apus, cerros inmemoriales”.

Y en efecto, así aparece los sonidos del arpa en las manos de Gregorio Condoria “Lapla”, o en las de Zenón Llamoca Inca, “Incacha”, el violín en el arte de Andrés Lares “Chimango”, todos enroscan las melodías en el viento, haciendo campo, sitio, aire, provocando, llamando a la filigrana de los pasos. De pronto es el Alba, el wallpa waqay, las Tonadas, el Siu Sau, la Patara. Más ritmo y giros, que recogen el sonido de los elementos de la naturaleza, el canto de las aves, el enigma de los cerros y puquiales. Y de ese remolino de colores y música sale, camina, corre, aparece la filigrana de la danza. Y ahí está y ahí queda vigente, en el escenario del tiempo, suspendido en la reminiscencia, Qori Sisicha.

3.

Uno de los pocos textos que explica el prodigio de la memoria viviente de esta danza es el libro “Los Danzaq” de la antropóloga Lucy Núñez Rebaza. En el prólogo, Rodrigo Montoya escribe: “La Danza de las Tijeras es un modo de aparición clandestina, enmascarada, del culto a los Wamanis o Apus, a las Huacas. Comenzó – probablemente – en la ciudad de Huamanga, después de 1565, como una de las posibilidades de desarrollo y continuación del ‘Taki Onqoy’, aquel “canto y baile de la enfermedad”, surgido como primera respuesta a la invasión española. Entonces las Huacas prehispánicas se rebelaron contra España encarnándose en determinadas personas, las que poseídas por los dioses perdieron el espíritu, cantaron y bailaron, en un éxtasis profundo, proponiendo el regreso al antiguo orden y exigiendo a los hombres y mujeres de los Ayllus no mezclarse con los españoles”

Por ello, con Qori Sisicha no nos cansamos de conversar sobre la indolencia de las autoridades culturales que ignoran de la trascendencia de esta de danza de predicción y de la obra literaria de Arguedas que está viva porque tiene música y la sonoridad de los actos rotundos y vitales. Por eso José María explicó que la danza de tijeras era el retrato de esta naturaleza inmarchitable: “Así como en las montañas y los ríos tienen poder sobre los seres vivos y ellos mismos son seres vivos, todo lo que hay en el mundo está animado a la manera del ser humano. Nada es inerte. Las piedras tienen “encanto”, lloran si no pueden desplazarse por las noches, están vinculadas por odios o amores con los insectos que habitan sobre ellas o debajo de ellas o que, simplemente, se posan sobre su superficie. Los árboles ríen o se quejan; sufren cuando se les rompe una rama o se les arranca una flor, pero gozan si un picaflor baila sobre su corola (…) Todas estas cosas vivas están relacionadas entre sí. Las montañas tiene ciertas zonas especialmente sensible sobre las cuales el hombre puede reposar pero no quedarse dormido, a riesgo de que la montaña le trasmita  alguna dolencia que pueda ser mortal”.

CON EL HERVOR DE SU SANGRE

Quién como José María Arguedas para explicar la magia de las tijeras: “Son hojas de acero sueltas. Las engarza el danzak’ por los ojos, en sus dedos y las hace chocar. Cada bailarín puede producir en sus manos con ese instrumento una música leve, como de agua pequeña, hasta fuego: depende del ritmo, de la orquesta y del ‘espíritu’ que protege al danzak’. Bailan solos o en competencia. Las proezas que realizan y el hervor de su sangre durante las figuras de la danza dependen de quién está asentado en su cabeza y su corazón, mientras él baila o levanta y lanza barretas con los dientes, se atraviesa las carnes con leznas o camina en el aire por una cuerda tendida desde la cima de un árbol a la torre del pueblo. Yo vi [énfasis mío] al gran padre ‘Untu’, trajeado de negro y rojo, cubierto de espejos, danzar sobre una soga movediza en el cielo, tocando sus tijeras. El canto del acero se oía más fuerte que la voz del violín y del arpa que tocaban a mi lado, junto a mí [énfasis mío]. Fue en la madrugada. El padre ‘Untu’ aparecía negro bajo la luz incierta y tierna; su figura se mecía contra la sombra de la gran montaña. La voz de sus tijeras nos rendía [énfasis mío], iba del cielo al mundo, a los ojos y al latido de los millares de indios y mestizos que lo veíamos avanzar desde el inmenso eucalipto a la torre”.

PATRIMONIO DE LA CULTURA ANDINA

Aunque la iglesia católica prohibió radicalmente las danzas de las tijeras por obedecer a un supuesto pacto con el demonio en las zonas altas de Ayacucho, Huancavelica, Junín, Apurímac y la capital, este ceremonial mágico-popular se mantuvo practicando durante siglos casi de manera oculta. Fue recién en 1995, cuando el entonces Instituto Nacional de Cultura reconoció la danza como Patrimonio Cultural de la Nación. Luego, el 16 de noviembre de 2010 fue reconocida también por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por su antigüedad y valor simbólico.  Como señala Juan Zevallos-Aguilar respecto al libro “Los Dansaq” de Lucy Núñez Rebaza que explora la práctica de la danza en la Lima desde los 50, queda demostrado que la danza ha sufrido cambios. No obstante existen testimonios  de los danzantes de que complementan los asertos de Arguedas respecto a los pasos de la danza, acordes musicales e información sobre los danzantes como representantes del diablo que aparece en “Los ríos profundos”. Pero ninguno de los danzantes corrobora la existencia del ritual de muerte ejecutado por “Rasu-ñiti”. En cualquier caso, lo único que queda en claro es que Arguedas utilizó una danza de origen indígena conocida por los lectores peruanos para construir una cultura andina y plantear con optimismo su vigencia y la existencia de un futuro prometedor para ella, como parte integrante de la heterogénea cultura peruana.

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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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