LIMEÑENSES 37

Susana Baca (2):

MELODÍA SUBLIME QUE ALIMENTA EL ALMA

Una crónica de Eloy Jáuregui

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Aquel invierno de 1986 el Barrio Latino de Nueva York tenía desde hace unas semanas un vecino extraño aunque algunos sospechaban ilustre. Era David Byrne, veterano guitarrista del grupo Talking Heads, rockero genético, melómano enloquecido por el pop, de zafari por el bossa anglófilo, viajante del tropicalismo del futuro, y obsesionado por la africanía en el Perú. Un ser sin fijación colonial, al contrario, apasionado por mostrar al mundo lo maravilloso y real de una música que sospechaba, era mágica y digna del ensueño.

Algunos afirman que su búsqueda se parecía a la que a su adicto estilo llevaba a cabo Peter Gabriel en el África. Lo cierto es que Byrne asistía en esas tardes neoyorquinas a la casa del profesor Bernardo Palombo, un argentino políglota, periodista y obseso por las plantas amazónicas, que le enseñaba el español reforzando los adverbios del espíritu, aquello que llaman poesía y que en su lengua sonaba a himnos con los retruécanos del corazón. Cierta vez, el maestro para ampliar el espectro de su clase, recurrió a un video que había grabado en Lima, una cinta con música del Perú donde de pronto aparecía una diosa morena pronunciando las vocales con un susurro aterciopelado erigida sobre una nube, casi soporte de percusión, que se amotinaba con sus cantos. El alumno Byrne no lo pensó dos veces. Tenía que conocer a esa divina criatura de tan exótico país. Luego averiguaría que se llamaba Susana Baca, después viajaría al Perú, luego escribiría esta parte de la historia.

Ha pasado el tiempo. Es mayo de 1993. Una exposición sobre los negros de la costa peruana, más exactamente de Chincha del fotógrafo Lorry Salcedo, en una sala de arte en San Antonio, Texas. Byrne, que también es aficionado a la fotografía, observa los retratos fascinado y si hasta pareciera que tuviesen música: esos ojos expresivos, esos rostros de la más intensas de las ternuras. De pronto siente la misma emoción que cuando admiró el video de Nueva York. Sublevado pregunta por Susana Baca. Salcedo le confiesa que la conoce, que vive al sur de Lima, en un balneario llamado Chorrillos. Byrne llama a su director musical Yale Evelev; al cabo de un mes, con papeles en mano, los dos aterrizan en el aeropuerto Jorge Chávez. Susana Baca los espera discretamente en su casa aromada de crisantemos y pájaros de trinos fragosos; Susana los aguarda con su receta inmarcesible: su Pastel de Choclo y con sus cántigas y salmos negros. Byrne, como confesaría a la revista Rolling Stone, ya no sería el mismo desde esa vez.

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Ese vestido blanco al viento, esos pies levitando en danza ancestral amen de aquel verbo de canciones engalanado de misterios y que venían del fondo de los épocas, hicieron que esa dama que rescataba amorosa la memoria, tuviese ahora una dimensión universal. Susana Baca gracias a su feliz encuentro con Byrne inscribía en agosto de 1995 su «María Landó» en el «Afro Peruavian Classics: The black Soul of Perú», el mítico disco compacto, hoy desaparecido del mercado, una selección realizada por David Byrne y producido por su sello Luaka Bop, editado por Warner Bros Records, New York. No había duda, se habían iniciado otros tiempos.

A partir de 1996, se multiplicaron las giras artísticas para Susana. Hoy estaba cantando en París y mañana en Marruecos y luego en Milán. Su presencia convocaba y enseñaba no sólo por exposición sonora sino porque Susana asistía y participaba en cuanto congreso trataba la presencia africana o los derechos humanos en las poblaciones negras del Perú y su continuidad cultural; ahí Susana Baca tenía algo que decir. No en vano, desde los principios de los noventa, habían recorrido las costas del Perú junto a Ricardo Pereira, descubriendo en cada aldea o villorrio, las raíces de su raza, la fundación de ese universo trágico y festivo; su rezos, sus pregones, sus danzas, sus comidas. Era un verdadero viaje a la semilla y una rigurosa investigación de campo. Producto de esta inmersión es la producción «Fuego y Agua», una grabación y un libro editado por Pregón SRL. Lima, 1992, donde se puede encontrar la explicación de ese rico abanico cultural producto del mestizaje –negros, blancos, chinos o cholos, juntos entre inga y mandinga–y la forja de una identidad que vivía y vive preservando sus brasas creativas.

Byrne, en EE.UU., seguía sus romances con la salsa, sus experimentos en la música electrónica, sus composiciones orquestales y aceptado lo que la crítica le había impuesto, que era un verdadero músico «global», capaz de componer canciones con Caetano Veloso, editar en Nueva York a Silvio Rodríguez, cantar con el grupo mexicano Café Tacuba, «resucitar» la carrera del brasileño Tom Zê, reafirmar el country hip-hop de Jim White o el lounge de Los Amigos Invisibles, fichar la trayectoria de Waldemar Bastos, y cierto, abrir trocha a la rutilante Susana Baca. Por eso a su escuadra se le llamaba la «Factoría Byrne», un club de este mago rítmico que con sus poderes había resucitado del ostracismo y la desidia a auténticos genios de la música popular.

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Susana Baca, mientras tanto, había ampliado su espectro artístico junto a su grupo compuesto por David Pinto, director musical y bajo, Sergio Valdeos en guitarra, Juan Medrano Cotito en el cajón y Hugo Bravo en las congas y bongó. Una noche nos contó que a ella le fastidiaba que le coloquen letreros a su música, que estaba de acuerdo con aquello de la World Music porque se sentía compañera de los trabajos de Manu Chao, del canario Pedro Guerra, el de «Contamíname», pero igual, de Casandra Wilson, que lo suyo tenía un sello propio, como en su tiempo lo tuvo el vals criollo, que cuando llegó y pasó por el oído del negro, perdió ese barniz europeo y se hizo zambo.

En 1997, en pleno invierno francés, se edita en París «Susana Baca.. Vestida de vida», un disco compacto en el sello Iris Musique y que recibe la distinción FIP y Le Choc de la crítica francesa. Desde esa fecha, el mercado europeo se rinde a la maestría y el duende de Susana y esa apertura no significa otra cosa, la confirmación que su estilo había adquirido el brillo de una estrella consagrada y que su horizonte se expandía de manera insospechada. Ese mismo año, David Byrne le produce el CD «Susana Baca» editado por  Luaka Bop / Warner Bros,  New York. 1997 que al mismo tiempo recibe el ‘Choc de Le Monde de la Musique’. Esta grabación es considerada en Francia como uno de los 12 discos más importantes del año y en Inglaterra está  catalogado como uno de los tres discos más importantes del 97’ y la revista «Jazzis» de Los Angeles, lo ubicó entre los 8 mejores discos de esa temporada.

Ningún artista popular peruano había logrado tamaño éxito hasta entonces y los críticos de música contemporánea y los especialistas del planeta musical, no tardaron en saludar el trabajo de Susana, que desde esa vez, fue acumulando el reconocimiento unánime de publicaciones como The New York Times, Le Monde, Rolling Stone, Billboard, El País, The Sunday Times, Les Inrockuptibles, Jazz Times, The New Yorker, sólo por nombrar a los más conocidas, los mismas que bautizaron su fertilidad musical excepcional como si su legado estuviese anegado por el agua bendita prestada de la cocina de sus ancestros y alimentada por su innegable talento y sus pasiones propias.

Pero el dueto Byrne-Baca seguirían procreando éxito tras éxito. En el 2000 aparece «Eco de Sombras» editado por Luaka Bop y Virgin Records de Nueva York. La producción es  de Craig Strett y la grabación merece una  distinción rotunda: es considerado el mejor disco del año por publicaciones como Les Inrockuctibles de Francia, GQ y el Boston Globe de EE.UU. y Le Espresso de Italia. En el 2001, aparece «Espíritu Vivo», también producido y editado por Luaka Bop de Nueva York. En este disco participan el legendario percusionista Mongo Santamaría, el brasileño Caetano Veloso y Bjork. Susana Baca me confesaría luego, que ahí está la mejor muestra de su  música, el eje vanguardista ensamblado a una combinación de las raíces afro peruanas, poesía y contemporaneidad.

Durante la década de los noventa, la producción discográfica de Susana Baca forma parte también de varias compilaciones de sellos discográficos como Putumayo Records (EE.UU.), World Net (Alemania), Tonga Records (EE.UU.), Iris Musique (Francia) Yeiyeba, (España), La Fabrica de Ideas (España), Real World (Inglaterra), Manteca World Music y Sony Music (EE.UU.). No obstante, debo señalar con nombre propio dos discos importantes: «Gifted Woman fo the World», producido por Real World  y Virgin Records. Londres, 1999. Y otro disco de corte histórico: «Make me a channel of your peace. The Nobel peace Prize 100 years» producido por la Academia Sueca del Premio Nobel de la Paz en conmemoración a los 100 años de este premio. Oslo 2001, y donde Susana Baca se luce junto a una constelación de estrellas.

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Hacia 1998 y mientras el Perú ingresaba a una vorágine de corrupción y populismo que intentó destruir las formas más genuinas de nuestra identidad cultural, Susana Baca declaró en una revista local que la música afro peruana había ganado un sonido contemporáneo. Pero advertía que era penoso que los músicos no conocían cuál era la célula rítmica del landó, o la célula rítmica del festejo. Añadía luego, que las raíces de nuestro país, un país que tiene diversidades encontradas nos obligaba a querernos y reconocernos, a escucharnos y recordamos. «Cuando iba tocando puertas y siempre me respondían que la poesía no vendía, miren lo que pasó, que aquello que escuchó precisamente David Byrne fue «María Landó», el poema de César Calvo Y Chabuca Granda que yo cantaba en las universidades y sindicatos, que para el mercado no era un tema vendible y resulta que esa canción fue, al final de cuentas, la que me abrió las puertas de mi cielo».

A la sazón, un año después, la revista Rolling Stone de julio de 1999, explicaba este crecimiento espectacular de Susana Baca y su relación con Byrne: «Para perfeccionar su español, Byrne estudiaba los temas de  Susana, de pronto, el idioma pasó a un segundo plano. ‘Me sentí intrigado. Además de descubrir el sonido afro-peruano, me encontré con una artista increíblemente conmovedora y orgullosa de su cultura’. Era el encuentro entre África y Perú. Así que ubique a Susana y comenzaron a perfeccionar lo que después se llamaría el disco «Eco de sombras».

A lo largo de su trayectoria, las investigaciones de Susana que datan de 1984, están impresos en trabajos como: «El aporte del negro en la música popular peruana» en Universidad de Sao Paulo, Brasil. «La Música y la herencia negra», Casa de las Américas, La Habana, 1986, «La Diáspora Africana y el Mundo Moderno» Universidad de Austín, UNESCO. Texas, 1996, «La Música de raíces africanas en Brasil y América Latina». Sao Paulo, 1997.  «Arts a live » en Johanesburgo, Africa del Sur. 2000. Al mismo tiempo, posee innumerables premios y distinciones. En 1987 fue nombrada: Embajadora de Buena Voluntad del UNICEF; y posee el premio: «Sor Juana Inés de la Cruz» otorgado por  el Museo Mexicano de Arte Contemporáneo con sede en Chicago (USA), el mismo que se le ha conferido a las escritoras chilenas Isabel Allende y Marcela Serrano.

Esta es Susana Baca, esta su pasión y su estilo, como diría nuestro poeta Alejandro Romuldo: «La poesía tiene en la voz de Susana dulces modulaciones inconfundibles, acentos propios de una naturaleza cordial y solidaria. Quizás recogió todo esto de las orillas del mar, del vaivén de las barcas, de las mareas nocturnas…». Yo sólo repetiré lo que Máximo Bravo compuso en el tema que abre el primer volumen de esta colección, «Aparición»: «Yo quisiera escuchar hasta mi ancianidad la misma melodía / no debes olvidar esta ofrenda que viene dedicada a ti/ melodía sublime que alimentas el alma/ cuando voy a entonar me parece escuchar, tu voz».

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CODA

 

En noviembre de 2011, Susana Baca obtuvo el segundo Latin Grammy de su carrera por la colaboración que realizó con el grupo puertorriqueño Calle 13 en la canción “Latinoamérica”, junto también con la cantautora brasileña María Rita y la artista colombiana “Totó” La Momposina.

Ese mismo año, el 28 de julio, asumió su cargo como Ministra de Cultura en el gobierno de Ollanta Humala. De esta manera  se convirtió en la primera mujer afroperuana en asumir un Ministerio. Lo que sigue, es política pero ese es otro tema.

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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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