Caral / EL ORIGEN DE LOS TIEMPOS SAGRADOS

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

CARAL.

1.

Miro el origen de este mundo. Estoy en las entrañas de la Ciudad Sagrada de Caral. Toco el génesis de mi civilización. Este viento del tiempo telúrico está en sus piedras articuladas a los constructos piramidales. Aquí vivieron los primeros peruanos hace 2.627 años antes de Cristo. Mucho antes de nuestra era y su confín. Y en esta soledad intemporal que me conmueve, digo, la inmensidad espacial es un portento.

He partido de Lima hace 3 horas. El bus me trajo a Barranca, 197 Km. por la Panamericana norte. Hay todo tipo de hoteles. La ciudad es un emporio comercial de la región. Tiene agro y tiene océano. He bajado a la playa. Ahí está lo de “Tato”. El chef que le dio brillo al “Tacu tacu”. Cierto. Con alma marina. ¡Qué de mariscos y crustáceos! ¡Qué de aromas de nuestro mar! Uno prueba este potaje observando la inmensidad marina y se encuentra con la colosal sapidez de nuestra cocina regional.

Como afirma el maestro Lenin Gonzales, hasta antes de Caral se consideraba que en los inicios de la civilización andina los antiguos peruanos se organizaron en pequeñas aldeas dedicados a la recolección de tubérculos o mariscos y la caza en pequeña escala. Se consideraba, también, que en los momentos previos a la aparición de la cerámica (1800 a.C.) se construyeron las primeras pirámides y templos, como La Galgada o Kotosh y que los grandes conjuntos de monumentales pirámides corresponden al período siguiente: Inicial (1800 a.C. a 800 a.C.). Sin embargo todo esto cambió, pues las investigaciones realizadas desde 1994 por el Proyecto Especial Arqueológico Caral – Supe (PEACS) dirigidos por la Dr. Ruth Shady han demostrado, con fechados en base al método de datación del carbono 14, que en tiempos tan remotos como hace 5000 años (3000 a.C.) Caral era una vibrante ciudad de monumentales pirámides.

 

2.

Vuelvo a Barranca y en un taxi –por 5 Nuevos Soles—me llevan a Caral. A tiro de piedra está Supe. Su valle es prominente y ubérrimo. Su puerto un poema de Blanca Varela. Una carretera entre sembríos de una naturaleza vigorosa nos acerca al lugar. Desde el auto uno siente un ligero temblor personal. Estoy frente a la seguridad de lo imprevisible. El ascenso demora 40 minutos quebrada arriba. De pronto se cruza el río y sobre un promontorio macizo, aparece Caral. Aparece el infinito concreto.

Si Egipto es lo que es. Si las civilizaciones de la Mesopotamia tienen ausencia de memoria. Si la China suma el tiempo en otros dígitos. Caral es contemporánea a ese momento histórico. Como afirma la maestra Ruth Shady –dirigió las investigaciones hace 19 años– al principio que Caral es la organización urbanística más antigua de esta parte del mundo. Así se rompe la concepción que se tenía hasta hoy de los más antiguos centros urbanos en el mundo. Cierto que el sitio fue descubierto en 1905 pero la ausencia de cerámica, y otros datos que faltaban, no permitieron que los arqueólogos se dieran cuenta de su antigüedad.

Cierto, en 1949, los primeros que llamaron la atención sobre Caral fueron el viajero estadounidense Paul Kosok y el arqueólogo Richard Schaedel.  En su informe, publicado en el libro “Life, Land and Water in Ancient Peru” de 1965, mencionan a Chupacigarro (como se le conocía a Caral entonces) que debía ser un centro ceremonial muy antiguo pero no pudieron explicar su antiguedad.

Las pirámides y sus teatros confirman que Caral fue construida por una sociedad de organización sociopolítica  que ya conocía el concepto: Estado. Éste observaba los ejes productivos más allá del valle. Ya lo dije, Caral es más viejo que Chavín –en la entrañas de la cordilla de los Andes–. Y pensar que allá, en sus túneles, creí hallar el núcleo de lo nuestro, antiguo y descomunal. Al ingresar a Caral guiado por un experto, encuentro el anfiteatro perfecto y circular. Ahí se encontraron hasta 15 instrumentos musicales. Una orquesta. Pero hay más, las pirámides de más de 150 metros de planta y muros de hasta 20 metros de elevación confirman los 600 años de ocupación.

 

3.

Estoy mirando el mar aquí en Supe, y ese puerto existe, a la manera de Blanca Varela, maestra. “¡Oh, mar de todos los días,/ mar montaña,/ boca lluviosa de la costa fría!” Es que vine a Barranca porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal “Negro” Néstor. Mi madre me lo dijo. Y recuerdo que esa vez llegué invitado al I Festival Latinoamericano de poesía: “Cielo Abierto”.  Qué maravilla. Un centenar de poetas peruanos, la mayoría jóvenes, y un puñado de escritores latinoamericanos, de Chile,  de Uruguay, de Guatemala y de México. Qué asombro.

Los poetas somos de una rara consistencia. Todos somos hermanos porque somos cómplices de un pasmo de prodigios. Con aquello que el panadero, el escribano, el lenguaraz, articula su monserga, el poeta construye el reino de la libertad. Sí señor. Y goza de humor y padece de alegría. Y sufre de felicidad y detesta la tristeza. No frieguen con Vallejo, que era un cholo triste. ¡Fuera marrullero! César Miró me contaba que jamás escuchó a peruano tener la carcajada más grandiosa, más que a Vallejo de París.

Y fue el poeta John López el de la quimera de reunirnos. Vaya locura. Un poeta es un ser peligrosísimo. ¿Pero cien? Un maretazo de belleza más dinamita. Ellas bailaban reggeton y declamaban de su pasión por la vida. Ellos atacaban el recato a punta de venablos apropiados de los cielos. Y recitamos por las plazas, por los mercados, frente a la playa y de alaridos allá en la Ciudad Sagrada de Caral. Y reclamos por el sexo anoréxico y el medio ambiente y la nicotina.  Que cada uno de nosotros era un iluminado. Y desde ese tiempo, allá en el Norte Chico, que le dicen, otra vez fui feliz y gracias a la poesía.

El tiempo tiene sus enigmas. Caral es mucho más que ese engranaje espacial. Es una verdad irresuelta. He tocados sus piedras y su imaginario, lo digo. He temblado con su energía. He desmayado de asombros y herido de sombras he celebrado mi sorpresa. Y luego, Regresar  a Lima alucinado. No sé a qué tiempo pertenezco y eso me explota en el corazón.

 

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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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Una respuesta a Caral / EL ORIGEN DE LOS TIEMPOS SAGRADOS

  1. Juan Andrés Montalvo Becorena dijo:

    Conocí a unos Jauregui en Barranca, uno de ellos estudió conmigo en el “425”, allá por los años de 1957 al 1961. El artículo pinta como solo lo saben hacer los poetas, el aire y sus aromas, el tiempo y el viaje al origen, a la sensualidad de lo desconocido. Felicitaciones.

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