Tania Libertad / LAS CÁNTIGAS CELESTIALES DEL PECADO

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

Tania 3

1.

La foto que más me gusta de Tania es esa donde está, hace tres años, entre Gabriel García Márquez y Facundo Cabral. Es el cumpleaños de “Gabo” y ella que es tan amiga de Mercedes, la esposa, ha traído el vino y unos mariscos al ajillo que esa es su cuota digestiva para pasar la vida de esta tarde que además tiene de boleros y de trovas en la casa de El Pedregal de San Ángel en México DF. La canción que más me gusta de Tania, de las penúltimas, es esa “Papel mojado” del poema de Benedetti a dúo con Joan Manuel Serrat. La tempestad que más me gusta de Tania es aquella de ser una mujer rotunda, una artista de impetuosa provocación y de los boleros más sangrantes como las pérfidas cántigas celestiales del pecado.

Y la otra noche le contaste a Milagros Leiva que no habías leído a Marx pero que la ‘lucha de clases’ la viviste en tu casa de Chiclayo donde tus hermanos eran obreros de las haciendas azucareras y tu padre Guardia Civil y tu madre enfermera del Hospital del Ministerio de Salud y que tu voz era un regalo que te permitió salvarte de los dolores, de las separaciones, de los problemas. Esa vez habías dicho: “No me puedo quejar, sería ingrata si digo que la vida me ha negado algo. He cantado con gente admirable. Desde muy joven estuve en contacto con gente sensible y sabia que me enseñó muchas cosas”. Y atiborrada de flores habías regresado a Lima a celebrar tus 50 años de vida artística y a visitar a las amistades que ya estamos más viejos y tú más joven.

Y esa vez, en  “La Estación” de Barranco que yo te abordé, y ya se había ido Nicolás Yerovi y  Tania Libertad que cuenta cosas de su vida frente a una copa de ron. Bronceada por el cobre de Acapulco le pega «Las mañanitas», a la marcha de los zapatistas y al Subcomandante Marcos incluido. Que se fue a México hace una punta de años y cantaba, dizque valsesitos rojos. Hoy se moja los calzones cuando se le pregunta por su primer amor. Hoy que es «Artista de UNESCO por la paz» galardón que sólo otorgaron a Elton Jonh y George Harrison y ella igual. Que hace un año cantó en el nuevo Teatro Municipal de Lima y ante 1,200 personas que la estaban observando con ojos amante y ella igual.

Hace un tiempo decía escribiéndola que la jarana de la noche anterior no le había quitado ese rojor que tienen sus labios así jure que no ha besado a nadie desde hace 24 horas. Está mojadita de ducha y el pelo húmedo le mancha delicadamente el polo azul estampado con una sigla sudafricana y que ahora agarra forma con sus pechos hormados por la amanecida. En el bar del «María Angola», sobre los techos del barrio de Miraflores, esta vez, Tania acepta que los hombres, si no le agarran respeto y lo dejan todo por su ensangrentado amor, simplemente le llegan. Es que ella es así y desde hace buen tiempo: trabajosa, encantada de la vida y aromada en el imaginario de los pueblos justos y sus gentes y por qué no, sus pecadores todos.

Y el ángel que desnuda esa voz de mujer amada, toma el cuerpo del talle y la inflama. Uno oye un relámpago bellísimo anclado a sus alas. Es apenas un himno estruendoso aquel que desnuda el cuerpo. Y Tania lanza el venablo al vacío más sensual. Del silencio brota su espesura y su frase descorre el tul del mismo cielo. «Después de tanto, soportar la pena de sentir tu olvido…»

2.

«Me fui a la aventura, en 1980 me fui a la aventura –me dice–. Es que aquí la familia y los amigos me angustiaban. Y parece mentira que ellos decidan por ti y porque te quieren, y ni cuenta que se dan y terminan obligándote a hacer lo que ellos quieren que uno haga. Me comencé a angustiar te repito con esta situación. Y yo necesitaba hacer una carrera artística que principalmente me complaciera y con la que me sintiera conforme, a la que pudiera responder plenamente sin que mis equivocaciones, porque una se equivoca a cada rato, las asuman otros.

¿Y sabes? Así me fui, sin contratos, así me fui con apenas unos amigos que hice en un cortito viaje anterior. Y empecé cantando en un modesto programa de televisión y después tuve que buscar yo solita la forma de cantar en conciertos grandes, en el teatro Blanquita por ejemplo. Y era muy difícil, te digo porque la gente me preguntaba que de dónde era. Y una no puede negar su país y sus orígenes. Y tú sabes que yo nací en Saña, al norte y de eso jamás me olvido. Pero imagínate que hay un libro, Diccionario del bolero, que es toda una enciclopedia donde dice «Tania Libertad: cantante mexicana de raíces peruanas».

«Pero a mí me interesaba reafirmar mi trabajo cultural que había empezado en el Perú, y eso era lo que quería hacer. Y escogí México, precisamente porque había una alternativa diferente, muy distinta a lo que se llama hacer exclusivamente una carrera comercial. Y apenitas llegué, una de las pocas amigas que encontré así toda ella, que es la actriz Carmen Salinas, que me conectó con un circuito de cabarets y boite, digamos para ganarme la vida mientras tanto ¿Y hubiera sido bien lindo eso de ser cabaretera, no? Pero eso, ya te dije, no me interesaba. Entonces, sí, tuve las posibilidades grandes para dedicarme a ser cantante, digamos, comercialona. O en todo caso, formar parte de un proyecto mucho más interesante, aquel de ir a las casas de la cultura y cantar a las cárceles, a los hospitales, a las escuelas. Y eso hice y todo un año trabajé sólo en estos lugares y llegué a dar más de 500 conciertos en esa temporada». Y Tania, «Más allá de tus labios/ del sol y las estrellas/ contigo a la distancia/ amada mía estoy».

Y entonces yo le digo: ¿sabes de qué tengo ganas? Y ella, al otro lado del teléfono –y cierto, a todo esto ya había pasado un año–, que me responde, que sí no sabe se imagina, que quiere que yo me entere que este año ha grabado 4 discos. Y me cuenta que el 15 de julio de ese año apareció en la Ciudad de México el CD «Himno al amor» –qué, no lo conoces, me pregunta– y uno tiene que decirle que no, pero que es lo que más deseo. Y ella que me explica que el disco fue grabado nada menos que con el acompañamiento de la Orquesta Filarmónica de México y que incluye canciones de Edith Piaf, una aria de la ópera «La celestina» y también «Los pájaros perdidos» de Astor Piazzolla y una de las siete canciones de amor de Manuel de Falla, otro tema sinfónico del brasileño Heitor Villalobos y hasta un vals de Agustín Lara.

 

3.

Cuando se editó el CD «Mujeres apasionadas», tremendo discazo –en contra y a favor de la ninfomanía—casi muero. Y la cosa era con boleros y acompañada de un mariachi sinfónico y con temas de las compositoras más armadas del planeta, y que en la selección hay canciones de María Greever («Júrame»), Consuelo Velásquez («Bésame mucho») y Emma Elena Valdelamar («Mucho corazón»). Y cierto, uno que oyó llorar al mismo diablo con pechos, sabe que aquellos boleros en voz de Tania son la provocación y su perdón y su tentación incluida. Pero ahí no queda la cosa

Y tú no sabes –me dice Tania– que en estos días está apareciendo otro CD, «Concierto en vivo en el Blue Note» (aquel templo del jazz y el latin jazz de Nueva York) que grabé en dos sesiones con el grupo mío a principios de año, con música negra de toda América, más del Perú por cierto, trovas y otros temas bluseros, como para que no digan que una es apenas una artista del cuarto mundo. Y sí, Tania. «Si yo pudiera algún día/ remontarme a las estrellas/ conmigo te llevaría/ a donde nadie nos viera».

Y que no se arrepiente de haber terminado este año de grabar su cuarto CD, el II volumen de homenajes a don José Alfredo Jiménez, que incluye –en buena hora, maestra– los clásicos «La retirada», «Que te vaya bonito» y «Si nos dejan». Y cuando en París le entregaron la distinción «Artista de la Unesco por la paz», recuerda ese concierto para esa manga de intelectuales que lucha por los derechos humanos y está muy bien porque hasta cantó un yaraví y que a Lima le era difícil venir porque ya no tiene tiempo con eso de los conciertos y la gira europea de fin de año (donde ella es la estrella) «Iberoamérica pinta y canta», y que habría que esperarla para el próximo verano porque hasta el más infiel tiene su próximo verano.

Carlos Monsiváis, aquel notable estudioso y ensayista del México posapocalíptico, de la cultura popular latinoamericana y contemporáneo del dúo de Transilvania, el príncipe Vlad y el conde Drácula, escribió la presentación de un disco de Tania con boleros del maestro Álvaro Carrillo le había escrito antes de morirse que: «Tania Libertad, a lo largo de su experiencia por campos y vericuetos de la canción latinoamericana, nunca se ha propuesto recuperar sino desplegar sus predilecciones en forma de homenaje. El culto a la persistencia: el bolero sigue aquí, porque representa la sensibilidad hereditaria, ya no omnímoda pero (de algún modo) siempre reinante. Pongo un ejemplo. «Amor perdido», en la voz de María Luisa Landín, fue alguna vez el himno del arrabal latinoamericano”.

Que “Cuarenta años después, Tania Libertad la reinterpreta, ya no como la épica del desdén rencoroso, sino como un tributo a quienes, por haber creído con tal fe en ese mundo afectivo, lo volvieron tradición y creación popular. Tania Libertad canta a Carrillo, y con estilo diverso y único nos revela la profunda unidad de sus canciones. Ella, una vez más, llega al bolero para exhibir, entre sus hallazgos, el motivo de la lealtad de las generaciones: no la traicionaremos nunca por el temor a que nos abandone». «Y hoy resulta que no soy de la estatura de tu vida/ y al besar otros amores se te olvida/ que hay un pacto entre los dos”.

 

4.

Y cuando te fuiste, dejaste marido y hasta la vajilla –le dije con celo de jubilado–. Y cierto, cuando ya no te funciona el amor, el resto tampoco no funciona –me responde– y comienza el deterioro porque te conviertes en un ser frustrado y te aparecen destellos de ira y odios que no son tuyos. Entonces tienes que romper, cortar con todo y felizmente que no había niños. Y esta actitud tan radical, a la primera persona que sorprendió fue a mí porque jamás imaginé ser tan drástica con mis cosas, con mis dependencias. Y quién te ha dicho que en el Perú las mujeres somos débiles. No señor. Yo estaba matrimoniada, tenía un futuro como la perfecta casada, pero siempre dependía del marido, de mis padres, o de mis siete hermanos hombres, todos hombres. Porque tú sabes que además, mi papá, que era buena gente, trabajaba para la policía y como que me vigilaba siempre y, mi madre que era enfermera más parecía mi manager. Ella me escogía el repertorio y yo era una niña y cantaba unos temas, tan pero tan fuertes, de malas mujeres, de amores truculentos, de sacavuelteras y, así fue desde que debuté en la radio de Chiclayo a los cinco años. Había pues una tendencia a vivir en una situación sojuzgada. Y un día me tuve que ir ¿raro no?

Y le dije que es muy difícil que una mujer rompa con su pasado y se vaya sola a un país extraño, y sin amistades y sin plata y con el corazón hecho pedazos. Entonces Tania me cuenta que esos eran otros tiempos, que aunque fue criada en una madriguera del machismo tuvo valor para irse a triunfar a un país que adolece de lo mismo, del inveterado machismo, y a prueba de balas y hartos charros. Y en México, para todo le tomaron examen. Y no sirvió un pito ser «progre», que fuera amiga del poeta Juan Gonzalo Rose, de ser engreída de Chabuca Granda o Manuel Acosta Ojeda o de Nicomedes Santa Cruz y mucho menos del tal Escajadillo. Que una era izquierdosa y que tenía mis polos con el rostro del Che. Allá te dicen, sube al estrado y demuestra lo que vales. Y si les gustas, vas y si no, te devuelven para tu casa. «Como espuma/ que inerte lleva/ el caudaloso río/ flor de azalea/la vida en su avalancha/ te arrastró».

Hagamos memoria. Y empezó de cero con un espectáculo que se llamó «canto negro del Perú». Interpretaba landós, festejos, panalivios y por ahí, de contrabando, le metía una tonadita de Violeta Parra o aquel himno a Alfonsina Storni. Y mientras bebo de su sensualidad y su macerada experiencia, le pregunto si no le da vergüenza los valsecitos que cantaba cuando aún tenía ese lunar jugoso debajo de los labios y que me volvía loco. No, jamás –responde sacando pecho–, tengo la suerte de no avergonzarme de nada en mi vida. No conozco el arrepentimiento. Si me dieran cosas interpretar el valsecito como tú dices, no hubiera podido cantar las rancheras de José Alfredo Jiménez, no hubiera podido cantar como te estoy cantando «Estoy en el rincón de una cantina…» Y Tania apura otro sorbo de ron y se envalentona y de verdad que ahora se pone a ensoñar: «Ay cariño, ay cariño, si vieras como estoy desesperada por tu ausencia…».

5.

¿Y el amor Tania, el amor correspondido? Bueno –me dice– había que ponerse a imaginar que en algún momento de la vida se te presenta una nueva persona y de eso estaba segura, que un día iba a encontrar a ese hombre y que este nuevo compañero tenía que entender a esta nueva mujer que era yo y que me tenía que ver tal como era en la nueva situación y el nuevo trabajo que estaba realizando. Yo creo enormemente en el destino. Y de pronto apareció esa persona y vamos, sin que una lo esté buscando, digamos desesperadamente. Y está bien Tania, así es el amor, sirve para hacernos solamente felices y cómo podía carecer de amor y de pasión una hembra como tú, solamente tú, Tania.

Y ahora se acuerda que fue recién, luego de estar viviendo dos años en el DF, que conoció a Felipe, su pareja de esos tiempos, según dice, el hombre que le devolvió la calma, la libertad y la confianza. Es brasileño –me cuenta– y no tiene nada que ver con la música. Más bien es economista, construye carreteras y es un hombre a quien amo y respeto muchísimo y me ha dado aquello que necesitaba, el espacio y la capacidad de relacionarme como se me dé la gana con la gente, la seguridad maravillosa que me hace vivir tranquila y un hijo de once años, Diego Felipe, que es un ser adorable, una criatura que es toda mi vida. Y eso me ayuda a cantar, el tema, el bolero, el vals, la ranchera, el candombe, con toda el alma, con toda la vida.

Tanía está convencida que creció en su arte y en su temple por enfrentarse a dentelladas contra la mediocridad y sus esbirros. Yo agradezco –me cuenta arrobada– que mi vida de pronto se me haya puesto tan jodidamente difícil porque si no, sería una persona absolutamente engreída y no hubiera valorado lo que la misma vida me entregó para enfrentar. La soledad y el desarraigo, el saber que el Perú se desangraba en una guerra fratricida y sucia. Porque yo me fui justo en 1980, cuando apareció Sendero Luminoso. Y yo también me desangraba por dentro, una reacción desesperada por la abundancia de amor. Y entre las matanzas y afinar mi destino, pues a veces me deprimía y lloraba. Y pues, dónde quedaba mi socialismo criollo y rojimio por el llanto, aquel que mucha gente no me perdonaba en Lima. De pronto un día, me di cuenta que el sistema no era el que había fracasado sino, los hombres que lo desvirtuaron. Dime, cómo va a fracasar un sistema donde la libertad, la igualdad y la justicia son sus principales valores. Eso jamás puede fracasar –me vuelve a contar mucho más arrobada–.

6.

Y ahora se está confesando que por aquellos años cantaba en la canchita de San Fernando, que apoyaba la huelga de los maestros del Sutep, pero que se sentía extraña, como jodida. Que la miraban rara y que en esas miradas me estaban diciendo, no mereces estar al lado de nosotros, eres demasiado liviana, que dónde está tu militancia. Y fue recién en México donde entendió aquel sentimiento de frustración, esa exquisita amargura de los resentimientos sanguinolentos. Y cierto, que no se podía ser cerrada y sectaria y tan pegada a la doctrina. Y ojo, aunque nunca milité en algún partido –dice mirando el ardor en mis ojos y yo le susurro a los ojos también, que se encontraba entre la voz y el martillo–. Sí, las críticas me molían la vida porque casi todo lo que yo hacía era rotulado de reaccionario. Y hasta depilarme las piernas era también reaccionario, como afinar la guitarra y hacer prueba de micros. Y en México !ay! que llegué con mis piernas bien afeitaditas y mis uñas bien pintaditas y mi pelo bien pintadito de rubio. Y entonces que me tuve que enfrentar a circuitos más oscuros. No sé si fue muy difícil o no, pero al final gané yo, sí, al machismo y al rechazo de algunos señores y señoras también ¿por qué no?: «La puerta se cerró detrás de ti/ y nunca más volviste aparecer».

Y en la disquería de la avenida Larco, «La discoteca», pregunté por los discos de Tania. Y el gentilhombre me muestra dos selecciones de boleros grabados en 1994. No figuran sus discos de duetos que grabara con Serrat, con Manzanero, con Miguel Bosé o Azúcar Moreno y con el guitarrista anglo Phil Manzanera. Y mucho menos está su maravillosa producción «África en América». Y por cierto, tampoco existen los discos que aparecieron este año en el DF. Y pregunto por qué. Y el gentilhombre que me dice que es por culpa de los periodistas, que nosotros somos responsables por no promocionar sus triunfos, esa larga lista de estaciones del éxito en otras latitudes y jamás en su país. Y por qué diablos somos así los peruanos, me pregunta el disquista. Y en este país –le explico– resulta más fácil odiar con ganas que amar con locura, olvidar con pasión que querer con modesta ternura. Que de eso se trata, que de eso sufrimos, de no sentirnos los unos para los otros y vivir templadamente sin envidas y en tolerancia. Y Tania, más que nadie sabe de qué le estoy hablando al gentilhombre, porque mientras ella es una mujer con un espíritu indoblegable y una poesía a prueba de balas, aquí se la prefiere olvidar, y lo que es peor, ignorar sus hazañas y darle con el peruano puñal del desprecio. Y abro así la pagina web de mi corazón, sólo así: «De mi pasado/ preguntas todo/ que cómo fue/ si antes de amar debe tenerse fe. / Dar por un querer/ la vida misma sin morir/ eso es cariño/ no lo que hay en ti».

Y esa vez, anochecía en Miraflores y en su cielo Tania se pegaba temas como el de Chiapas y del problema de la libertad de prensa en América Latina y no mezcla planos, y yo quiero que mezcle nuestras vidas, pero respetos guardan respetos. Y no le hago caso a mis pasiones –las más altas, las más bajas–. Y hablando del tequila Cuervo, que afina la voz y erecta las carnes, y la función de los cantantes, y el amor y el desamor, de las maneras de enternecer a la pareja, de cómo se pasa la vida, de cómo perdura la pasión, y pedimos dos rones más por la vieja ternura y Tania que dice que cuando le da la bendita gana, se larga a la plaza Garibaldi y se pega más a la vida misma con una ranchera y hasta agarra pulque en botella. Y un arcángel de rojo, ahora sí, apaga la luz. ! Ah Tania! acaso nos falta corazón para querernos más: «Se te olvida/ que me quieres a pesar de lo que dices/ pues llevamos/ en el alma cicatrices/ imposibles de borrar».

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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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Una respuesta a Tania Libertad / LAS CÁNTIGAS CELESTIALES DEL PECADO

  1. Emma Alfaro dijo:

    LA VOZ DE TANIA LIBERTAD ES UNA DE LAS MEJORES QUE HAY, ADEMAS ELLA POSEE UN CARISMA YHUMILDAD QUE LA IDENTIFICA COMO UN GRAN SER HUMANO

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