Jorge Negrete / QUE FUE BORRACHO, PARRANDERO Y JUGADOR

 Una crónica de ELOY JÁUREGUI

Negrete

1.

Cuando nació Jorge Negrete –para el cine popular sin masas híbridas—era como en las fotos. Único, tenaz y venéreo. Siempre fue un hombre de bigotes con una misma edad, ni púber ni revejido,  y esa fue su virtud y su pecado. Nadie –lo juro– lo recuerda, ni más joven ni más viejo. Fue igual, sobrio o borracho, enamorado o sindicalista, Charro o cantor. Cuando nació Negrete, fue blanco de la apetencia y el malhablaje. Era alto, buenmozo y distinguido, aunque no faltaban sus detractores asexuados que le objetaban tanto o más por su virilidad liliputiense. Miembro sin membrecía. Macho o menos.

Jorge vino a este mundo hace más de cien años. Aquel que luego sería el ídolo indiscutible de la edad dorada y robada del cine mexicano por no decir latinoamericano, nació en Guanajuato –¡Ay Jalisco, no te rajes!–, en México un 30 de noviembre de 1911 y vivió apenas 42 años. Ya lo dijo Jung: «uno vive lo que merece». En ese entonces lo bautizaron como El Charro Cantor. Negrete, es cierto, inventó un estilo que fue usufructuado por otros, aquel de ser galán, amante, mecenas, justiciero, insobornable,  decimonónico y además cantante.

Su “Juan Charrasqueado”, corrido ranchero heavy metal o crónica dark al mejor estilo de un cuento de Carver, es apenas una hebra de su hipercharrería caballeresca. Charrería antípoda de la otra, la escatológica y machaza en los dudosos linderos de la hombría cripto-gay. También lo afirma Juan Gabriel: «Para ser marica hay que ser bien macho». Cierto, antes de Negrete, el charro era un jijuna, producto maleado de la Revolución Mexicana (sí, con mayúsculas), la única con pólvora de calzones, polvo enamorado y oligarquía en polvorosa. «Voy a contarles un corrido muy mentado/ Lo que ha pasado ayer en la Hacienda de la Flor/ La triste historia de un ranchero enamorado/ Que fue borracho, parrandero y jugador.

2.

Hijos deslustrados de Villa y Emiliano Zapata antes del Subcomandante Marcos, el charro fue el personaje latino casi ladino que como el gaucho, sufría de valor y padecía de la regla. Arreglados de pistolas y cananas y asistidos por el tufo montevenusiano de la melinche, un charro jamás cantaba como Caruso. Qué para eso portaba bigote y callos en los glúteos. Un charro no lloraba así le cortasen el testículo, o los dos. [Véase “Allá en el Rancho Grande”]. Si pues, hasta que apareció Negrete, de ojos glaucos, de olor a aguita de toilette y que tenía como pasión la opera y la prima. Que montaba todo lo que tenía buenas ancas y hasta era barítono y hablaba francés entre lecturas de Amado Nervo. Y en ayunas, Víctor Hugo.

No fue un pelado y sólo sabía de hambre por hombre. En todo caso, su familia lo apoyó para el arte lírico y Jorge se apareció una noche en la radio cantando: «Guadalajara es un llano, México es una laguna…» Entonces nadie le pudo hacer entender que el pueblo no se lo merecía. Negrete así se hizo actor. Según Edmundo Pérez Medina, en su “Charros del cine nacional”. México. Mina Editores, 1999: Negrete era un artista completo en el drama y la comedia ligera y señala a “Historia de un gran amor” (1942), “Una carta de amor” (1943), “Dos tipos de Cuidado” (1953) y “Gran Casino” (1946) que fuera dirigida por el maestro Luis Buñuel, como cuatro de sus películas mejor logradas en una época donde el cine –charros, tequila y mariachis– servía para ofertar carne y rancheras.

Ojo, hablo también de un Negrete en un México nacional-edipiano. Diego Rivera se emborracha con Trostky y hasta Lawrence y Lowry se sentía ciudadano del paraíso infernal. Pero ojo al piojo, es un país donde el cine y sus estrellas embarazan la identidad nacional. Fabrizio Mejía Madrid  decía que desde los charros-cantores, la preocupación por lo mexicano (de)informe va tomando espacios: en los cincuenta, Rulfo niega al Jalisco oficial y nos lo presenta como un pueblo fantasma arrasado por la Revolución.

Y se recuerde la primera frase de “Pedro Páramo”, aquella que repetirán los críticos de esa nacionalidad tequilera. Ahí donde Jorge Negrete se siente «un hombre de verdad», los psicoanalistas antes del Muro verán tentaciones homosexuales, ahí donde Jorge Negrete canta las glorias de la República, los críticos de la clonación verán la subordinación mental frente a lo estadounidense o europeo, y ahí donde Jorge Negrete abraza a su nana, los suspicaces postalianes verán exceso de madres, lactancia hasta los diecisiete años y revueltas contra el padre fantasmal. Es en su condena a la Conquista de México, origen de culpas y deseos, que los terapeutas sociales compartieron su mitología de una memoria insoportable con los funcionarios nacional-revolucionarios.

Negrete aún así, destaca en un México donde todo borracho valiente o toda fiesta de muertos es el retrato de odios paterno-coloniales. Y si Pedro Armendáriz o Emilio Fernández o Pedro Infante construyeron «lo mexicano» y ofrecieron el talón del bandolero Aquiles para vengarse del charro siempre inaccesible: valiente, apasionado y sincero, Negrete, es el otro disfrazado del mismo. Un artista típico –no lo puedo llamar de otra manera—como un símbolo de la identidad prevaleciente: la turba tatuando la existencia de apariciones milagrosas o el ser idealizado o mitológico, y la renovada creencia en la fuerza de las armas para reinstaurar el orden y las jerarquías perdidas. «Que digan que estoy dormido/ Y que me traigan aquí, / México, Lindo y querido/ Si muero lejos de ti…».

 

3.

Al Negrete, ídolo y cantor del sombrero grande lo abrazaron dos destinos igual de intensos. Su matrimonio con María Félix –un ser igual que él, sin edad ni sino, es decir, de carácter inmarcesible—y su connubio con el sindicato de artista de México [la ANDA] donde no fue el marido pero sí el Secretario General que es lo mismo pero al revés. Negrete era un dirigente nato en la nata de la corrupción , y son famosas sus broncas con Cantinflas, el bufo rey de las limosnas que cuando se llamaba Mario Moreno no era más que un miserable. Negrete, juran los actores del PRI, defendió a capa y espada la dignidad de los trabajadores y eso no figura en los tratados y es traza casi desconocida de su intensa vida.

En el asunto de la alcoba, me friega repetirlo por macho-feminista, María Félix era [es y seguirá siéndolo] todo menos una mujer. Como mujer entiende la prestigiosa “Guía Práctica Para Pluscapacitados Hormonales” del reputado Pancho Zelada. Félix fue siempre su propia ama, la doña y su sello, aquel que no le permitió jamás descender a la mera hembra sumisa. Advierte G. Caín que María  no sólo era una mujer liberada sino dueña de su destino –y, a veces del destino de los hombres ¡Pobre Jorge¡ [las negritas son mías] que se atrevían a cruzar su camino en el cine, en el Paseo de la Reforma o en el ring de las cuatro perillas.

Pero el amor es más cruel cuando uno ama. Jorge babeaba y ella lo compadecía. En la filmación de “El Peñón de las Ánimas” se conocieron más adentro de sus lenguas y, había química pero con una pestilencia a nitroglicerina. Aún así, él era un hombre y empezó a cortejarla, ella –mujer con huevos– no dejó de extrañarse pero él la persiguió como un poseso: serenatas, llamadas por teléfono, flores, regalos, rubíes, amarres. Finalmente le propuso matrimonio, María aceptó como quien se arregla los mostachos púbicos. El día de la boda se conviertió en un acontecimiento nacional, los mexicanos estaban contentos, la mujer más bella y el charro más guapo, se casaron el 18 de Octubre de 1952. Fin del show; Corín Tellado bien podía morirse.

CODA

Negrete era bueno también para el trago. Por quítame estas pajas ya estaba empinando el codo y arrugando la molleja. María Félix fue su antídoto y veneno. Ahora en Europa, La Doña se entera que el marido estaba más que enfermo de amores. Ella declara que lo ama y que tiene que estar junto al hombre que la hacía gemir ¡Falsaria, María! Entonces va a su encuentro en California donde el Charro Cantor, internado en el Hospital Cedros de Líbano, ha escupido parte de hígado putrefacto por el alcohol etiqueta negra. María lo besa para la foto pero Jorge la manda a rodar a pesar de encontrarse en estado de coma. El 6 de Diciembre de 1953 muere Negrete, María regresa a México con el cadáver. Y si la boda fue tumultuosa, el entierro fue apoteósico: el amor, la curiosidad y el morbo del pueblo son el consuelo del pobre, lo había dicho Onassis.

La Félix se había divorciado de aquel esqueleto amoroso, Agustín Lara, para casarse con el fino charro Negrete, alcohólico feroz  sin celuloide. La Doña fue así viuda por partida doble. Lara quien le había escrito su “María Bonita” no volvió a verse con las musas y echó su inspiración a la fosa poco común. Negrete,  anegado de whisky se ahogó en un delirio musical propio del Día de los Muertos. Sus películas y su música impusieron así su descarado punto terminal. Negrete, Félix y Lara fueron creados por la sonoridad del Cine. Sólo al cine le correspondía pegarles el juicio final.

Fragmento del libro USTED ES LA CULPABLE. Norma. Lima 2004.

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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
Esta entrada fue publicada en Cangrejo Negro / Eloy Jaúregui. Guarda el enlace permanente.

4 respuestas a Jorge Negrete / QUE FUE BORRACHO, PARRANDERO Y JUGADOR

  1. Cecilia dijo:

    Qué placer leerle, don Eloy. Sus crónicas son una delicia. Soy su fiel lectora

  2. Nelida dijo:

    La verdad, nunca hubiera creído que Jorge Negrete era alcoholico,hasta que vi un video con ese informe.Una lástima,gran cantor,actor y encima buen mozo¡¡
    Es por eso que tuve curiosidad en saber si eso era cierto.y……………parece que si.

    • Juan Manuel dijo:

      No es verdad que Jorge Negrete era alcoholico, jamas se tomo un trago, el nacio con la enfermedad Hepatitis B y por eso nunca pudo tomar.
      No conoce la historia de este el mejor cantante de todos los tiempos de habla hispana cuando afirma que Negrete tomaba alcohol.

  3. vincy dijo:

    ay cabron, creo que lo lei muy deprisa, va otra vez!

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