Periodistas 5 / PALMA, UN DESCOMUNAL AVENTAJADO

Una crónica de ELOY JÁUREGUI

 ricardopalma

1.

Parafraseando a Tito Hurtado –y devuelto vivo y sano–, yo también soy un vanguardista del pasado, un adelantado de lo inmemorial. En música también: En comidas y bebidas más. No soy un pasadista, soy un pesado sacando brillantez a lo vetusto. Así hubiese sido un gran gerente de una tienda de antigüedades o de un mall de la melancolía. Por ello reivindico a los maestro, esos que escribían de universos quiméricos, los de las canciones enternecedoras, los de los potajes inmarchitables. Me gustan las películas del cine noir y las estrellas de las películas arrechas. Por ello visito casi siempre al escritor peruano Manuel Ricardo Palma Soriano (Lima, 7 de febrero de 1833 – Miraflores, lima, 6 de octubre de 1919). Palma, para muchos, solo fue un tradicionista o fue apenas conocido como “El Bibliotecario Mendigo”. No, Palma fue un revolucionario del periodismo. Aquí algunas claves del arte de este peruano notable, en la reciente, tradición de la ruptura.

Ricardo Palma es al periodismo lo que Vallejo a la poesía: un descomunal aventajado. Aquel que revise su obra completa quedará más que patidifuso por la vastedad de sus textos que se originan por su ADN de escritor integral, infectado por el virus del periodismo. Debo citar al historiador Oswaldo Holguín Callo (1), uno de los más puntiagudos estudiosos de Palma quien escribe: “Durante medio siglo (…) ejerció diversas tareas vinculadas a las numerosas formas de participar en la edición de un periódico: corrector de pruebas, ayudante de cronista, redactor, crítico de teatro y taurino, editorialista, editor, corresponsal, responsable de la sección literaria, colaborador rentado, etc.”.

Pero Ricardo Palma es más que un brasero de la prensa. Es fundador de un género periodístico-literario íntegramente peruano: el ‘Tradicionismo’. Es decir, una forma de narrar de manera axial una noticia que trasciende el contexto y lo factual. Cierto la tradición fue su hallazgo y su cadalso. Una ‘tradición’ de Palma es un oxímoron. Una estrechura más que constructo narrativo y que tiene por fuente etimológica otro hipernexo, aquel que provine del griego oxímoron u oxímoron: “oxys”, que dícese de lo agudo, ácido o punzante. Mas no del anémico oxímoron alatinado y que es del uso de las figuras retóricas que resultan de la combinación, en una misma estructura sintáctica, de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido. Por  ejemplo: “un silencio atronador” (DRAE). O a la manera del “ciego maravilloso”: “Así los gnósticos hablaron de una luz oscura; los alquimistas, de un sol negro”. (“El Zahir”: Jorge Luis Borges).

Palma inventa el “Nuevo periodismo” aunque se ofenda Tom Wolfe. Si algunos arqueólogos de la textualización fijan a Babilonia como la cuna del manejo de la información masiva ya que algunos sujetos y/o objetos, desempeñaban la tarea de escribir a diario todos aquello de la ocurrencia pública, religiosa y económica, en tablas de arcilla y con signos cuneiformes y, luego en Roma, el oficio se hace del ejercicio de sonoros comentarios, anales históricos y actas, con edictos –de por medio–que ya manipulan las noticias sobre hechos relevantes, así el cimiento del periodismo rupestre va pasando por  el “Journal d’un burgeois” (¿El diario de los burgueses? ¡Qué horror!), en París o las gazzetas venecianas. Y hasta llegar al primer periódico en la historia, impreso y publicado en Alemania en 1457, el “Nurenberg Zeitung”, pues así me atrevo a decir que en América, es con Palma que el periodismo se hace artefacto implacable en la forja de la opinión pública, con el agregado que es obra de arte, texto de polifonías y registros de contentos.

2

Es don Ricardo Palma que advierte el advenimiento de la crónica. Género que elimina la llamada “pirámide invertida”. No la derroca. Le impregna luminosidad y brillo. Es periodismo, el de Palma, por tanto es noticia. Y por limeño es chismoso. Así cuenta lo que otros callan. Para muchos, y en especial para la recordada Susana Rotker (2), le hallo un olvido. Se sostiene que el primer equívoco es que el periodismo y la ficción son dos escrituras diversas. El segundo, que el primer puente entre ambos lo construyeron Tom Wolfe, Truman Capote y Norman Mailer con el nombre de Nuevo Periodismo. Hasta ahí reconozco su aserto. Pero luego dice que: “la crónica es la unión entre periodismo y ficción, y que nació mucho antes de latinoamericanos como José Martí, Rubén Darío o Manuel Gutiérrez Nájera, entre otros”. Es decir a caballo entre el siglo XIX y el siglo XX. Que el Nuevo Periodismo se escribe en principio en español de Latinoamérica y que se funda a partir de una retórica romántica, de la modernidad, de la industrialización y el cosmopolitismo que conmocionaba a los escritores. Y si con estos insumos se funda el modernismo, tan caro a la poesía, Susana Rotker incluye también a la crónica.

El yerro es que Rotker no conoce la obra de Palma. Según César Miró (3), Palma publica por primera vez en El Comercio 1848 cuando apenas tenía 15 años. Y desde ahí y hasta que estiró la pata no paró de escribir, amén de ser marino, senador por Loreto, defensor de Miraflores en la guerra con Chile y director de la Biblioteca Nacional. Es en aquella vida entintada de su embrujo emplumado, que Palma vive intensamente a partir de sus textos y contextos. Que así debe ser un periodista. Una esponja que observa el detalle de cada intersticio de su Lima, aquella ciudad que encanecía en el imago de Felipe Pardo y Aliaga y Manuel Ascencio Segura. Y Palma siente que a un texto periodístico había que inyectarle la secuencia del cuento, el hipo de la novela, el lampo de la poesía, el acto teatral. Por esto y aquello, es genial al galvanizar un trenzado con todas estas herramientas. Así, el texto deja de ser soso e insípido, un mero relato sin brillo de ocurrencias, que así se escribía en aquel entonces.

3.

Palma en la arquitectura de su textualización incorpora la “escena”, la “locación” y el “diálogo”. Adhiere básicamente las esquirlas de la cultura popular –el habla de los callejones y quinterones—y sobre todo, la temperatura de las palabras de esa Lima que se que autodemolía por el advenimiento de la turbulencia moderna y la melancolía del coloniaje como hubiese dicho Chocano.  Sus tradiciones no es una observación comentada, sino que pasa a ser un texto integral, coherente y compacto. Es Palma quien aprehende de otros ensamblajes narrativos e emulsiona su “Yo”, esa visión de su imaginario  con el sentimiento colectiva. La historia personal con la histórica.

Su habilidad retórica tiene de las travesuras de Manuel Atanasio Fuentes o de Abelardo Gamarra –dos de sus inspiradores—e incorpora el humor, la ironía y la sátira. Precisamente, Roy L. Tanner, (4) sostiene: “Palma ubicado en una corriente de escritores costeños, limeños, todos los cuales recurrieron profusamente a la sátira/ o la ironía. Comenzando con la poesía de Mateo Rosas de Oquendo, percibimos un tono satírico constante también de Juan del Valle y Caviedes, la poética de Esteban  de Tarralla y Landa y “El lazarillo de ciegos caminantes” de Alonso Carrió de la Vandera”. Además que Palma toma del romanticismo, el entusiasmo por el pasado nacional, una actitud de independencia, defensa de la libertad individual y la justicia, y un deseo de progreso político y social.

Diré finalmente que Palma revoluciona la escritura de su época. Acaso ese barroco que incorpora lo jocoso, lo poético y lo macabro. Aquella figura de la muerte que se mezcla en el regocijo del baile de los vivos, en carnavales negros e indios. Fue pues su obra, también,  una respuesta al malestar de una época, y que aparece [o reaparece] en épocas conflictivas como la nuestra. Palma, arrejuntando situaciones y personajes, nos enseña una capacidad de autoconservación que debemos tener los periodistas. El texto como tren eléctrico de las mudanzas, teatro de sombras de vida y desgracias, apetencia de dicha entre la miseria y a veces desde la miseria misma, iluminada por la gracia. Así, Palma es masivo por popular desde la cátedra política pasando por la cultura del callejón que es la redención de la familia, el sótano de la solidaridad con los iguales, con todos los ángeles al borde de sus infiernos, vagón de vidas en el arraigo, las inocencias en el filo del crematorio y el paraíso. Que así debe ser la vida, digo, la vida de un periodista.

 

4.

Y Ricardo Palma nos sigue sorprendiendo. La investigadora Luz Samanez Paz, Fundadora del Movimiento Cultural “Ricardo Palma”, sostiene que el tal Palma no nació en Lima sino en Talavera de la Reina (Andahuaylas – Apurímac), e indica categóricamente que Ricardo Palma no se llama ni Ricardo, ni Palma, sino que respondía al nombre de Felipe Cusi Mena, hijo de Don Manuel Cusi (descendiente de la nobleza Inca por parte de madre, e hijo ilegítimo de padre español), y doña Francisca Mena, que cambiaría su nombre cuando decidió llevar el apellido de su padrastro Don Gregorio Palma.

Al igual que otro apurimeño célebre, José María Arguedas, el futuro tradicionista sufrió mucho en el seno de su familia y, para librarse de los vejámenes, su madre tuvo que entregarlo a unos religiosos que lo habrían llevado a Lima, antes de que Felipe cumpliera los 5 años, por lo que decidió cambiarse el nombre y ocultar su origen e inclusive la verdadera fecha de su nacimiento. Otra: un solemne metiche como es el inefable Marco Aurelio Denegri, a propósito, aseguró en su programa “La función de la palabra” que Palma habría sido más viejo, que había nacido ocho años antes y tampoco en Lima sino en Apurímac. La dejo ahí.

(1)  Holguín Callo, Oswaldo. Algo de periodismo. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. 2007. http://www.cervantesvirtual.com/FichaObra.html?Ref=26506&portal=232

(2) Rotker, Susana. La invención de la crónica. Fundación del Nuevo Periodismo Iberoamericano. 2004.

(3) Miró, César Los oficios de Don Ricardo. Ediciones Cuper Perú. Lima, 1994.

(4)Tanner L. Roy El Humor de la Ironía y la Sátira en las Tradiciones Peruanas. Editorial Universitaria Ricardo Palma. Lima, 2005.

 

TEXTO publicado en la revista “Díatreinta” Nro. 78, publicación de la Facultad de Comunicaciones  de la Universidad Privada de Trujillo. Director Luis Eduardo García. Editor Aquiles Cabrera.

(Fragmento original de un texto que pertenece al libro EL MÁS VIL DE LOS OFIDIOS a publicarse en julio 2013.)

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Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
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