Josefina / YO SOY AQUEL, QUE LA LEE

Un texto de ELOY JÁUREGUI

Josefina

 1.

No diré de qué trata el libro. Apenas es mi provocación. No obstante, con este texto se cumple mi sueño mayor. Estar unido hasta la eternidad con Josefina Barrón. Unidos siempre y hasta que la muerte literaria –la única que existe, felizmente– nos separe. Me une a Josefina mi admiración napoleónica: Yo el corso pequeño, ella la alta pluma vigorosa y desembuchada. Lo que dicen en las islas de Pascua, “pontenut da camiseluma“, mujer con bragueta y que inspira.

Josefina Barrón nos demuestra en este texto su seso. Escritora integral, agarra blog como chapa crónicas. Textualiza en columnas y es mujer comprobada en reflexiones. Tiene una constante. Es sorpresiva, se erecta en segundos. Yo he leído a mujeres embarazosas por su prosa diarreica. [Ojo no las mencionaré. A una dama ni con el pétalo de mi rosa]. Otras, pecan por el versos en reverso. Algunas, han sido víctimas de mi bisturí analítico, solo para mandarles flores virtuales en el Chat. Y otras, han pasado por mis ojos –Alessandra Rampolla, la chanchis del orgasmo mediático como diría el Dr. Nakasaki—como este servidor por las hojas de sus sábanas negras. Ya parece bolero. Con Josefina Barrón no. Su escritura es mi envergadura. Mujer dura, escritora de carácter, ha parido este libro: Y ya no es ella. En el género degenerado, su texto para el asunto del sexo escrito. Ustedes sabes que hay sexo escrito como el otro, el sexo oral.

Barrón observa al peludo y le infringe el rigor de su lanceta. La fauna es mucha y macha. El desfile es variopinto. Barrón le pone el ojo con su “poderosa fragilidad” a David Beckham, Luis XIV, El Grande o el glande, Nicomedes Santa Cruz, Dennis Rodman, Woody Allen, Justin Bieber. ¿Tantos? Hay más. Barrón es inclemente. Me duele pero me produce gozo. Feliz de nosotros, vistos por la revista de su entrevista. Mejor aún, cuando confiesa: “Tengo cuarenta y dos. A veces se sienten como ochenta y cuatro. Nunca más parecen veintiuno”. Linda, poderosa, proactiva, latina, macha.

2.

Josefina tiene definiciones como esta. Atentos: “Pobres los hombres. Los hemos convertido en víctimas de nuestras propias contradicciones. Si se portan como unas bestias hambrientas de sexo con nosotras, nos resentimos, pues estamos siendo tratadas como objetos. Si, en cambio, deciden ser respetuosos e idealistas, es decir, si anteponen la conversa a la cama, reclamamos de ellos más acción y menos palabreo. Si nos mantienen, nos sentimos incómodas con nuestra dependencia. Si nos dejan volar, nos sentimos incómodas con nuestra libertad. Pobres de ellos si hacen notar que desean a una mujer, menos incluso físicamente”. Más claro, ni el pisco acholado.

Digo como otros que me envidian, que Josefina está para ser nuestra mamá, nuestra amante, nuestra escritora de cama más que de cabecera.  Bravo, lo dije, nuestra mujer a secas. Josefina Barrón es algo parecido a un ser divino adivinado en un diván, es escritora. De esas escribientes que se pone regias por la noche –en el día van a Wong–, perfumes detrás de la oreja de Van Gohg o de Van Wong, y agarran lap top, apagan su black berry, abren su vino, miran la pantalla, apuntan a nuestras corazones con sus dedos  erectos y nos sacan la quinta maña, cierto, escribiendo.

3.

Josefina Barrón, tengo que expresarlo ya y por última vez, y repetirlo rotundamente, no es Simone de Beauvoir, tampoco es Flora Tristán, y mucho, Chabuca Granda. Por su género, advierto, ¡Vaya que, no es mujer sino es un mujerón! No es una dama más bien, una lady, pero una lady de letras, de intelectos, ¡ah! y sin la teta asustada. Que la leo hace tiempo, no duden por favor, la leo. Y  que la conozco mucho más, también. Porque su aroma a femme lúcida ¿Existen? Quién lo duda. “Vámonos, cuervo, a fecundar tu cuerva”.

Damas y caballeros, Yo no soy tú, es un libro para leerlo de verdad con una sola mano y el ojo parado. Me felicito más que me excito por esta penetración ante ustedes. Libro para tenerlo en la cama y luego portarlo como un cómodo consolador, entre las sienes o las piernas. Y aparece cuando Dios estuvo lujurioso, que la libido y que todo lo vivido nos convierta al josefinismo-barronismo, como yo fui iniciado en el barroquismo. Eso se lo debemos a esta mujer, que por todo ello y gracias al Divino, no es hombre.

(Prólogo escrito para el libro “Yo no soy tú” Editorial Planeta. Lima 2012.)

 

 

Anuncios

Acerca de cangrejo negro

Cronista, poeta y profesor universitario
Esta entrada fue publicada en Cangrejo Negro / Eloy Jaúregui. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s